Consecuencias y desafíos del auge
A diferencia de lo que ocurre con otros países de la región, a la economía panameña, aunque el común de los panameños no lo note, le va cada vez mejor. El auge de la construcción residencial, alimentado porque Panamá ha sido "descubierta" nuevamente por los extranjeros, se suma al del turismo y los megaproyectos tanto en ejecución como en ciernes. La ampliación del Canal, el Megapuerto, las refinerías regionales, las empresas que se instalan en Howard, hacen salivar a los más avezados inversionistas. La abundancia de actividad económica que se vislumbra para los próximos lustros se calcula en los miles de millones de dólares, y habrá mucho empleo. Un horizonte de bienestar se hace cada vez más palpable.
Pero todas estas cosas buenas, aunque sólo se realice una parte de ellas, tienen efectos que hay que prever para morigerar su impacto, como puede ser el encarecimiento de la tierra, las viviendas y diversos productos. Habrá movimientos de capitales hacia Panamá como inversión directa, pero también habrá salida de capitales en forma de remesas familiares y de retorno de utilidades. Los más talentosos -y honestos- servidores públicos tendrán la tentación de pasarse al sector privado. El dinero corriendo a raudales puede hacer al panameño menos exigente al respecto de la transparencia y el combate a la corrupción -aunque lo puede hacer más exigente en cuanto a la calidad de los servicios públicos- y aumentar la mentalidad cortoplacista en las decisiones de Estado.
A pesar de todo lo anterior es mejor tener que enfrentar esos problemas que los causados por la situación opuesta. Pero sólo si hacemos un alto y nos empezamos a preparar para que estos retos se conviertan en oportunidades para catapultarnos al Primer Mundo, estos sueños de prosperidad no se convertirán en pesadillas.
¡Manos a la obra!
Pero todas estas cosas buenas, aunque sólo se realice una parte de ellas, tienen efectos que hay que prever para morigerar su impacto, como puede ser el encarecimiento de la tierra, las viviendas y diversos productos. Habrá movimientos de capitales hacia Panamá como inversión directa, pero también habrá salida de capitales en forma de remesas familiares y de retorno de utilidades. Los más talentosos -y honestos- servidores públicos tendrán la tentación de pasarse al sector privado. El dinero corriendo a raudales puede hacer al panameño menos exigente al respecto de la transparencia y el combate a la corrupción -aunque lo puede hacer más exigente en cuanto a la calidad de los servicios públicos- y aumentar la mentalidad cortoplacista en las decisiones de Estado.
A pesar de todo lo anterior es mejor tener que enfrentar esos problemas que los causados por la situación opuesta. Pero sólo si hacemos un alto y nos empezamos a preparar para que estos retos se conviertan en oportunidades para catapultarnos al Primer Mundo, estos sueños de prosperidad no se convertirán en pesadillas.
¡Manos a la obra!