Condena y ejecución en Cuba
Con la mirada extraviada, voz ronca y lenguaje desaforado, Fidel Castro se descarga contra los que discrepan de su régimen, mientras que las cortes revolucionarias retoman la pena de muerte para amedrentar a los disidentes. El fusilamiento de tres personas detenidas tras un frustrado intento de secuestrar un avión para escapar de la isla, fue precedido por horas de arenga del jefe de Estado que recuerdan los tiempos más represivos de la era revolucionaria, que ya lleva 44 años. Y como en esos tiempos anteriores, los condenados fueron acusados de conspirar con el gobierno de Estados Unidos, específicamente con el nuevo encargado de la sección de Intereses, James Cason.
"Nadie ignora que el jefe de la Oficina de Intereses (de Estados Unidos) -señaló Castro- vino instruido para llevar a cabo provocaciones de todo tipo contra Cuba y pretendió convertir su sede diplomática y su propia residencia en local para organizar, instruir y dirigir a mercenarios al servicio de una potencia extranjera". Sin embargo, diplomáticos occidentales acreditados en esta capital, informaron a este corresponsal que lo único notable de la actividad oficial de Cason ha sido "una intensa actividad social" en lo que coinciden que es la residencia diplomática más lujosa de La Habana.
Por otro lado, Castro estos días luce cansado y hasta demacrado. En sus discursos públicos frecuentemente deja la impresión de incoherencia. Por ejemplo, durante la mesa redonda en la que denunció a los protagonistas de los secuestros, varias veces perdió el tren de su discurso, teniendo que recurrir a la ayuda de los jefes de sus servicios de seguridad e inteligencia para reencarrilar sus frases.
Con la condena a muerte y la ejecución de los tres principales implicados, finalizó el proceso contra los 11 secuestradores de una lancha de la bahía de La Habana, en la que tomaron como rehenes a los pasajeros. El resto de los acusados deberá cumplir condenas que van desde los dos años de prisión hasta la cadena perpetua, todas penas contempladas en la ley contra el terrorismo, según una nota oficial difundida el pasado viernes.
Los condenados a muerte fueron Lorenzo Copello, Bárbaro Sevilla y José Luis Isaac, a los que en el comunicado oficial se les considera como los principales inculpados en el secuestro de la lancha.
Según el comunicado emitido por el gobierno cubano, ellos organizaron el secuestro del 2 de abril y tomaron como rehenes a más de 40 pasajeros, entre ellos dos turistas francesas, amenazándolos con una pistola y varias armas blancas. La retención de la embarcación duró casi 48 horas y los secuestradores amenazaron con matar a los rehenes en varias ocasiones si el gobierno no les entregaba combustible para continuar su viaje rumbo a Estados Unidos.
Finalmente, las dos turistas francesas se arrojaron al agua, acción imitada por el resto de los rehenes, lo que permitió el asalto de la embarcación por parte de las fuerzas de seguridad que la rodeaban.
La dureza y rapidez en la aplicación de la pena capital sorprendió a muchos, dado que incluso reos confesos que han ocasionado víctimas mortales con sus acciones no han sido ejecutados, a pesar de estar sentenciados desde hace años.
Un claro mensaje. Nadie sabe exactamente qué es lo que ha llevado al gobierno cubano a terminar con la moratoria sobre la pena de muerte, pero todo parece indicar que se está tratando de enviar un mensaje tanto interno como internacional. No obstante, la experiencia de este corresponsal que estuvo destacado en la isla desde 1960 hasta 1961, sugiere que cada vez que endurece la situación internacional, como ahora fue el caso de la guerra en Irak, el régimen cubano aprovecha la coyuntura para aplicar penas más duras.
El canciller Felipe Pérez Roque, quien la semana pasada regresó precipitadamente de un viaje al exterior, advirtió el jueves a los cubanos que estas acciones serán consideradas como parte de "un plan premeditado para estimular la emigración ilegal" de parte de quienes quieren boicotear los acuerdos migratorios. También estas condenas a muerte responden, de alguna forma, a la Unión Europea -principal promotor de la eliminación de la pena capital-, que recientemente amenazó a Cuba por los juicios contra los disidentes.
El episodio de la lancha se produjo después de que dos aviones fueran secuestrados y sus pasajeros tomados como rehenes para llegar a los Estados Unidos, donde varios de ellos acaban de ser puestos en libertad bajo fianza.
Esto ocurrió a pesar del compromiso hecho por el jefe diplomático estadounidense en La Habana, Cason, quien aseguró a nombre de su gobierno, que no serían liberados y que cumplirían "largas y severas condenas". Lo cierto es que, de una u otra forma, todo lo que está ocurriendo por estos días en Cuba parece tener que ver con las tensas relaciones diplomáticas que se viven desde hace unos meses entre La Habana y Washington.
"Nadie ignora que el jefe de la Oficina de Intereses (de Estados Unidos) -señaló Castro- vino instruido para llevar a cabo provocaciones de todo tipo contra Cuba y pretendió convertir su sede diplomática y su propia residencia en local para organizar, instruir y dirigir a mercenarios al servicio de una potencia extranjera". Sin embargo, diplomáticos occidentales acreditados en esta capital, informaron a este corresponsal que lo único notable de la actividad oficial de Cason ha sido "una intensa actividad social" en lo que coinciden que es la residencia diplomática más lujosa de La Habana.
Por otro lado, Castro estos días luce cansado y hasta demacrado. En sus discursos públicos frecuentemente deja la impresión de incoherencia. Por ejemplo, durante la mesa redonda en la que denunció a los protagonistas de los secuestros, varias veces perdió el tren de su discurso, teniendo que recurrir a la ayuda de los jefes de sus servicios de seguridad e inteligencia para reencarrilar sus frases.
Con la condena a muerte y la ejecución de los tres principales implicados, finalizó el proceso contra los 11 secuestradores de una lancha de la bahía de La Habana, en la que tomaron como rehenes a los pasajeros. El resto de los acusados deberá cumplir condenas que van desde los dos años de prisión hasta la cadena perpetua, todas penas contempladas en la ley contra el terrorismo, según una nota oficial difundida el pasado viernes.
Los condenados a muerte fueron Lorenzo Copello, Bárbaro Sevilla y José Luis Isaac, a los que en el comunicado oficial se les considera como los principales inculpados en el secuestro de la lancha.
Según el comunicado emitido por el gobierno cubano, ellos organizaron el secuestro del 2 de abril y tomaron como rehenes a más de 40 pasajeros, entre ellos dos turistas francesas, amenazándolos con una pistola y varias armas blancas. La retención de la embarcación duró casi 48 horas y los secuestradores amenazaron con matar a los rehenes en varias ocasiones si el gobierno no les entregaba combustible para continuar su viaje rumbo a Estados Unidos.
Finalmente, las dos turistas francesas se arrojaron al agua, acción imitada por el resto de los rehenes, lo que permitió el asalto de la embarcación por parte de las fuerzas de seguridad que la rodeaban.
La dureza y rapidez en la aplicación de la pena capital sorprendió a muchos, dado que incluso reos confesos que han ocasionado víctimas mortales con sus acciones no han sido ejecutados, a pesar de estar sentenciados desde hace años.
Un claro mensaje. Nadie sabe exactamente qué es lo que ha llevado al gobierno cubano a terminar con la moratoria sobre la pena de muerte, pero todo parece indicar que se está tratando de enviar un mensaje tanto interno como internacional. No obstante, la experiencia de este corresponsal que estuvo destacado en la isla desde 1960 hasta 1961, sugiere que cada vez que endurece la situación internacional, como ahora fue el caso de la guerra en Irak, el régimen cubano aprovecha la coyuntura para aplicar penas más duras.
El canciller Felipe Pérez Roque, quien la semana pasada regresó precipitadamente de un viaje al exterior, advirtió el jueves a los cubanos que estas acciones serán consideradas como parte de "un plan premeditado para estimular la emigración ilegal" de parte de quienes quieren boicotear los acuerdos migratorios. También estas condenas a muerte responden, de alguna forma, a la Unión Europea -principal promotor de la eliminación de la pena capital-, que recientemente amenazó a Cuba por los juicios contra los disidentes.
El episodio de la lancha se produjo después de que dos aviones fueran secuestrados y sus pasajeros tomados como rehenes para llegar a los Estados Unidos, donde varios de ellos acaban de ser puestos en libertad bajo fianza.
Esto ocurrió a pesar del compromiso hecho por el jefe diplomático estadounidense en La Habana, Cason, quien aseguró a nombre de su gobierno, que no serían liberados y que cumplirían "largas y severas condenas". Lo cierto es que, de una u otra forma, todo lo que está ocurriendo por estos días en Cuba parece tener que ver con las tensas relaciones diplomáticas que se viven desde hace unos meses entre La Habana y Washington.