Con su sangre plantaron la Iglesia
Y bebieron el cáliz del Señor y lograron ser amigos de Dios (Antífona de entrada) de la Misa del día 29 de junio en que celebramos la solemnidad litúrgica de San Pedro y San Pablo. En las peregrinaciones jubilares a la capital romana y al Vaticano, las imágenes imponentes de Pedro y Pablo eran forzoso sitios de reunión y aglomeración de los creyentes miembros de la Iglesia que en silencio admiraban las realizaciones esforzadas de los artistas que, a través de esas colosales estatuas, nos presentaban a los dos grandes pilares de nuestra comunidad creyente o asamblea de fieles unidos en fe en un mismo Dios, una misma fe, un mismo bautismo, un solo Señor y gloria, la Iglesia.
San Pedro y San Pablo sufrieron el martirio en Roma, sin duda el año 64 Pedro y el 67 Pablo. La Iglesia romana, que venera sus sepulcros en el Vaticano y en la vía Ostiense, nunca los separa en su culto. Por eso, les ha consagrado una solemnidad común el 29 de junio. Pero en este día no sólo es fiesta para la Roma cristiana, sino para toda la Iglesia, que fue plantada con su sangre, es "una celebración de sana alegría" "Por caminos diversos, ambos congregaron la única iglesia de Cristo, y a ambos, coronados por el martirio, celebra el pueblo con una misma veneración".
En otras palabras, tratamos de honrar las dos figuras cumbres de la Iglesia naciente, distintas una y otra, pero admirablemente complementarias, como lo atestigua el prefacio, Pedro y Pablo "nos han enseñado la ley del Señor" De ellos hemos recibido el fundamento de nuestra fe. Por esto, celebramos en sus personas el misterio de la Iglesia, en cuanto ésta fue fundada sobre los apóstoles.
Así mismo pedimos, por su intercesión, "que la Iglesia se mantenga siempre fiel a sus enseñanzas" junto con la gracia de vivir como hermanos, al igual que los primeros cristianos arraigados firmemente en su amor.
Pedro fue el primero en confesar la fe, Pablo el maestro insigne que la interpretó. Aquél fundó la primitiva iglesia con el resto de Israel, éste la extendió a todas la gente. Ambos congregaron la única Iglesia de Cristo y a ambos, coronados por el martirio, los celebramos hoy con una misma veneración.
En los tiempos actuales que vive la Iglesia en medio de una despampanante descristianización, en medio de tantas fallas inconfesables de miembros connotados de nuestra iglesia, ante el hecho de la enfermedad que agobia al Pontífice, en medio de toda una investigación de rigor por la justicia en Panamá con motivo de un horrendo asesinato de un prestigioso sacerdote panameño, en medio de tantas amenazas y caricaturización de aspectos serios de la iglesia, y de escritos blasfemos y saturados de mentira dizque en un afán detectivesco de los hechos recientes, recordar a estos pilares de la Iglesia es fuente de confortación y de invitación a un examen profundo de nuestra fe, a ver si llega a los niveles en que la vivieron estos apóstoles que rubricaron con su vida sus creencias y discipulado de Cristo.
Ninguno de los dos lo tuvieron suave. Pedro, quien estuvo tan cerca del Señor, que en más de una ocasión se presentó como vocero del grupo de los Apóstoles, que en un momento tan crítico como fue el de la crisis galileas, humildemente sacó la cara por todos cuando, como dice el capítulo sexto de San Juan, en el verso 60: "Muchos discípulos dijeron al oírlo: Este modo de hablar es intolerable, quien puede admitir eso y Jesús, sabiendo que sus discípulos protestaban de aquéllo, les pregunto: ¿Esto les escandaliza?: Pues si presenciaran que ese Hombre sube a donde estaba antes: El Espíritu es quien da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que yo les he dicho son espíritu y vida y con todo hay entre Us. quienes no creen... Desde entonces muchos discípulos se echaron para atrás y no se dejaban ver más con él "Jesús preguntó a los doce: ¿También ustedes quieren marcharse? Simón Pedro le contestó: "Señor, y a quién vamos a ir: en tus palabras hay vida eterna, y nosotros ya creemos y sabemos que tú eres el Consagrado de Dios. Jesús les respondió ¿No los elegí yo a ustedes doce y sin embargo uno de ustedes es un traicionero?" Donde traicionero, literalmente quiere decir diablo, en su sentido etimológico se dice del que acusa, calumnia y se opone con mala idea. Aplicable a los que reafirmar su militancia se empeñan en utilizar sus talentos en querer ganar prestigio con sus fantasmagorías de pésima laya contra los seguidores de Pedro y Pablo y con ellos, de Jesucristo, el Señor.
San Pedro y San Pablo sufrieron el martirio en Roma, sin duda el año 64 Pedro y el 67 Pablo. La Iglesia romana, que venera sus sepulcros en el Vaticano y en la vía Ostiense, nunca los separa en su culto. Por eso, les ha consagrado una solemnidad común el 29 de junio. Pero en este día no sólo es fiesta para la Roma cristiana, sino para toda la Iglesia, que fue plantada con su sangre, es "una celebración de sana alegría" "Por caminos diversos, ambos congregaron la única iglesia de Cristo, y a ambos, coronados por el martirio, celebra el pueblo con una misma veneración".
En otras palabras, tratamos de honrar las dos figuras cumbres de la Iglesia naciente, distintas una y otra, pero admirablemente complementarias, como lo atestigua el prefacio, Pedro y Pablo "nos han enseñado la ley del Señor" De ellos hemos recibido el fundamento de nuestra fe. Por esto, celebramos en sus personas el misterio de la Iglesia, en cuanto ésta fue fundada sobre los apóstoles.
Así mismo pedimos, por su intercesión, "que la Iglesia se mantenga siempre fiel a sus enseñanzas" junto con la gracia de vivir como hermanos, al igual que los primeros cristianos arraigados firmemente en su amor.
Pedro fue el primero en confesar la fe, Pablo el maestro insigne que la interpretó. Aquél fundó la primitiva iglesia con el resto de Israel, éste la extendió a todas la gente. Ambos congregaron la única Iglesia de Cristo y a ambos, coronados por el martirio, los celebramos hoy con una misma veneración.
En los tiempos actuales que vive la Iglesia en medio de una despampanante descristianización, en medio de tantas fallas inconfesables de miembros connotados de nuestra iglesia, ante el hecho de la enfermedad que agobia al Pontífice, en medio de toda una investigación de rigor por la justicia en Panamá con motivo de un horrendo asesinato de un prestigioso sacerdote panameño, en medio de tantas amenazas y caricaturización de aspectos serios de la iglesia, y de escritos blasfemos y saturados de mentira dizque en un afán detectivesco de los hechos recientes, recordar a estos pilares de la Iglesia es fuente de confortación y de invitación a un examen profundo de nuestra fe, a ver si llega a los niveles en que la vivieron estos apóstoles que rubricaron con su vida sus creencias y discipulado de Cristo.
Ninguno de los dos lo tuvieron suave. Pedro, quien estuvo tan cerca del Señor, que en más de una ocasión se presentó como vocero del grupo de los Apóstoles, que en un momento tan crítico como fue el de la crisis galileas, humildemente sacó la cara por todos cuando, como dice el capítulo sexto de San Juan, en el verso 60: "Muchos discípulos dijeron al oírlo: Este modo de hablar es intolerable, quien puede admitir eso y Jesús, sabiendo que sus discípulos protestaban de aquéllo, les pregunto: ¿Esto les escandaliza?: Pues si presenciaran que ese Hombre sube a donde estaba antes: El Espíritu es quien da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que yo les he dicho son espíritu y vida y con todo hay entre Us. quienes no creen... Desde entonces muchos discípulos se echaron para atrás y no se dejaban ver más con él "Jesús preguntó a los doce: ¿También ustedes quieren marcharse? Simón Pedro le contestó: "Señor, y a quién vamos a ir: en tus palabras hay vida eterna, y nosotros ya creemos y sabemos que tú eres el Consagrado de Dios. Jesús les respondió ¿No los elegí yo a ustedes doce y sin embargo uno de ustedes es un traicionero?" Donde traicionero, literalmente quiere decir diablo, en su sentido etimológico se dice del que acusa, calumnia y se opone con mala idea. Aplicable a los que reafirmar su militancia se empeñan en utilizar sus talentos en querer ganar prestigio con sus fantasmagorías de pésima laya contra los seguidores de Pedro y Pablo y con ellos, de Jesucristo, el Señor.