Confrontación o transición armónica del poder
Después de una larga y muy intensa campaña de proselitismo político que culminó con el triunfo de doña Mireya Moscoso en las elecciones presidenciales del 2 de mayo, era de esperarse que se diera un traspaso del poder en forma armónica, civilizada y alejada de confrontaciones peligrosas. Lamentablemente, pareciera que esto no es así.
El triunfo de la Sra. Moscoso nadie lo discute; fue legítimo. Los panameños debemos sentirnos muy orgullosos de nuestro comportamiento en la campaña política. Dimos amplias muestras de un elevado civismo político y los planes y las plataformas de gobierno de la Sra. Mireya Moscoso, del Ing. Alberto Vallarino y de don Martín Torrijos se discutieron en sus méritos y el personalismo y la diatriba estuvieron marginados. La democracia panameña salió fortalecida y nuestro prestigio internacional se acrecentó.
Mucho preocupa, no obstante, el que una vez instaladas las comisiones de alto nivel del gobierno y del equipo de trabajo de la Sra. Moscoso a objeto de lograr una transición lo más fluida, y que las prioridades nacionales, sus más altos intereses, no tengan desviación en sus objetivos por el cambio de mando presidencial, hay señales que parecen enrarecer el ambiente y que esa cordialidad que se dio en la primera reunión entre el Dr. Ernesto Pérez Balladares y doña Mireya Moscoso, se ha ido deteriorando. ¿Qué está sucediendo se preguntan muchos ciudadanos? Estamos descendiendo a confrontaciones que ningún bien le hacen al país, ni a sus protagonistas. En los albores de culminar la lucha generacional por el afianzamiento de nuestra dignidad nacional, ¿vamos a dar, ante la comunidad internacional, un ejemplo de irresponsabilidad y de darle prioridad a los intereses sectarios o personales por encima del nacional? Ojalá, que el Presidente de la República y quien asumirá la jefatura del gobierno el 1 de septiembre, puedan evitar que los nubarrones que se ven en el horizonte no se conviertan en una tempestad con resultados impredecibles y busquen los entendimientos necesarios para conciliar a los panameños y no propiciar divisiones que a la larga el país es el que pierde.
No dudamos que el patriotismo del Dr. Ernesto Pérez Balladares y de la Sra. Moscoso se empinarán sobre los malos entendidos y diferencias que no son insalvables. Eso espera el país de los dos.
El triunfo de la Sra. Moscoso nadie lo discute; fue legítimo. Los panameños debemos sentirnos muy orgullosos de nuestro comportamiento en la campaña política. Dimos amplias muestras de un elevado civismo político y los planes y las plataformas de gobierno de la Sra. Mireya Moscoso, del Ing. Alberto Vallarino y de don Martín Torrijos se discutieron en sus méritos y el personalismo y la diatriba estuvieron marginados. La democracia panameña salió fortalecida y nuestro prestigio internacional se acrecentó.
Mucho preocupa, no obstante, el que una vez instaladas las comisiones de alto nivel del gobierno y del equipo de trabajo de la Sra. Moscoso a objeto de lograr una transición lo más fluida, y que las prioridades nacionales, sus más altos intereses, no tengan desviación en sus objetivos por el cambio de mando presidencial, hay señales que parecen enrarecer el ambiente y que esa cordialidad que se dio en la primera reunión entre el Dr. Ernesto Pérez Balladares y doña Mireya Moscoso, se ha ido deteriorando. ¿Qué está sucediendo se preguntan muchos ciudadanos? Estamos descendiendo a confrontaciones que ningún bien le hacen al país, ni a sus protagonistas. En los albores de culminar la lucha generacional por el afianzamiento de nuestra dignidad nacional, ¿vamos a dar, ante la comunidad internacional, un ejemplo de irresponsabilidad y de darle prioridad a los intereses sectarios o personales por encima del nacional? Ojalá, que el Presidente de la República y quien asumirá la jefatura del gobierno el 1 de septiembre, puedan evitar que los nubarrones que se ven en el horizonte no se conviertan en una tempestad con resultados impredecibles y busquen los entendimientos necesarios para conciliar a los panameños y no propiciar divisiones que a la larga el país es el que pierde.
No dudamos que el patriotismo del Dr. Ernesto Pérez Balladares y de la Sra. Moscoso se empinarán sobre los malos entendidos y diferencias que no son insalvables. Eso espera el país de los dos.