Con los trinquetes no había vuelta atrás
En Occidente, el estado como planificador central de la economía había cobrado un prestigio al ganar la Segunda Guerra Mundial. Poco importaba el hecho de que las potencias derrotadas hubiesen usado ese mismo método de socialismo de guerra con resultados nefastos. Sir Keith Joseph lo llamó "el efecto trinquete", en referencia a la máquina que sólo permite el movimiento en un sentido.
Y mientras los británicos sufrían las consecuencias de una economía cada vez más próxima al marxismo, los alemanes occidentales vivían lo opuesto. Alemania disfrutaba un "milagro económico". Pero al otro lado del Muro, los alemanes orientales vivían en un estancamiento económico.
Había una explicación. Ludwig Erhard, director de Asuntos Económicos por los Aliados, eliminó los controles de precios. Desregulando la economía, Erhard permitió que el libre mercado reconstruyera Alemania.
En el Reino Unido, en cambio, el abandono de la sensatez económica fue tal que, en 1967, Herman Kahn predijo que para el año 2000 ese país compartiría con Albania el puesto de cola europeo en calidad de vida.
Once años más tarde, las Islas se vieron sumidas en el llamado "Invierno del Descontento". Las ambulancias estaban en huelga. Los servicios de limpieza también. Y hasta los enterradores. Y, entretanto, la economía se hundía en la miseria.
Entonces los británicos eligieron para el cargo de Primer Ministro a Thatcher, quien no se limitó a detener el avance socialista sino que diseñó trinquetes que operaran en el sentido opuesto al hasta entonces habitual. Privatizó las industrias del gas, carbón, petróleo y telefonía. Privatizó más de un cuarto de millón de viviendas de protección oficial. Así, si algún día los socialistas quisieran renacionalizarlas tendrían que ir casa por casa, quitando los ahorros mobiliarios e inmobiliarios a millones de pequeños propietarios.
Por eso es lamentable que hoy volvamos a estar en las mismas, cediendo ante una gente cuyas ideas estaban ya refutadas hace un siglo. Y vencerles, como demostraron, entre otros, Thatcher y Erhard es más fácil de lo que parece. (*) Miembro del Instituto Juan de Mariana.
(c) www.aipenet.com
Y mientras los británicos sufrían las consecuencias de una economía cada vez más próxima al marxismo, los alemanes occidentales vivían lo opuesto. Alemania disfrutaba un "milagro económico". Pero al otro lado del Muro, los alemanes orientales vivían en un estancamiento económico.
Había una explicación. Ludwig Erhard, director de Asuntos Económicos por los Aliados, eliminó los controles de precios. Desregulando la economía, Erhard permitió que el libre mercado reconstruyera Alemania.
En el Reino Unido, en cambio, el abandono de la sensatez económica fue tal que, en 1967, Herman Kahn predijo que para el año 2000 ese país compartiría con Albania el puesto de cola europeo en calidad de vida.
Once años más tarde, las Islas se vieron sumidas en el llamado "Invierno del Descontento". Las ambulancias estaban en huelga. Los servicios de limpieza también. Y hasta los enterradores. Y, entretanto, la economía se hundía en la miseria.
Entonces los británicos eligieron para el cargo de Primer Ministro a Thatcher, quien no se limitó a detener el avance socialista sino que diseñó trinquetes que operaran en el sentido opuesto al hasta entonces habitual. Privatizó las industrias del gas, carbón, petróleo y telefonía. Privatizó más de un cuarto de millón de viviendas de protección oficial. Así, si algún día los socialistas quisieran renacionalizarlas tendrían que ir casa por casa, quitando los ahorros mobiliarios e inmobiliarios a millones de pequeños propietarios.
Por eso es lamentable que hoy volvamos a estar en las mismas, cediendo ante una gente cuyas ideas estaban ya refutadas hace un siglo. Y vencerles, como demostraron, entre otros, Thatcher y Erhard es más fácil de lo que parece. (*) Miembro del Instituto Juan de Mariana.
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