Con España
Lo primero es el respeto a la condición humana, por lo que nada ni nadie, sea idea, causa o lucha alguna, puede justificar la existencia del terrorismo. Los atentados contra la población en Madrid son actos execrables e inhumanos, delitos de lesa humanidad que no deben repetirse jamás y que han recogido en un haz la voz solidaria y fraterna del mundo con España, sus víctimas y lesionados, al igual de las otras nacionalidades que fueron victimizadas en ese día de horror.
Para el científico social norteamericano Noam Chomsky, el terrorismo puede ser definido como la amenaza o al uso de la violencia, por lo general, con fines políticos, en contra de civiles no combatientes. Para el autor, una definición más precisa se encuentra en el Código Penal de Estados Unidos que cataloga el "acto de terrorismo" como una actividad que abarca un acto violento o un acto peligroso para la vida humana, cuyo propósito es:
Intimidar o ejercer coerción sobre la población civil. Influir la política de un gobierno por medio de la intimidación o la coerción.
Afectar la conducta de un gobierno por medio del asesinato o el secuestro. Existen diferentes variedades de terrorismo: El terrorismo internacional, cuando el acto o las actividades de apoyo implican cruzar fronteras nacionales. El terrorismo a gran escala (wholesale terrorism), dirigido contra grupos grandes. El terrorismo a pequeña escala (retail terrorism), enfocado hacia los individuos. También, el terrorismo de Estado y el terrorismo individual.
No debe soslayarse que diversos gobiernos han aplicado en muchas ocasiones intervenciones, invasiones, amenazas e incluso eliminación de líderes políticos, temas que pueden ser definidos como terrorismo de Estado. Pero, ojo, los excesos del contraterrorismo son también un peligro. Ejemplo los sucesos del 11 de septiembre de 2001, que conduce a que el poderío de Estados Unidos se siente desafiado por esta tragedia y declare una guerra mundial indefinida que busca efectuar el exterminio no sólo de los atacantes y responsables directos, sino contra todo terrorismo o -cuidado con esto- contra todo lo que el gobierno estadounidense etiquete o encasille como tal. La invasión a Irak, ampliamente rechazada a nivel mundial y realizada sobre la base de argumentos no comprobados y saltando sobre el derecho internacional, es una muestra de ello. Como afirmó H.Vedrine, Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, es "un planteamiento simplista que reduce todos los problemas del mundo a la lucha contra el terrorismo".
Una torcida apreciación del contraterrorismo puede generar una colosal cacería de brujas global, expresiones de fanatismo e intolerancia hacia etnias o nacionalidades determinadas, afectación de poblaciones y territorios ajenos a los hechos, o una conflagración mundial donde todos perderíamos. Hay que castigar a los culpables de los cruentos hechos terroristas, pero sin errores y desaciertos belicistas, pues guerras así concebidas sólo conducen a una tragedia mayor de imprevisibles consecuencias.
El pueblo español supo administrar con madurez su voto y pocos días después de la tragedia castigó la política guerrerista vigente, con un cambio político no avizorado en las encuestas. Esto, como afirma Guillermo Castro H.,"interrumpe la tendencia a la hegemonía de los sectores más conservadores en Europa y Norteamérica, dominante a lo largo de la última década y lo hace, además, en directa relación con la bancarrota de la fase más reciente de esa hegemonía, expresada en la política de la guerra sin fin, contra el terrorismo en el exterior, y contra los sectores disidentes de su propia sociedad, en el interior".
España demuestra con esto la reafirmación por la democracia, pero también por la solidaridad y la paz, pues tal como lo afirma el Papa, es necesario "trabajar para la edificación de un mundo más fraterno y solidario, a pesar de las dificultades y los obstáculos que puedan hallar en este camino debido e impostergable".
Para el científico social norteamericano Noam Chomsky, el terrorismo puede ser definido como la amenaza o al uso de la violencia, por lo general, con fines políticos, en contra de civiles no combatientes. Para el autor, una definición más precisa se encuentra en el Código Penal de Estados Unidos que cataloga el "acto de terrorismo" como una actividad que abarca un acto violento o un acto peligroso para la vida humana, cuyo propósito es:
Intimidar o ejercer coerción sobre la población civil. Influir la política de un gobierno por medio de la intimidación o la coerción.
Afectar la conducta de un gobierno por medio del asesinato o el secuestro. Existen diferentes variedades de terrorismo: El terrorismo internacional, cuando el acto o las actividades de apoyo implican cruzar fronteras nacionales. El terrorismo a gran escala (wholesale terrorism), dirigido contra grupos grandes. El terrorismo a pequeña escala (retail terrorism), enfocado hacia los individuos. También, el terrorismo de Estado y el terrorismo individual.
No debe soslayarse que diversos gobiernos han aplicado en muchas ocasiones intervenciones, invasiones, amenazas e incluso eliminación de líderes políticos, temas que pueden ser definidos como terrorismo de Estado. Pero, ojo, los excesos del contraterrorismo son también un peligro. Ejemplo los sucesos del 11 de septiembre de 2001, que conduce a que el poderío de Estados Unidos se siente desafiado por esta tragedia y declare una guerra mundial indefinida que busca efectuar el exterminio no sólo de los atacantes y responsables directos, sino contra todo terrorismo o -cuidado con esto- contra todo lo que el gobierno estadounidense etiquete o encasille como tal. La invasión a Irak, ampliamente rechazada a nivel mundial y realizada sobre la base de argumentos no comprobados y saltando sobre el derecho internacional, es una muestra de ello. Como afirmó H.Vedrine, Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, es "un planteamiento simplista que reduce todos los problemas del mundo a la lucha contra el terrorismo".
Una torcida apreciación del contraterrorismo puede generar una colosal cacería de brujas global, expresiones de fanatismo e intolerancia hacia etnias o nacionalidades determinadas, afectación de poblaciones y territorios ajenos a los hechos, o una conflagración mundial donde todos perderíamos. Hay que castigar a los culpables de los cruentos hechos terroristas, pero sin errores y desaciertos belicistas, pues guerras así concebidas sólo conducen a una tragedia mayor de imprevisibles consecuencias.
El pueblo español supo administrar con madurez su voto y pocos días después de la tragedia castigó la política guerrerista vigente, con un cambio político no avizorado en las encuestas. Esto, como afirma Guillermo Castro H.,"interrumpe la tendencia a la hegemonía de los sectores más conservadores en Europa y Norteamérica, dominante a lo largo de la última década y lo hace, además, en directa relación con la bancarrota de la fase más reciente de esa hegemonía, expresada en la política de la guerra sin fin, contra el terrorismo en el exterior, y contra los sectores disidentes de su propia sociedad, en el interior".
España demuestra con esto la reafirmación por la democracia, pero también por la solidaridad y la paz, pues tal como lo afirma el Papa, es necesario "trabajar para la edificación de un mundo más fraterno y solidario, a pesar de las dificultades y los obstáculos que puedan hallar en este camino debido e impostergable".