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Conservar el sindicalismo


Cuando uno se ha ganado algo, ya sea con esfuerzo o porque se lo han facilitado, es obligación conservarlo porque una oportunidad no se presenta igual en otra ocasión. En la década de los ‘70, Omar Torrijos Herrera dio a los trabajadores todas las prebendas con las que nunca habían soñado para que lo apoyaran en su dictadura, ya que en ese momento no contaba con el soporte de los empleados particulares que se le oponían. Fue así como no sólo los llenó de leyes a su favor, sino que los envenenó contra los patronos, creando una división de clases que aún no ha desaparecido y que, más bien, recrudece.
Si se tiene un liderazgo para dirigir grupos más o menos poderosos como son los sindicatos, es necesario conservarlo aunque sea a expensas de sacrificios personales.
Los sindicatos en Panamá fueron organizaciones que se engrandecieron y fortalecieron a la sombra de la dictadura y fue una lástima que no se hiciera nada para modernizarlas y hacer de ellas agrupaciones acordes con el siglo XXI, en el que no han entrado todavía, quedándose atrás para sentir el peso del debilitamiento en sus decisiones y actuaciones.
Cuando se es líder de un grupo hay que guiarlo por el mejor sendero. Sin embargo, vemos a los sindicatos conservar los mismos dirigentes a través de lustros y lustros, y pareciera que no existiera relevo para sus figuras que debieran ceder el mando a otros que vienen ya preparados para ello.
Si van a los medios de comunicación, hablan el mismo casete con las mismas reflexiones que no han cambiado desde que buscaron la tendencia izquierdista en la cual permanecen, ignorando que el comunismo ya pasó y sólo existe en Cuba. ¿Es así como ellos quieren vivir o prefieren hacerlo como viven en Panamá donde tienen poder y pueden oponerse y disentir? Para mí, sus nombres y sus caras se han hecho tan familiares que forman parte del haber diario. Pero, se hace necesario a los líderes en todos los campos, saber cuándo cambiar, cuándo detenerse, cuándo sacrificarse con percepción de fracaso para lograr triunfos posteriores; no siempre salen las cosas como se quiere y es importante rectificar, hacer auto evaluaciones para interpretar los sucesos y sacar provecho de ellos.
Desde el último movimiento que fue una marcha, se notó la pérdida de asistencia a la misma y, pienso que los dirigentes debieron reaccionar buscando la verdad y no auto engañándose con triunfalismos irreales. Cuando llamaron, luego de esa marcha, a una huelga tres días antes de la celebración del centenario, pensé en el error que cometían; pero, como no tengo acceso a ellos, no podía decirles nada.
Nadie se preocupó mucho por esa huelga, porque todos sabíamos que no recibiría un gran apoyo y que lo único que traería sería tranques causados por unas decenas de trabajadores en las calles. En efecto, así sucedió. ¿Para qué tanto esfuerzo sin obtener resultados positivos y más bien se ha visto un debilitamiento en esa dirigencia, aunque ellos no quieran verlo así?
Los esfuerzos de tantos años por tener sus prerrogativas y defender sus derechos, se pueden perder ante actuaciones equivocadas, ante la terquedad de los dirigentes en no querer comprender ese error y que su cartucho está gastado y deben poner uno nuevo.
El cambio de figuras se impone y no sé por qué las bases no piden cuenta a sus dirigentes para que expliquen el fracaso de los últimos movimientos.
Siempre he dicho que los sindicatos son parte de la democracia y en los países con ese sistema de gobierno, lo tienen, no así en los países comunistas. Pero, si continúan cometiendo errores sin rectificar y evaluarse para cambiar de rumbo, perderán la consideración de la ciudadanía que sólo recuerdan las horas que pasaron en un tranque y no en la necesidad de los trabajadores de defender sus derechos. Ojalá recapaciten y cambien su manera de pensar y actuar para bien del movimiento sindical de Panamá. La división de clases debe desaparecer.

101 años de Panamá América

 
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