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Condecorados


He sido aficionado al deporte, en un tiempo a practicarlo a niveles muy mediocres, y siempre a ser espectador de toda clase de competencia deportiva. Milito entre los dos millones de panameños que nos creemos autoridad en el deporte y nos gusta pontificar en esta materia que per se es intrascendente.
Desde mis días de Calle 15 Este y Calle Colón, en las áreas aledañas al Barrio de Santa Ana, el deporte y los eventos deportivos nos congregaban a quemar horas conversando y discutiendo sobre jugadas y jugadores. La mayor parte de las veces exagerando y algunas veces, dominados por la imaginación simulábamos que habíamos estado en los partidos a donde no habían podido ir los compañeros, ni tampoco nosotros, describiendo jugadas casi como si hubiéramos sido nosotros los protagonistas. El que leía primero la página de los deportes era el que echaba el cuento y le añadía todas las glosas posibles.
Todos opinábamos sentados tranquilos en gradas de una escalera de madera al atardecer como si fuera un pequeño anfiteatro tratando de actualizarnos en el desarrollo de los eventos deportivos de la época. Estoy hablando de a finales de la década del 30. Los comentarios que traíamos de los corrillos del Parque Bolívar donde hubo muchos protagonistas del deporte, o del Granillo de la gente deportiva del "Pan Diego" ( de la familia Miranda Matamoros) o de mi propio difunto padre que era bombero y se reunía con frecuencia en el Cuartel Central de Bomberos de la Guardia Permanente que quedaba en Calle C y Calle 14 Oeste, en Santa Ana, donde escuchábamos autorizados señalamientos de gente que sabía de lo que hablaba.
Aún recuerdo las emociones de los IV Juegos Deportivos Centro Americanos y del Caribe del año 38 y de algunas de las figuras nacionales masculinas y femeninas que entonces se destacaron. De Calle 15 recuerdo a Ovidio Pérez, de quien no supe más desde que fue a Venezuela. Y también la atleta femenina Angela de Portage del Liceo de Señoritas, hoy ya difunta.
El interés por los deportes es de todos los pueblos. Está en la misma naturaleza competitiva del ser humano. Alusión clara la hacen las Sagradas Escrituras en una de las Cartas de Pablo, la Primera a los Corintios en el capítulo nono verso vigésimo cuarto: " ¿No saben que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, pero uno solo se lleva el premio? Corran así para ganar. Además cada atleta se impone en toda una disciplina, ellos para ganar una corona que se marchita, nosotros una que no se marchita. Pues, yo corro de esa manera, no sin rumbo fijo, boxeo de esa manera, no dando golpes al aire, nada de eso, mis golpes van a mi cuerpo y lo obligo a que me sirva, no sea que después de predicar a otros me descalifique a mí".
Las palabras del Apóstol dicen mucho aplicable a todos. Con esto en mente confieso me he regocijado indeciblemente por la condecoración de los dos jóvenes panameños de extracción humilde y campesina, que acaban de sobresalir en la última serie mundial.
Sin duda, todo fue a tiempo. Fue como un regalo sicológico para los panameños en este final de siglo y más en los días patrios. Para mí fue un evento que condensa esa vaguedad y dispersión con que nos referimos al patriotismo. La presencia de este par de jóvenes practicantes del béisbol y sus felices, atinadas y oportunas actuaciones en la Gran Carpa norteamericana, en donde sin duda por ser latinos el triunfar es doble, triplemente difícil, ha dado un sabor agradable y nuevo a las fiestas patrias, las últimas del siglo XX. Nos elevó la autoestima colectiva como panameños. Felicidades, si un panameño triunfa fuera de su país, todos triunfamos, si fracasa, todos fracasamos. Esto es solidaridad patriótica sana. Héroes deportivos hemos tenido todo el tiempo. No los voy a enumerar. Si no es en boxeo, es en el baloncesto centroamericano, y en un tiempo también suramericano y del Caribe. Si no es natación, ha sido en boliche o la hípica internacional y alguna que otra vez en el béisbol regional. Ya es todo un aforismo que repetimos con mucho gusto, "proporcionalmente Panamá ha tenido muchas figuras destacadas internacionalmente en estos y otros tiempos" y concluimos que hemos sido benditos en muchos talentos a pesar de que nuestras instituciones deportivas se pasan en una continua y estéril dialéctica por el poder.
Para colofón, ambos, Mariano y Ramiro, nos han dado una lección de modestia, control, austeridad verbal, y de fe en Dios, sin miedo de que alguien les burle, al mismo tiempo, que ejemplo de vida matrimonial y buenas costumbres mostrándonos otra imagen del panameño deportista demasiado conocida por lo opuesto. Ojalá sigan cosechando éxitos dentro de lo que cabe. Aún cuando creo que esto será irrepetible.

101 años de Panamá América

 
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