Consolidación democrática (III)
Participación, la clave. La teoría de la democracia es clara, ella establece tres clases de tendencias democrática: la democracia directa o pura; la indirecta, representativa o parlamentaria; y la semidirecta.
En la antigüedad, en la cuna de la democracia, Atenas, la democracia pura o directa era el modelo por excelencia, ya que el pueblo participaba directamente en las decisiones de Gobierno, a través de asambleas populares que se reunían cada cierto tiempo para aprobar y aplicar sus leyes. Si bien es cierto, este tipo de democracia es considerada por muchos como inaplicable en la actualidad, por cuestiones de época, costos y cantidad de habitantes; también es cierto que siempre representará el modelo clásico de participación ciudadana directa en la toma de decisiones a nivel de Estado.
Hoy, la segunda forma, la democracia indirecta, representativa o parlamentaria, es la aplicada en la mayoría de los Estados democráticos. Esta variación consiste en que los ciudadanos de un Estado eligen, a través de elecciones populares libres, a sus representantes para el Gobierno -en los que sean considerados cargos de elección popular-, que durante un período de tiempo tendrán el deber de ejercer el poder en nombre de los ciudadanos del Estado, sujetos a una forzosa responsabilidad popular y reflejando la voluntad del electorado. Esta es la muy defendida democracia representativa, misma que es entendida por muchos como un "cheque en blanco" a favor de las autoridades electas, para hacer y deshacer sin considerar las opiniones de los asociados del Estado.
Por último tenemos la democracia semidirecta, una especie de híbrido entre las dos tendencias anteriores.
Los principales gestores de los sistemas democráticos modernos se percataron y aceptaron que la democracia indirecta limitaba, en gran medida, la participación ciudadana, poniendo en riesgo la veracidad del concepto democrático. Fue así como, desde finales de la Edad Moderna, se inició la aplicación de la democracia semidirecta, forma que ha tomado gran relevancia durante la Edad Contemporánea y que, desafortunadamente, no es aplicada en su totalidad por la mayoría de los Estados "democráticos", especialmente en Latinoamérica.
La democracia semidirecta surge como complemento a la democracia indirecta, y consiste en la permisión de cierto grado de participación ciudadana en las decisiones de gobierno; esto a través de iniciativas populares, referéndum, plebiscito y la renovación popular.
Las iniciativas populares consisten en que los ciudadanos, en forma organizada, pueden presentar un proyecto de ley; las iniciativas pueden ser directas; es decir, la ciudadanía aprueba o rechaza sus propuestas, método inaplicable en la actualidad por los altos costos que representa consultar a todo un pueblo a cada momento, sobre un tema en particular. Las iniciativas también pueden ser indirectas, o sea, las propuestas ciudadanas son aprobadas o rechazadas por el parlamento. Este tipo de iniciativas populares indirectas son viables, pero no se aplican en la actualidad.
En el caso de referéndum y plebiscito, el primero establece la decisión ciudadana sobre un tema en particular, y su resultado es de aplicación obligatoria por parte del gobierno; el segundo establece la opinión ciudadana sobre un tema en particular, y su resultado no es de obligatorio cumplimiento por parte del gobierno.
Ambos aspectos son aplicables en la vida democrática de nuestro países, sólo que siempre se reducen al trato de aspectos constitucionales como reformas, enmiendas o nuevas constituciones; y, en raro caso, se trata algún tema de interés general.
Por otro lado, tenemos la renovación popular, que consiste en la libertad que tienen los ciudadanos de decidir revocarle el mandato a sus representantes si éstos no han cumplido con sus compromisos, previamente adquiridos en campaña; o aprobárselo para que continúen por el resto del período, si consideran que están cumpliendo. Este sistema, aplicado en naciones del "primer mundo", pero ignorado por la mayoría de nuestras democracias, sería el mecanismo que impulsaría una ampliación institucional ideal para nuestras naciones, un tanto desalineadas a los conceptos básicos de la democracia...
¿Es la democracia semidirecta la mejor opción? Una pregunta interesante que evaluaremos en otra ocasión.
augustoi@expresionesamp.net
Mientras el dinero sea lo primordial para valorar a una persona y rendirle o no pleitesía; mientras no haya sanciones para las personas que delinquen; mientras la cabeza de una oficina, de un gobierno o de la familia no sea honesta, seguiremos corrompidos unos por comisión otros por omisión.
Personalmente sólo rindo pleitesía a la inteligencia, a la capacidad, a la creatividad, a la honestidad.
Ojalá que Panamá salga del estado en que estamos para ejemplo de las generaciones futuras. Otra vez volveré sobre el tema, porque ahora se terminó el espacio.
En la antigüedad, en la cuna de la democracia, Atenas, la democracia pura o directa era el modelo por excelencia, ya que el pueblo participaba directamente en las decisiones de Gobierno, a través de asambleas populares que se reunían cada cierto tiempo para aprobar y aplicar sus leyes. Si bien es cierto, este tipo de democracia es considerada por muchos como inaplicable en la actualidad, por cuestiones de época, costos y cantidad de habitantes; también es cierto que siempre representará el modelo clásico de participación ciudadana directa en la toma de decisiones a nivel de Estado.
Hoy, la segunda forma, la democracia indirecta, representativa o parlamentaria, es la aplicada en la mayoría de los Estados democráticos. Esta variación consiste en que los ciudadanos de un Estado eligen, a través de elecciones populares libres, a sus representantes para el Gobierno -en los que sean considerados cargos de elección popular-, que durante un período de tiempo tendrán el deber de ejercer el poder en nombre de los ciudadanos del Estado, sujetos a una forzosa responsabilidad popular y reflejando la voluntad del electorado. Esta es la muy defendida democracia representativa, misma que es entendida por muchos como un "cheque en blanco" a favor de las autoridades electas, para hacer y deshacer sin considerar las opiniones de los asociados del Estado.
Por último tenemos la democracia semidirecta, una especie de híbrido entre las dos tendencias anteriores.
Los principales gestores de los sistemas democráticos modernos se percataron y aceptaron que la democracia indirecta limitaba, en gran medida, la participación ciudadana, poniendo en riesgo la veracidad del concepto democrático. Fue así como, desde finales de la Edad Moderna, se inició la aplicación de la democracia semidirecta, forma que ha tomado gran relevancia durante la Edad Contemporánea y que, desafortunadamente, no es aplicada en su totalidad por la mayoría de los Estados "democráticos", especialmente en Latinoamérica.
La democracia semidirecta surge como complemento a la democracia indirecta, y consiste en la permisión de cierto grado de participación ciudadana en las decisiones de gobierno; esto a través de iniciativas populares, referéndum, plebiscito y la renovación popular.
Las iniciativas populares consisten en que los ciudadanos, en forma organizada, pueden presentar un proyecto de ley; las iniciativas pueden ser directas; es decir, la ciudadanía aprueba o rechaza sus propuestas, método inaplicable en la actualidad por los altos costos que representa consultar a todo un pueblo a cada momento, sobre un tema en particular. Las iniciativas también pueden ser indirectas, o sea, las propuestas ciudadanas son aprobadas o rechazadas por el parlamento. Este tipo de iniciativas populares indirectas son viables, pero no se aplican en la actualidad.
En el caso de referéndum y plebiscito, el primero establece la decisión ciudadana sobre un tema en particular, y su resultado es de aplicación obligatoria por parte del gobierno; el segundo establece la opinión ciudadana sobre un tema en particular, y su resultado no es de obligatorio cumplimiento por parte del gobierno.
Ambos aspectos son aplicables en la vida democrática de nuestro países, sólo que siempre se reducen al trato de aspectos constitucionales como reformas, enmiendas o nuevas constituciones; y, en raro caso, se trata algún tema de interés general.
Por otro lado, tenemos la renovación popular, que consiste en la libertad que tienen los ciudadanos de decidir revocarle el mandato a sus representantes si éstos no han cumplido con sus compromisos, previamente adquiridos en campaña; o aprobárselo para que continúen por el resto del período, si consideran que están cumpliendo. Este sistema, aplicado en naciones del "primer mundo", pero ignorado por la mayoría de nuestras democracias, sería el mecanismo que impulsaría una ampliación institucional ideal para nuestras naciones, un tanto desalineadas a los conceptos básicos de la democracia...
¿Es la democracia semidirecta la mejor opción? Una pregunta interesante que evaluaremos en otra ocasión.
augustoi@expresionesamp.net
Mientras el dinero sea lo primordial para valorar a una persona y rendirle o no pleitesía; mientras no haya sanciones para las personas que delinquen; mientras la cabeza de una oficina, de un gobierno o de la familia no sea honesta, seguiremos corrompidos unos por comisión otros por omisión.
Personalmente sólo rindo pleitesía a la inteligencia, a la capacidad, a la creatividad, a la honestidad.
Ojalá que Panamá salga del estado en que estamos para ejemplo de las generaciones futuras. Otra vez volveré sobre el tema, porque ahora se terminó el espacio.