Consensos democráticos, intereses comunes
Los pactos electorales entre viejos enemigos en política, no son nuevos. Muchas veces vienen motivados por el simple deseo de garantizarse el vulgar reparto del poder y de sus prebendas. Pero, ha veces, la urgencia por detener un mal mayor (la llegada al gobierno de un partido nefasto, por ejemplo) ha podido concitar consensos suficientes como para apartar odios e intereses, en favor del interés superior de la Nación.
Ejemplos hay muchos: Hace unos años atrás, deponiendo viejas enemistades y toda una historia de enfrentamientos, un pacto entre Juan Balaguer y Juan Bosch llevó a Leonel Fernández, del partido de Bosch, a la Presidencia, dejando al PRD dominicano en la derrota. En Bolivia, enemigos antagónicos como el ex dictador Bánzer y el izquierdista Paz Zamora llevaron a la presidencia al segundo y luego al primero, derrotando ambas veces al MNR. En México, el PAN (derecha) y el PRD (izquierda) se han unido muchas veces para enfrentar y derrotar al PRI. Estos no han sido simples arreglos partidocráticos fileteándose al país, sino que han supuesto acomodos y replanteamientos profundos del quehacer político, en partidos con gran arraigo popular y un claro perfil ideológico propio.
Dicho esto, nos preguntamos si algo así pudiese ser posible para el país. ¿Podrían algunos de los actuales candidatos dar una muestra mayor de desprendimiento y de altura, haciendo frente común por el bien del país? ¿Podría ser posible que, ante la eventualidad de que sucediese otra versión de lo acontecido en 1994 (la victoria del PRD con una minoría de electores, imponiéndose ante el voto civilista fragmentado), los candidatos decentes pudiesen ponerse de acuerdo y alzarse, unidos, por encima de los terribles grupos de interés, del dinero invertido y de la cohorte de acólitos nefastos que empujan sus propios intereses sectarios?
Leyendo un artículo del Sr. Martínez Dettore, publicado en este mismo diario (“Atención Endara y José Miguel”), he sido movido a la reflexión. Estoy seguro de que muchos electores más, también y en los mismos términos, hemos pensado lo mismo. Dice el Sr. Martínez que: “...Hoy día se están dando situaciones en el plano político y electoral similares a las que se dieron en 1994. Incluso, hay personajes escenificando sus mismas actuaciones y otros proyectando nuevas imágenes en ensayos de nuevos papeles, algunos repugnantemente contradictorios con su pasado...”. Tiene mucha razón y, ante esto, la única y lógica conclusión debería ser bastante obvia: las fuerzas democráticas y los candidatos que las lideran en esta justa electoral, deberían unirse o afrontar las consecuencias.
Y cuando digo alzarse unidos, me refiero a rebasar a los cacicazgos partidocráticos, y unificar fuerzas y criterios entre sí y junto al pueblo y los electores independientes, por el bien superior del país, para derrotar contundentemente al actual líder de las encuestas. Me refiero a ver manifestaciones de desprendimiento y nobleza por parte de los candidatos que no tienen ninguna opción real de ganar (por muchos millones que tengan y a pesar del flaco auxilio que les hace el favoritismo vulgar del poder incumbente), poniendo por delante la necesidad de proveerle al país un gobierno decente y eficiente, para los próximos cinco o (porqué no) diez años.
Si todos pensásemos con suficiente lógica, buena fe y desapasionamiento, debería ser posible que José Miguel Alemán y Ricardo Martinelli depusiesen sus aspiraciones, a favor de la única candidatura que, hoy por hoy, ha demostrado que tiene una opción real de derrotar al PRD en las urnas: la candidatura del ex presidente Guillermo Endara Galimany. La base de este acuerdo debería ser el compromiso público de los tres, en establecer una plataforma común de gobernabilidad y de rescate de la moralidad y la justicia, así como el establecimiento consensuado de un buen plan de desarrollo a mediano y largo plazo para el país.
Junto a esto, podría trazarse un esquema de participación electoral conjunta, para ésta y las siguiente elección, en donde se garantizase la debida representación, alternabilidad y control y participación democrática en la toma de decisiones, sobre el presente y el futuro del país. Tanto Alemán como Martinelli podrían correr en el 2009, en los mismos términos (como candidatos de una gran coalición nacional).
Estamos a cinco meses de las elecciones. Todavía falta mucha agua por pasar debajo de las ruedas del molino. Como he dicho en otro escrito reciente: “...Toca a estos ciudadanos candidatos el desnudar sus verdaderas intenciones, mirarse ante el espejo y definir su catadura moral, ante el ara de la Patria íntima. Sus acciones, más que sus palabras, dirán quién es quién, de aquí a mayo del 2004...”. Amanecerá y veremos.
El correspondiente juicio será histórico, seguramente dejará aleccionador precedente para tratar a los absolutistas del presente y del futuro.
No debe faltar la colaboración internacional a fin de ayudar a las sufridas naciones para que se liberen de sus opresores que, en no pocos casos, se declaran vitalicios.
De no haber habido esta recomendable ayuda, el tirano en referencia y sus herederos, en medio de una población aterrorizada e impotente de reaccionar debido a la cantidad y fiereza de las fuerzas de represión que formaron para sostenerse por siempre en el poder, estarían haciendo de las suyas, en unión de sus igualmente encarnizados seguidores que produjeron tres décadas de salvaje dominio.
Ejemplos hay muchos: Hace unos años atrás, deponiendo viejas enemistades y toda una historia de enfrentamientos, un pacto entre Juan Balaguer y Juan Bosch llevó a Leonel Fernández, del partido de Bosch, a la Presidencia, dejando al PRD dominicano en la derrota. En Bolivia, enemigos antagónicos como el ex dictador Bánzer y el izquierdista Paz Zamora llevaron a la presidencia al segundo y luego al primero, derrotando ambas veces al MNR. En México, el PAN (derecha) y el PRD (izquierda) se han unido muchas veces para enfrentar y derrotar al PRI. Estos no han sido simples arreglos partidocráticos fileteándose al país, sino que han supuesto acomodos y replanteamientos profundos del quehacer político, en partidos con gran arraigo popular y un claro perfil ideológico propio.
Dicho esto, nos preguntamos si algo así pudiese ser posible para el país. ¿Podrían algunos de los actuales candidatos dar una muestra mayor de desprendimiento y de altura, haciendo frente común por el bien del país? ¿Podría ser posible que, ante la eventualidad de que sucediese otra versión de lo acontecido en 1994 (la victoria del PRD con una minoría de electores, imponiéndose ante el voto civilista fragmentado), los candidatos decentes pudiesen ponerse de acuerdo y alzarse, unidos, por encima de los terribles grupos de interés, del dinero invertido y de la cohorte de acólitos nefastos que empujan sus propios intereses sectarios?
Leyendo un artículo del Sr. Martínez Dettore, publicado en este mismo diario (“Atención Endara y José Miguel”), he sido movido a la reflexión. Estoy seguro de que muchos electores más, también y en los mismos términos, hemos pensado lo mismo. Dice el Sr. Martínez que: “...Hoy día se están dando situaciones en el plano político y electoral similares a las que se dieron en 1994. Incluso, hay personajes escenificando sus mismas actuaciones y otros proyectando nuevas imágenes en ensayos de nuevos papeles, algunos repugnantemente contradictorios con su pasado...”. Tiene mucha razón y, ante esto, la única y lógica conclusión debería ser bastante obvia: las fuerzas democráticas y los candidatos que las lideran en esta justa electoral, deberían unirse o afrontar las consecuencias.
Y cuando digo alzarse unidos, me refiero a rebasar a los cacicazgos partidocráticos, y unificar fuerzas y criterios entre sí y junto al pueblo y los electores independientes, por el bien superior del país, para derrotar contundentemente al actual líder de las encuestas. Me refiero a ver manifestaciones de desprendimiento y nobleza por parte de los candidatos que no tienen ninguna opción real de ganar (por muchos millones que tengan y a pesar del flaco auxilio que les hace el favoritismo vulgar del poder incumbente), poniendo por delante la necesidad de proveerle al país un gobierno decente y eficiente, para los próximos cinco o (porqué no) diez años.
Si todos pensásemos con suficiente lógica, buena fe y desapasionamiento, debería ser posible que José Miguel Alemán y Ricardo Martinelli depusiesen sus aspiraciones, a favor de la única candidatura que, hoy por hoy, ha demostrado que tiene una opción real de derrotar al PRD en las urnas: la candidatura del ex presidente Guillermo Endara Galimany. La base de este acuerdo debería ser el compromiso público de los tres, en establecer una plataforma común de gobernabilidad y de rescate de la moralidad y la justicia, así como el establecimiento consensuado de un buen plan de desarrollo a mediano y largo plazo para el país.
Junto a esto, podría trazarse un esquema de participación electoral conjunta, para ésta y las siguiente elección, en donde se garantizase la debida representación, alternabilidad y control y participación democrática en la toma de decisiones, sobre el presente y el futuro del país. Tanto Alemán como Martinelli podrían correr en el 2009, en los mismos términos (como candidatos de una gran coalición nacional).
Estamos a cinco meses de las elecciones. Todavía falta mucha agua por pasar debajo de las ruedas del molino. Como he dicho en otro escrito reciente: “...Toca a estos ciudadanos candidatos el desnudar sus verdaderas intenciones, mirarse ante el espejo y definir su catadura moral, ante el ara de la Patria íntima. Sus acciones, más que sus palabras, dirán quién es quién, de aquí a mayo del 2004...”. Amanecerá y veremos.
El correspondiente juicio será histórico, seguramente dejará aleccionador precedente para tratar a los absolutistas del presente y del futuro.
No debe faltar la colaboración internacional a fin de ayudar a las sufridas naciones para que se liberen de sus opresores que, en no pocos casos, se declaran vitalicios.
De no haber habido esta recomendable ayuda, el tirano en referencia y sus herederos, en medio de una población aterrorizada e impotente de reaccionar debido a la cantidad y fiereza de las fuerzas de represión que formaron para sostenerse por siempre en el poder, estarían haciendo de las suyas, en unión de sus igualmente encarnizados seguidores que produjeron tres décadas de salvaje dominio.