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Conceptos errados sobre autonomía


DESDE HACE MILES de años escucho hablar sobre la autonomía universitaria. Cuando era joven creía en la misma y la defendía a capa y espada. Sin embargo, ahora que soy grandecita, he comprendido la realidad de la misma y los errores de interpretación que tenemos los panameños sobre ella.
La autonomía universitaria era para que se manejara administrativamente de acuerdo a sus propias reglas y su criterio sobre el escogimiento de sus profesores y personal administrativo, y no para crear un Estado dentro de otro.
Recuerden que el presupuesto universitario proviene del gobierno central y debe ser compartido con la sociedad que lo paga y no separarlo de la misma.
Resulta que, no recuerdo desde cuándo han inventado que, según la autonomía, nadie que no sea personal de la universidad, puede entrar sin permiso de las autoridades y, lo que es peor, permiso de los estudiantes.
Si contamos las veces que altos representantes de la izquierda que ahora se trasnochó, dieron charlas y conferencias en las aulas de clases, pasarían de miles y nadie se quejó de esa presencia.
Según los estudiantes, nadie que esté uniformado puede entrar a los predios. A pesar de esto, hace unos años vino Fidel Castro y entró a la universidad vestido de militar y fue muy bien aceptado. Lo que sucede es cuestión de conveniencia y no he escuchado ninguna protesta porque a un buen profesor lo declararon persona non grata sin ninguna razón de peso; me parece que hasta ilegalmente.
Según el rector García de Paredes, el abuso de la autonomía por parte de algunos grupejos de estudiantes, puede conducir a que se acabe. Pero más adelante se opone a las declaraciones del Jefe de la Policía sobre la necesidad de revisar esa autonomía. Pareciera incongruencia que no logro entender.
Otro error de los estudiantes es no participar en los problemas nacionales. Digo esto porque no escucho protestas por la pérdida de la autonomía de la Caja del Seguro Social que, desde el 11 de octubre de 1968, la perdimos porque a los militares les agradó la economía que tenían y prefirieron acabar con la misma con robos y malos manejos hasta convertirla en la caja menuda del General. Gracias a ello, estamos en una situación precaria, pero los estudiantes ni las autoridades universitarias ni la sociedad protestan por esa pérdida de la autonomía. Ya ni siquiera los miembros de la Junta Directiva son nombrados por los gremios a los que representan, sino por el Presidente de la República a quien responden luego del nombramiento.
La Corte Suprema de Justicia también perdió su autonomía al escoger el Presidente a sus miembros que también, luego, responden a él. Y somos pocos los que protestamos por esto. Ha llegado a centralizarse tanto el poder, que salvo el Canal, nada es autónomo y todo depende del Presidente que, malo o bueno, tenemos que aguantar por cinco años porque así lo quiso la mayoría, muchos de los cuales lloran lágrimas de sangre de arrepentimiento.
Es más importante la autonomía del Seguro que la universitaria y nadie recuerda aquellos tiempos con grandes directores.
Los panameños permanecemos indiferentes ante esa situación y prefieren defender la de la universidad. ¿Qué hay de las arbitrariedades dentro del claustro? ¿Qué hay de la política partidista metida en el mismo? Se sabe públicamente que la manera de nombrar los profesores es ilegal porque, o se abusa del número de unidades o se los nombra de a dedo para que los apoyen en sus reelecciones.
Fui profesora asistente en la Facultad de Medicina por muchos años y otros muchos como catedrática ganado por concurso. Renuncié el día que por orden del Rector me dijeron que los estudiantes me calificarían. Pensé en el esfuerzo hecho a través de mi carrera de médico y para ganar la cátedra.
Ese esfuerzo aceptaba que las autoridades que estaban a mi nivel me calificaran, pero no los estudiantes. Y nadie protestó.
Ojalá que se interprete correctamente la autonomía universitaria y se luche por las otras.

101 años de Panamá América

 
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