Consejo que espero se escuche
Como he comentado antes, en la reciente asamblea de la OEA celebrada en Chile se adoptó como tema central para el diálogo de los ministros de Relaciones Exteriores, el de la Gobernabilidad Democrática en las Américas. La gobernabilidad no es un tema nuevo, pero su precisión todavía requiere mayor elaboración. Por eso fue oportuna la aprobación por la asamblea general de la resolución que dispone la elaboración de un Programa Interamericano de Gobernabilidad. La idea es que mediante la apertura de un diálogo continental, al que se convocará a representantes de los gobiernos, de los partidos políticos, de la sociedad civil y estudiosos del tema, se sienten las bases para que el Consejo Permanente de la OEA elabore un proyecto que sea sometido a la consideración del XXXIV período de sesiones de la asamblea general, que se reunirá en la ciudad de Quito, en junio de 2004, y que, eventualmente, deberá aprobarlo.
Un Programa Interamericano podrá contener líneas generales sobre las acciones que deberían cumplirse para fomentar la gobernabilidad, tomando como base el diagnóstico y el análisis de los factores que la dificultan, pero difícilmente podría ser una receta de aplicación general. Y ello porque cada país del continente es, a esos efectos, un universo de realidades y circunstancia diferentes, para las que no hay recetas únicas.
La construcción de un clima de gobernabilidad no es una tarea que nadie puede realizar por nosotros; es fundamentalmente un proceso que deberemos estructurar y desarrollar en cada una de nuestras sociedades. Mediante un adecuado nivel de gobernabilidad debe poder asegurarse la consolidación de la democracia y las condiciones para que sus instituciones puedan funcionar efectivamente. Y para que haya un adecuado nivel de gobernabilidad es necesario que cada uno de los actores sociales aporte la contribución que en su esfera de competencia le corresponde. Esto, dicho de otra manera, significa, por ejemplo, que las instituciones del Estado puedan cumplir sus responsabilidades, que las dirigencias políticas actúen responsablemente en la discusión de los principales problemas de la nación, que los representantes de los grupos de presión (gremios, sindicatos, asociaciones) moderen sus demandas de acuerdo a las realidades y posibilidades del país o que las vocerías de la sociedad civil contribuyan al debate público desde la perspectiva de su verdadera representatividad.
En Panamá, desafortunadamente, de manera prematura, ya estamos inmersos en la campaña política. Esa circunstancia, disminuirá la posibilidad de que pueda darse una discusión objetiva de los problemas y de las soluciones a los mismos. Y a medida que avancemos hacia la cita electoral de mayo del próximo año, es previsible que las pasiones incrementadas dificultarán encontrar la serenidad necesaria para el debate constructivo. En otras palabras, se reducirá el clima de gobernabilidad, pues en vez de avanzar hacia los consensos nos alejaremos de ellos.
El consejo que pueda aportar, y que espero no caiga en oídos sordos, es que tratemos, todos, de no dejarnos arrastrar por las motivaciones sectarias, producto del apasionamiento político. Que tratemos, como lo ha pedido la Presidenta de la República y la Iglesia católica de que esta nueva campaña electoral no perturbe hasta extremos indeseables la estabilidad de la sociedad panameña. Que el debate político sea de altura y con propuestas. De esa manera también se construye la gobernabilidad.
Por pronunciarnos sobre este asunto en un programa que conducíamos en radio 1160, llamado “Rompe Cabezas”, que ocupaba el segundo lugar en su horario y el puesto 15 en el ranking general, Iván García y este servidor fuimos censurados, cancelados, cerrados, de una manera arbitraria y radical, pese a que fuimos reiterativos en el sentido de que se trataba de una opinión personal y que no reflejaba la posición de la radio. ¿Cuál fue la explicación que nos dieron? Pues, la verdad es que fue muy franca y clara: Genaro Delgado Parker, accionista de la radio, había llamado para pedir nuestras cabezas en una bandeja. Así, sin sutilezas.
Los periodistas más representativos del país se han pronunciado solidariamente sobre nuestro caso, señalando que se trata de una flagrante censura que afecta la libertad de prensa y de expresión, gesto que agradecemos profundamente. Sin embargo, Iván y quien escribe estas líneas, que algunas cancelaciones ruidosas padecimos también durante el régimen de Fujimori y Montesinos, nos quedamos con el sabor amargo de que hay algunas cosas que no han cambiado en el Perú. Y eso siempre duele.
* Corresponsal de l agencia AIPE.
(c)www.aipenet.com
Un Programa Interamericano podrá contener líneas generales sobre las acciones que deberían cumplirse para fomentar la gobernabilidad, tomando como base el diagnóstico y el análisis de los factores que la dificultan, pero difícilmente podría ser una receta de aplicación general. Y ello porque cada país del continente es, a esos efectos, un universo de realidades y circunstancia diferentes, para las que no hay recetas únicas.
La construcción de un clima de gobernabilidad no es una tarea que nadie puede realizar por nosotros; es fundamentalmente un proceso que deberemos estructurar y desarrollar en cada una de nuestras sociedades. Mediante un adecuado nivel de gobernabilidad debe poder asegurarse la consolidación de la democracia y las condiciones para que sus instituciones puedan funcionar efectivamente. Y para que haya un adecuado nivel de gobernabilidad es necesario que cada uno de los actores sociales aporte la contribución que en su esfera de competencia le corresponde. Esto, dicho de otra manera, significa, por ejemplo, que las instituciones del Estado puedan cumplir sus responsabilidades, que las dirigencias políticas actúen responsablemente en la discusión de los principales problemas de la nación, que los representantes de los grupos de presión (gremios, sindicatos, asociaciones) moderen sus demandas de acuerdo a las realidades y posibilidades del país o que las vocerías de la sociedad civil contribuyan al debate público desde la perspectiva de su verdadera representatividad.
En Panamá, desafortunadamente, de manera prematura, ya estamos inmersos en la campaña política. Esa circunstancia, disminuirá la posibilidad de que pueda darse una discusión objetiva de los problemas y de las soluciones a los mismos. Y a medida que avancemos hacia la cita electoral de mayo del próximo año, es previsible que las pasiones incrementadas dificultarán encontrar la serenidad necesaria para el debate constructivo. En otras palabras, se reducirá el clima de gobernabilidad, pues en vez de avanzar hacia los consensos nos alejaremos de ellos.
El consejo que pueda aportar, y que espero no caiga en oídos sordos, es que tratemos, todos, de no dejarnos arrastrar por las motivaciones sectarias, producto del apasionamiento político. Que tratemos, como lo ha pedido la Presidenta de la República y la Iglesia católica de que esta nueva campaña electoral no perturbe hasta extremos indeseables la estabilidad de la sociedad panameña. Que el debate político sea de altura y con propuestas. De esa manera también se construye la gobernabilidad.
Por pronunciarnos sobre este asunto en un programa que conducíamos en radio 1160, llamado “Rompe Cabezas”, que ocupaba el segundo lugar en su horario y el puesto 15 en el ranking general, Iván García y este servidor fuimos censurados, cancelados, cerrados, de una manera arbitraria y radical, pese a que fuimos reiterativos en el sentido de que se trataba de una opinión personal y que no reflejaba la posición de la radio. ¿Cuál fue la explicación que nos dieron? Pues, la verdad es que fue muy franca y clara: Genaro Delgado Parker, accionista de la radio, había llamado para pedir nuestras cabezas en una bandeja. Así, sin sutilezas.
Los periodistas más representativos del país se han pronunciado solidariamente sobre nuestro caso, señalando que se trata de una flagrante censura que afecta la libertad de prensa y de expresión, gesto que agradecemos profundamente. Sin embargo, Iván y quien escribe estas líneas, que algunas cancelaciones ruidosas padecimos también durante el régimen de Fujimori y Montesinos, nos quedamos con el sabor amargo de que hay algunas cosas que no han cambiado en el Perú. Y eso siempre duele.
* Corresponsal de l agencia AIPE.
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