Consenso y eficiencia
La presentación y ejecución de propuestas y programas coherentes para disminuir la pobreza y desigualdades en las áreas rurales y urbanas, mejorar la eficiencia de los servicios públicos, la transformación del sistema educativo, propiciar las condiciones necesarias para mantener y generar nuevos empleos y la disminución de la canasta básica, son algunos de los principales retos que confronta el actual gobierno. En ese sentido, el ejecutivo debe iniciar lo más pronto posible, una ronda de consultas formales, amplia y representativa, sobre el estilo de desarrollo que queremos para Panamá, utilizando como punto de referencia el documento VISION 2020 de Naciones Unidas. De esta iniciativa, debemos identificar y profundizar sobre nuestras fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas y presentar al país, producto del consenso, los asuntos que deben ser tratados, como tema de Estado y un Acuerdo Nacional para el desarrollo. Los panameños, ante la situación actual, estamos esperando ese momento, no podemos seguir dilatando ese compromiso que mantenemos con esta y las futuras generaciones.
Por otro lado, reconocemos que el Presupuesto General del Estado no es ilimitado. Por lo tanto, debemos asegurar que el gasto social llegue y beneficie de verdad a los más pobres del país. He tenido la oportunidad de escuchar en las vistas presupuestarias solicitudes de ministerios e instituciones, para incrementar sus respectivos presupuestos de inversiones, con el fin de "mejorar las condiciones de vida de los más necesitados". Sin embargo, observamos al final de cada año, la pobre ejecución del presupuesto de inversiones, sin entrar a evaluar el beneficio de los proyectos ejecutados en la vida de los supuestos beneficiarios. Sobre este tema, vemos cómo en algunos colegios se entregan diplomas de bachilleres agropecuarios a jóvenes panameños que no han, ni por lo menos, sembrado un tomate, castrado un novillo, ordeñado, no han manejado un "grillo". Me preguntó: ¿Dónde quedará la ilusión y esperanza de estos muchachos, cuando se les dé la oportunidad de trabajo?.
Aquí el problema no es recurso. Asimismo, vemos cómo se deterioran y pierden cientos de tubos de PVC destinados para la construcción de acueductos rurales, vemos cómo se vencen medicamentos en sus anaqueles, cuando tenemos muchos puestos y centros de salud desabastecidos, carreteras mal construidas por falta de especificaciones o inspección adecuada, y así podría seguir dando ejemplos que confirman que nada nos sirve asignar nuevos recursos, si los mismos no están llegando eficientemente a los más necesitados. ¿Qué ha estado y está pasando?, ¿Qué país queremos? Estoy convencido que la ineficiencia no sólo es un problema de recursos, es un problema de capacidad, de voluntad, de actitud, de procedimientos, de compromiso, de mística. Necesitamos un sistema que mida y evalúe la eficiencia de los recursos limitados invertidos en los servicios públicos.
No podemos ser excluyentes, la actual situación nos obliga a todos a buscar la concertación y a que los recursos rindan el beneficio que se requiere para el desarrollo del país.
Panamá es un extraordinario país, lleno de oportunidades. En estos momentos unamos esfuerzos. No hay margen para más excusas, manos a la obra por una nación para todos.
Por otro lado, reconocemos que el Presupuesto General del Estado no es ilimitado. Por lo tanto, debemos asegurar que el gasto social llegue y beneficie de verdad a los más pobres del país. He tenido la oportunidad de escuchar en las vistas presupuestarias solicitudes de ministerios e instituciones, para incrementar sus respectivos presupuestos de inversiones, con el fin de "mejorar las condiciones de vida de los más necesitados". Sin embargo, observamos al final de cada año, la pobre ejecución del presupuesto de inversiones, sin entrar a evaluar el beneficio de los proyectos ejecutados en la vida de los supuestos beneficiarios. Sobre este tema, vemos cómo en algunos colegios se entregan diplomas de bachilleres agropecuarios a jóvenes panameños que no han, ni por lo menos, sembrado un tomate, castrado un novillo, ordeñado, no han manejado un "grillo". Me preguntó: ¿Dónde quedará la ilusión y esperanza de estos muchachos, cuando se les dé la oportunidad de trabajo?.
Aquí el problema no es recurso. Asimismo, vemos cómo se deterioran y pierden cientos de tubos de PVC destinados para la construcción de acueductos rurales, vemos cómo se vencen medicamentos en sus anaqueles, cuando tenemos muchos puestos y centros de salud desabastecidos, carreteras mal construidas por falta de especificaciones o inspección adecuada, y así podría seguir dando ejemplos que confirman que nada nos sirve asignar nuevos recursos, si los mismos no están llegando eficientemente a los más necesitados. ¿Qué ha estado y está pasando?, ¿Qué país queremos? Estoy convencido que la ineficiencia no sólo es un problema de recursos, es un problema de capacidad, de voluntad, de actitud, de procedimientos, de compromiso, de mística. Necesitamos un sistema que mida y evalúe la eficiencia de los recursos limitados invertidos en los servicios públicos.
No podemos ser excluyentes, la actual situación nos obliga a todos a buscar la concertación y a que los recursos rindan el beneficio que se requiere para el desarrollo del país.
Panamá es un extraordinario país, lleno de oportunidades. En estos momentos unamos esfuerzos. No hay margen para más excusas, manos a la obra por una nación para todos.