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Con la misma sangre


Varios son los principios que dan sustento a las relaciones internacionales, que nos invitan a recordarlos y aplicarlos en su más claro alcance, uno de ellos es el relacionado con la "autodeterminación de los pueblos", utilizado en su momento por el General Omar Torrijos, en su lucha incansable por hacer de Panamá un territorio soberano, libre e independiente.
La interpretación más común de este concepto, se refiere al derecho que tiene la población de un país de darse la forma del gobierno que desee, dentro de un Estado ya constituido. Si bien es cierto que Panamá ha podido definir su sistema de gobierno, también lo es que desde los inicios de la construcción del Canal, ese gobierno no ha podido extender su dominio a todo el territorio nacional.
Otro de los principios rectores de la lucha del General fue el de "independencia", entendiéndola como la inexistencia de relaciones de subordinación con respecto a otros Estados de la comunidad internacional. Torrijos Herrera entendió con mucha claridad que la dependencia conlleva sometimiento hacia otro poder y que, por lo general, esa dependencia casi siempre es en forma involuntaria. El soñó y luchó con un país lo suficientemente autónomo y favorecedor de las relaciones de interdependecia entre Estados soberanos.
Sobre esos principios, Omar Torrijos inició la gran tarea de cumplir su sueño, haciendo uso de otro de esos principios que tienen el reconocimiento de la comunidad internacional, la diplomacia, que en ese contexto, debemos entenderla como la conducción de la política exterior de un país, por medios pacíficos, entre los que destaca la negociación.
Es a partir de aquí que la lucha por la recuperación del Canal, y con él de la soberania panameña, trasciende las fronteras patrias y se enfoca como una de las grandes batallas de América Latina que, en bloque, respaldó las justas aspiraciones de nuestro pueblo.
La negociación no fue fácil ni rápida. Desde entonces se comprendió que en el mundo contemporáneo, es casi imposible vivir aislados. Cada día somos más interdependientes y eso se puso a prueba en la titánica y, para muchos, imposible tarea de recuperar la soberanía plena de nuestro territorio.
Veinticinco años después, y estando muy próximos a la fecha oficial de recuperación del Canal, es conveniente recordar el origen de esa gesta histórica, para decirle a América Latina que de nuevo seremos una sola, unida por los mismos ideales, compartiendo los anhelos de dar un mejor nivel de vida a nuestros pueblos, soñando con un futuro compartido que haga posible lo que un día soñó Bolívar y por lo que han luchado tantos próceres latinoamericanos, entre cuyos nombres figurará por siempre el de Omar Torrijos Herrera.
El próximo 31 de diciembre es la mejor ocasión para que América Latina le diga al mundo, desde Panamá, que somos capaces de aunar esfuerzos en favor de causas comunes. El primer amanecer del año dos mil nos verá más unidos y más fortalecidos, seremos más dueños de nuestro destino y ese futuro deberá tener como norte el bienestar de las mayorías.
Al decir esto, pienso en la posibilidad cierta de la feliz circunstancia histórica de ver la culminación de ese gigantesco acontecimiento, teniendo como Presidente de la República a un joven líder político, con el apellido y la sangre de quien inició esa lucha.
Martín tiene el mismo vigor y energía. La misma determinación y compromiso de luchar por construir una sociedad panameña menos desigual, con mayores oportunidades de crecimiento y con un mejor reparto de la riqueza nacional.
El candidato del P.R.D. ofrece idénticas cualidades a las de su progenitor, con una visión más renovada para enfrentar los desafíos que nos impone el nuevo milenio. Su vitalidad, experiencia, capacidad, formación académica y reconocido liderazgo, son lo que requiere Panamá para conducir un proceso de desarrollo que tendrá su particular estilo de transparencia, de una actitud más receptiva y con mayor optimismo para enfrentar las adversidades.
Duarante los actos oficiales de la entrega del Canal, será inevitable recordar la memoria del General Torrijos Herrera y su innegable aporte al Panamá de esta segunda mitad de siglo, así como un gran orgullo para su hijo Martín, desde la Presidencia de la República, ver culminar una de las luchas más importantes de la obra de su padre.
En la mente de los panameños y en la de los latinoamericanos, estará presente que un Torrijos inició la lucha y otro continuará la senda en pos de ese impostergable anhelo de una República soberana, libre e independiente, comprometida con la interdependencia y la integración de la Gran Patria Latinoamericana.

101 años de Panamá América

 
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