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Confrontaciones sociales


RECIENTEMENTE el país fue conmocionado por confrontaciones sociales ubicadas dentro del campo laboral, las cuales dieron por resultado dos muertes obreras y degeneraron en la fabricación de un clamor político y mediático que demanda mano dura y represiva frente a la agitación sindical, en primer lugar, y contra la agitación social en general.
El fondo del problema gira alrededor de la argumentación de la manida libertad sindical. ¿En qué consisten las mismas? Los sindicatos y gremios son la expresión de necesidades colectivas entre personas que pertenecen a un mismo estrato social en el primer caso y práctica de oficio o profesión en el segundo. Su objetivo es defender intereses comunes frente a los intereses de otros grupos y clases que le son ajenos. Estos intereses deben, obligadamente, expresarse colectivamente para adquirir la necesaria fuerza de gestión.
En los enfrentamientos recientes, algunos han querido forzar la visión de pugnas entre diferentes grupos de obreros. No obstante, la acción de los estamentos oficiales imprimió a los hechos el carácter de un cuestionamiento contra las instituciones, acusadas estas de déficit y parcialidad en su gestión social.
Para avalar la acción de unos y criticar la de otros, se aduce la pretendida libertad sindical. Unos acusan a otros de amarillismo, y estos se escudan detrás de la libertad sindical. Un sindicato es amarillo, no por el nivel de agregación y convergencia que tenga con otros de su mismo tipo, sino cuando la motivación de su accionar está regida por una subordinación y consulta sistemática con los intereses de los empleadores, es decir no tiene independencia. La independencia y la libertad sindical son dos categorías interdependientes en donde la independencia es la base material sobre la cual florece la libertad. El rol independiente se comprueba en los hechos y en los resultados de la negociación colectiva.
En los sindicatos amarillos, surgidos en el sector de la construcción, lo que trasunta es el respaldo de empresarios desregulados, que actúan por fuera de las normas de su propio colectivo empresarial agrupado en la CAPAC. Estos constructores irregulares, nacionales y extranjeros, actúan con ventajas frente a los empresarios que aceptan las normas del entendimiento regulado en los convenios colectivos. La persistencia del trabajo desregulado induciría a los agremiados en CAPAC la idea de arrojar por la borda las negociaciones colectivas, lo que sería un funesto precedente para la paz social en el país.
El gobierno, al apañar a estos empresarios ventajistas, lo que ha hecho es despojarse de la máscara de neutralidad que encubre al Estado dentro del "Establecimiento" y actúa, no solo contra los trabajadores, sino contra el empresariado nacional favoreciendo a las transnacionales.
Lo discutido tiene importancia dentro del modelo de desarrollo neoliberal, que confina al país al papel de válvula de amortiguación de las demandas financieras de espacio para la inversión especulativa. De esto resulta que la batalla en este ámbito tenga ribetes muy definidos que trasciende, a la puja por la cuota sindical. A guisa de ejemplo digamos que, si un empresario contratara trabajo con cincuenta centavos por debajo de la norma, resultara que cada trabajador perderá, cien balboas por mes, los que constituyen un subsidio directo hacia los promotores de la construcción; multiplique eso por año y por número de asalariados y tendremos que, llevado a la cifra total de obreros que trabajan con contratos subnormados en las obras de infraestructuras de largo aliento, tendremos que son cientos de millones de dólares los que se buscan transferir a las ganancias. Por lo anterior, no es extraño que esta sea una de las precondiciones impuestas desde afuera en forma de garantías de represión económica y política. Puede ser que este sea uno de los daños colaterales que acarrea el proyecto de ampliación.
En aras de las necesidades supremas del "Establecimiento" fue preciso que algunos funcionarios gubernamentales degradaran totalmente su pasado de exprogresistas, para sostener esta versión trasnochada del neoliberalismo, aunque el sacrificio no garantizará la estabilidad en los cargos ministeriales; ni aún con el socorro de las adhesiones, demandadas a última hora, de aquellos sindicatos, que cual bichitos de luz giran incesantemente alrededor de la luz del oficialismo, a sabiendas de que la llama los ha de quemar. La imprudencia gubernamental, en el manejo de este problema político, lo ha transformado en un problema represivo policial, dándole auge y nuevo protagonismo a un movimiento político-sindical que había alcanzado su techo natural en virtud de las fronteras de exclusión ideológica que el purismo sindical de SUNTRACS y FRENADESO se han auto impuesto.
Es una lástima que la soberbia y estulticia ideológica de los dirigentes de los trabajadores de la construcción se traduzca en el poco carisma unitario de que hacen gala y que ya es reconocido en el ambiente político social, lo que con certeza, nos atrevemos a afirmar que no conducirá a situaciones sociales superiores.

101 años de Panamá América

 
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