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Conducta que preocupa


En torno a la polémica surgida con respecto a mi autoría sobre la propuesta de crear en la Bahía de Panamá un complejo recreativo, cultural y deportivo, reafirmo que la misma fue publicada en artículo del 12 de abril de 1995, reiterada el 14 de abril de 1996 y el 7 de mayo de 1997, durante el período de gobierno pasado.
El gobierno actual se inició en octubre de 1999. A los cuatro meses de haberse instalado, reiteré mi propuesta en el artículo Arquitectura, urbanismo y ecología, el 20 de febrero de 2000, y once meses después, el 2 y el 23 de septiembre del mismo año, reiteré mi propuesta contenida en los artículos Usos congruentes y Ejes históricos y espacios para la interacción social. Los cuales fueron publicados en El Panamá América.
Los tres primeros artículos, dos contenidos en mi libro Planificación del Desarrollo en Panamá y otro en la Sección Imágenes, conformaron anexos a la carta que le remití a la presidenta, señora Mireya Moscoso, el 12 de septiembre pasado, con copia al Ministro de Vivienda. No obstante ello, el consultor vocero de ese ministerio niega lo anteriormente expuesto con comentarios deliberadamente vagos, algunos lesivos a mi honradez profesional. Asevera que la propuesta surgió de una consulta pública a varios sectores que opinaron sobre el proyecto. Ante tal aseveración, son pertinentes las siguientes aclaraciones. ¿A cuál proyecto se refirió la consulta? ¿Dónde se originó ese proyecto y en qué fecha? ¿Quién es el autor? Creo que el consultor tiene que ser más explícito, para que el Ministerio pueda responder a la señora Presidenta con argumento sustantivos.
He ejercido funciones de asesoría internacional, en diversas capacidades, por largo tiempo, y continúo esporádicamente en esas tareas. A través de los años, he identificado al menos dos tipos de consultores. Aquel sumiso que concuerda siempre con las opiniones de la fuente contratante, como conducta, para asegurar la extensión del período de su misión, y el otro serio y respetable por sus opiniones claras y puntuales derivadas de información confiable y de su experiencia.
Como acto de desesperación, para evadir el evidente problema ético-moral del plagio, se alega no haber visto siquiera mi propuesta de proyecto. A esta sorpresa de ingenuo es dable responde que, tanto en Panamá como en otras sociedades civilizadas, las opiniones que se vierten a través de los medios de comunicación social -sean proyectos propuestos o ideas escritas o habladas- constituyen vías para aportar a las tareas de gobierno. Todos no podemos ser funcionarios públicos, pero sí contribuir a las gestiones de gobierno mediante aportes desinteresados para bien del desarrollo de nuestras sociedades.

101 años de Panamá América

 
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