Congreso PRD: se abren los fuegos de campaña
Me hablaron de unas 4000 sillas desplegadas en ese auditorio del Hotel Panamá este domingo 19 de agosto, para efectos del Congreso Nacional Extraordinario del Partido Revolucionario Democrático (PRD). Se quedaron sin ocupantes unas 300 sillas, más bien por su nula visibilidad de la tarima principal, y estimé unos 500 asistentes de pie en los momentos picos del evento, todo lo cual me hace calcular, a grosso modo, unos 4000 participantes, entre miembros del colectivo de toda la República, invitados especiales y comunicadores.
Si tal cifra es excelente para un acto político bajo techo, lo más destacado, en mi opinión, no lo era la cantidad de personas en el acto, sino las características especialísimas de su contenido: Martín recibió el título de posesión de su partido ese día, notariado y registrado, bajo la mirada atenta de su padre, quien le guardaba las espaldas con dos grandes fotos de su rostro, uno empuñando un Cohiba entre su dedo medio e índice, mientras se oprimía en actitud de concentración su sien derecha, mientras el otro póster mostraba a Omar con su singular pose histórica de frente arrugada en señal de atención, también con sus dedos estrujando el lateral derecho de su cara.
Si los espíritus tienen permiso para dar vueltas entre nosotros y hay, incluso, científicos que hoy lo aseguran, entonces el general tuvo ese día la oportunidad de observar a su hijo Martín hacer las paces, en su nombre, con adversarios de tuerca y tornillo, uno de ellos, el más representativo de todos, Ricardo Arias Calderón. Ese solo hecho merece una consideración de fondo y trasfondo. O, al menos, una consideración de un nivel tal, que sobrepasa las expectativas de los dirigentes y miembros del PRD y le lanza al delfín de Omar Torrijos un desafío inmenso sobre sus jóvenes hombros y sobre su mente, aún no contaminada por la perfidia que los rejuegos políticos encierran.
Se agregó a ello la presencia en ese congreso de quienes hace unos días atrás le lanzaron plomo graneado a Martín, tanteando el terreno interno con otra potencial candidatura más potable para la derecha empresarial. Me refiero a Mitchell Doens, Francisco Sánchez Cárdenas, además del propio Juan Carlos Navarro, el retador, quienes igual que Ernesto Pérez Balladares, tuvieron que aplaudir de pie al consolidado y anunciado candidato del 2004. Ellos terminaron de sellar con papel y timbres el liderazgo nacional de la oposición actual de Panamá.
Si algo tuviésemos que adicionar, aún hay material de primera para hacerlo: Rubén Arosemena, con algunos de sus cuadros directivos en el Partido Popular, se observaron suficientemente cómodos, comodidad que permitió al próximo Presidente de la Asamblea Legislativa utilizar el micrófono como en casa propia; excelente discurso, además, que recibió una ovación no otorgada a extraños en un medio tan duro y hasta sectario como lo puede ser el PRD.
Nito Cortizo ya había tenido antes ese acercamiento, y aunque su presencia no era para nada extraña, ella confirma su independencia suficiente en el Partido Solidaridad para seguir apoyando a su amigo personal y ex compañero de fórmula presidencial. Como agregado a ese marco, políticamente tan complejo como interesante, la presencia de una veintena de delegados internacionales como testigos externos, insólito en un evento nacional partidario, ofrecieron un ambiente de solidaridad y expectación extraterritorial a este congreso.
Rostros de viejos políticos, soldados de mil batallas, ganadas y perdidas, condecoraciones y bajas deshonrosas como Carlos Andrés Pérez; la figura mitificada en el pasado, altanera en ocasiones como Tomás Borge, un hombre con la historia de México en su sangre como Cuahutemoc Cárdenas del PRD mexicano, y generaciones más jóvenes, pero igualmente fogueadas como Hatuey De Camp, del partido de las mismas siglas en República Dominicana, entre otros presentes de países regionales, y algunos representantes europeos, de la Internacional Socialista de Alemania y España, además de mensajes personales de dirigentes históricos en grandes países como Leonel Brizola y Lula, del Brazil, amén de varios otros, concedieron a ese maratónico congreso extraordinario, un bautizo internacional nada despreciable, aunque el componente mayoritariamente fuese de izquierdas; una izquierda que, frente al partido mundial de la globalización, busca sacarse de encima los estigmas radicales y embarrarse un poco de burguesía. Tales hechos, concatenados unos a otros, tienen en nuestro parecer tales complejidades y responsabilidades que Martín Torrijos Espino tiene que medir con un cálculo obligadamente suprapartidario; no hacerlo sería un grave error.
El PRD le firmó en ese congreso un cheque en blanco (cheque que lo obliga a una cuidado extremo para realizar contrapesos internos), pero el desafío mayor es que, a partir de ese momento, de esas presencias, especialmente las de los líderes del Partido Popular, el mentor, Ricardo Arias Calderón, y el heredero, Rubén Arosemena, Martín necesita una visión de conjunto, una capacidad estratégica afinada para ir construyendo los lazos de una alianza nacional con la mirada en la presidencia del 2004. Sabe que con sus 327 mil copartidarios de hoy (cifra que Balbina Herrera lanzó varias veces al aire, conocedora de su efecto), además de los nuevos miembros que se inscriban desde ahora a las próximas elecciones, que no tengo dudas de que serán muchísimos; no obstante, sabe el político que no consigue la presidencia sólo con ellos. Necesita de los votos independientes, que pueden pasar fácilmente del millón de panameños para el próximo torneo electoral. ¿Cuánto podrán asimilar esos retos los miembros de su colectivo, naturalmente más interesados en las revanchas de los cargos públicos?... Bien difícil, pero el liderazgo emergente, en un tiempo de cambios mundiales del pensamiento, cambios tan dramáticos, requiere de mentes amplias y profundas, de lo contrario sus logros quedan atadados en los rencores del pasado, los bochinches de café y los desquites, y, aunque se llegase al gobierno, se pierden esos triunfos electorales en victorias grises, sin proyecciones sociales de importancia, en gestiones mediocres, que la historia borrará con el primer aguacero.
Por eso es que no han podido borrar la obra de Omar Torrijos, el líder panameño más querido y odiado de la historia; porque su obra trascendió las pasiones, hasta las suyas propias, por ello la semilla de su hijo ha encontrado nutrientes saludables. ¡Que lo digan esos visitantes extranjeros que aplaudieron ese domingo 19 de agosto a Martín!... Ellos vinieron a saludar a Martín, pero jamás hubiesen estado presentes si no conocen primero a Omar Torrijos. Y, que lo digan sobre todo los furiosos combatientes de ayer contra el régimen militar, en especial su símbolo mayor, Ricardo Arias Calderón, que tuvo la humildad de sentarse frente a sus fotografías, para ir a darle un estímulo a su hijo. Finalmente, creemos que el evento trascendió la importancia de un acto interno de un partido político. Se ha metido con sus ingredientes, aún no analizados, en el torrente político del país. Por ejemplo, ¿qué podrá decir Alberto Vallarino de su candidatura?...
Este puede ser el mayor preocupado luego de esos eventos, mucho más allá que Mireya Moscoso, quien ningún temor debe tener de que la pueda relevar Martín, sabiendo que su historia política se le habrá acortado muchísimo en el 2004, y tendrá que buscar especialmente un retiro sin sobresaltos. También deben quedar preocupados los propios miembros del PRD, porque desde ese domingo 19 de agosto, Martín Torrijos no puede pensar solamente en ellos, so pena de no alcanzar la silla presidencial, siempre tan insegura.
Si tal cifra es excelente para un acto político bajo techo, lo más destacado, en mi opinión, no lo era la cantidad de personas en el acto, sino las características especialísimas de su contenido: Martín recibió el título de posesión de su partido ese día, notariado y registrado, bajo la mirada atenta de su padre, quien le guardaba las espaldas con dos grandes fotos de su rostro, uno empuñando un Cohiba entre su dedo medio e índice, mientras se oprimía en actitud de concentración su sien derecha, mientras el otro póster mostraba a Omar con su singular pose histórica de frente arrugada en señal de atención, también con sus dedos estrujando el lateral derecho de su cara.
Si los espíritus tienen permiso para dar vueltas entre nosotros y hay, incluso, científicos que hoy lo aseguran, entonces el general tuvo ese día la oportunidad de observar a su hijo Martín hacer las paces, en su nombre, con adversarios de tuerca y tornillo, uno de ellos, el más representativo de todos, Ricardo Arias Calderón. Ese solo hecho merece una consideración de fondo y trasfondo. O, al menos, una consideración de un nivel tal, que sobrepasa las expectativas de los dirigentes y miembros del PRD y le lanza al delfín de Omar Torrijos un desafío inmenso sobre sus jóvenes hombros y sobre su mente, aún no contaminada por la perfidia que los rejuegos políticos encierran.
Se agregó a ello la presencia en ese congreso de quienes hace unos días atrás le lanzaron plomo graneado a Martín, tanteando el terreno interno con otra potencial candidatura más potable para la derecha empresarial. Me refiero a Mitchell Doens, Francisco Sánchez Cárdenas, además del propio Juan Carlos Navarro, el retador, quienes igual que Ernesto Pérez Balladares, tuvieron que aplaudir de pie al consolidado y anunciado candidato del 2004. Ellos terminaron de sellar con papel y timbres el liderazgo nacional de la oposición actual de Panamá.
Si algo tuviésemos que adicionar, aún hay material de primera para hacerlo: Rubén Arosemena, con algunos de sus cuadros directivos en el Partido Popular, se observaron suficientemente cómodos, comodidad que permitió al próximo Presidente de la Asamblea Legislativa utilizar el micrófono como en casa propia; excelente discurso, además, que recibió una ovación no otorgada a extraños en un medio tan duro y hasta sectario como lo puede ser el PRD.
Nito Cortizo ya había tenido antes ese acercamiento, y aunque su presencia no era para nada extraña, ella confirma su independencia suficiente en el Partido Solidaridad para seguir apoyando a su amigo personal y ex compañero de fórmula presidencial. Como agregado a ese marco, políticamente tan complejo como interesante, la presencia de una veintena de delegados internacionales como testigos externos, insólito en un evento nacional partidario, ofrecieron un ambiente de solidaridad y expectación extraterritorial a este congreso.
Rostros de viejos políticos, soldados de mil batallas, ganadas y perdidas, condecoraciones y bajas deshonrosas como Carlos Andrés Pérez; la figura mitificada en el pasado, altanera en ocasiones como Tomás Borge, un hombre con la historia de México en su sangre como Cuahutemoc Cárdenas del PRD mexicano, y generaciones más jóvenes, pero igualmente fogueadas como Hatuey De Camp, del partido de las mismas siglas en República Dominicana, entre otros presentes de países regionales, y algunos representantes europeos, de la Internacional Socialista de Alemania y España, además de mensajes personales de dirigentes históricos en grandes países como Leonel Brizola y Lula, del Brazil, amén de varios otros, concedieron a ese maratónico congreso extraordinario, un bautizo internacional nada despreciable, aunque el componente mayoritariamente fuese de izquierdas; una izquierda que, frente al partido mundial de la globalización, busca sacarse de encima los estigmas radicales y embarrarse un poco de burguesía. Tales hechos, concatenados unos a otros, tienen en nuestro parecer tales complejidades y responsabilidades que Martín Torrijos Espino tiene que medir con un cálculo obligadamente suprapartidario; no hacerlo sería un grave error.
El PRD le firmó en ese congreso un cheque en blanco (cheque que lo obliga a una cuidado extremo para realizar contrapesos internos), pero el desafío mayor es que, a partir de ese momento, de esas presencias, especialmente las de los líderes del Partido Popular, el mentor, Ricardo Arias Calderón, y el heredero, Rubén Arosemena, Martín necesita una visión de conjunto, una capacidad estratégica afinada para ir construyendo los lazos de una alianza nacional con la mirada en la presidencia del 2004. Sabe que con sus 327 mil copartidarios de hoy (cifra que Balbina Herrera lanzó varias veces al aire, conocedora de su efecto), además de los nuevos miembros que se inscriban desde ahora a las próximas elecciones, que no tengo dudas de que serán muchísimos; no obstante, sabe el político que no consigue la presidencia sólo con ellos. Necesita de los votos independientes, que pueden pasar fácilmente del millón de panameños para el próximo torneo electoral. ¿Cuánto podrán asimilar esos retos los miembros de su colectivo, naturalmente más interesados en las revanchas de los cargos públicos?... Bien difícil, pero el liderazgo emergente, en un tiempo de cambios mundiales del pensamiento, cambios tan dramáticos, requiere de mentes amplias y profundas, de lo contrario sus logros quedan atadados en los rencores del pasado, los bochinches de café y los desquites, y, aunque se llegase al gobierno, se pierden esos triunfos electorales en victorias grises, sin proyecciones sociales de importancia, en gestiones mediocres, que la historia borrará con el primer aguacero.
Por eso es que no han podido borrar la obra de Omar Torrijos, el líder panameño más querido y odiado de la historia; porque su obra trascendió las pasiones, hasta las suyas propias, por ello la semilla de su hijo ha encontrado nutrientes saludables. ¡Que lo digan esos visitantes extranjeros que aplaudieron ese domingo 19 de agosto a Martín!... Ellos vinieron a saludar a Martín, pero jamás hubiesen estado presentes si no conocen primero a Omar Torrijos. Y, que lo digan sobre todo los furiosos combatientes de ayer contra el régimen militar, en especial su símbolo mayor, Ricardo Arias Calderón, que tuvo la humildad de sentarse frente a sus fotografías, para ir a darle un estímulo a su hijo. Finalmente, creemos que el evento trascendió la importancia de un acto interno de un partido político. Se ha metido con sus ingredientes, aún no analizados, en el torrente político del país. Por ejemplo, ¿qué podrá decir Alberto Vallarino de su candidatura?...
Este puede ser el mayor preocupado luego de esos eventos, mucho más allá que Mireya Moscoso, quien ningún temor debe tener de que la pueda relevar Martín, sabiendo que su historia política se le habrá acortado muchísimo en el 2004, y tendrá que buscar especialmente un retiro sin sobresaltos. También deben quedar preocupados los propios miembros del PRD, porque desde ese domingo 19 de agosto, Martín Torrijos no puede pensar solamente en ellos, so pena de no alcanzar la silla presidencial, siempre tan insegura.