Constitucionalismo en democracia
Las propuestas de reformas constitucionales dadas a conocer por el electo presidente Martín Torrijos han generado un asombroso y admirable sentimiento de unidad nacional. Se han mancomunado los esfuerzos por brindarle a la nación los resortes cuyos contenidos dan muestras transparentes de querer, de modo efectivo, revertir el estado de cosas por ideas concretas frente a las cuales la ciudadanía muestra interés y entusiasmo.
Ayer, cuando se puso en el banquillo de la palestra pública la transparencia en el manejo de la Administración Pública; la inmunidad parlamentaria como creadora de impunidad; lo amaniatado del Tribunal Electoral contradicho por una Corte Suprema de justicia que invalida, vía constitucional, sus decisiones; cuando tanto se ha criticado a los municipios como factores que inciden en la nula reconversión social; cuando ha sido censurada la Dirección de Responsabilidad Patrimonial, auténtica agencia de policía de la Contraloría; cuando tanto se discutió sobre el denominado control previo; y nos opusimos a la designación de dos magistrados de la Corte; cuando la comunidad discutió respecto a la necesidad de ir depurando la democracia y en ese sentido permitir libres postulaciones; cuando mucho ha sido criticada la cláusula de reforma constitucional por hacer nula la auto convocatoria ciudadana para proyectar reformas a la Constitución o redactar una nueva; en fin, estos y otros temas de claro y profundo clamor popular fueron, sencillamente, considerados en su real sentido y alcance por el Presidente electo y es así como proyectó ante el país las propuestas de reformas constitucionales.
Ahora han salido los defenestradores y arlequines de estas reformas y han criticado que son "buenas", pero que no están de acuerdo con el "método" elegido; es decir, que sea a través de la aprobación, previa discusión, en dos legislaturas, cada una de ellas perteneciente a dos Asambleas distintas. De allí que las reformas sugeridas tengan que ser aprobadas por la actual Asamblea y por la siguiente. Sostienen los defensores del "método" que el único bueno es el de la Asamblea Nacional Constituyente Originaria. Otro argumento empleando es que "es demasiado corto el tiempo para discutir, ampliamente, las reformas presentadas".
Al parecer, toda la contra argumentación ha girado en torno al método y al tiempo. Pero, ello no hace otra cosa que dar fe de que los detractores y acérrimos críticos, escasos por cierto, del programa de propuestas constitucionales, carecen de argumentos sólidos, objetivos y científicos. Es entonces cuando los interlocutores de la Constituyente originaria se asisten de la diatriba, del argumento personal o ad hominem; y terminan proyectando una especie de defensa social cuyo contenido de los discursos evidencia la irracionalidad de sus planteamientos. Las ponderaciones por ellos formuladas no resisten eso que Robert Nozic denomina la "naturaleza de la racionalidad" y que Hessen califica como la racionalidad de la realidad.
Las propuestas martianas se perfilan a un adecentamiento y transparencia en el manejo de la cosa pública; a hacer que la inmunidad parlamentaria deje de ser un mecanismo de impunidad. Por ello, ahora, los legisladores pueden ser sujetos de detención preventiva y tocará a la Corte ordenarlo; pueden ser perseguidos sus bienes en lo civil, familiar, derecho minoril, etc. Se acabó esa perversidad de que la Asamblea autoriza el enjuiciamiento de los legisladores, eso de que para ser legislador había que pertenecer a un partido político, ahora se permitirá la libre postulación; ya no habrá más magistrados que salgan de los gobiernos ni suplentes de magistrados que son nombrados por encima de los funcionarios judiciales; se acabó esa especie de Gestapo -DRP- existente en la Contraloría. Tenemos que decirle adiós a esos ministros y altos funcionarios que ordenaban detenciones sin proceso fundamentándose en el actual Art. 33 de la Constitución, ninguno de ellos podrá ordenar detenciones más allá de las 24 horas reloj, arbitrariedad que había que eliminar de la Carta Magna. Para que los que creemos en el Poder Constituyente, sepamos que sí se ha tomado en cuenta el concepto de que el poder público sólo emana del pueblo, conforme se prevé en el Art. 2 constitucional, se ha propuesto la fórmula de la Asamblea Constituyente -paralela- bastando para ello reunir aproximadamente a un cuarto de la población electoral para que se haga viable la convocatoria, pudiendo hacerlo así el Ejecutivo o el Legislativo. Si éstos, entre otros temas, no constituyen avances en la cuestión jurídica constitucional, entonces cómo denominarlos?
Los criterios que han emitido los pocos detractores de esos avances constitucionales, se han quedado en los siguientes epítetos: "Que son reformas nefastas", "las reformas son caramelos", "las reformas son cosméticas", "superficiales", "no son íntegras", "son un parche a la Constitución", etc. Obsérvese, que no son criterios válidos para contra argumentar las propuestas serias que se han planteado. El pedido, en estricta lógica jurídica, para la viabilidad de un debate serio, importa o empieza por hacer lectura del desarrollo y evolución del constitucionalismo panameño y un claro dominio de la teoría constitucional contemporánea -recomendamos a Jurgen Haberlas-. Quienes defenestran las propuestas, se han adelantado a hacer oposición, y lo hacen de un modo muy desmejorado: una derrota democrática, auspiciada por el electorado; una legitimidad grandiosa del Presidente Electo; un escenario para hacer viable la gobernabilidad y el sistema de las libertades ciudadana empezando a funcionar.
Ya el Presidente electo Martín lo ha dicho: es el inicio, un paso agigantado -señalamos por nuestra parte-, hacia la consolidación del Estado de Derecho. La discusión no se agota en las propuestas. Se trata de un debate permanente. Pero quede claro, según lo expresan encumbrados constitucionalistas, las sociedades no se plantean tareas para las cuales no se han creado las condiciones políticas, sociales, ideológicas ni de otra naturaleza y que no puedan realizar. Una Constituyente originaria es viable frente a un golpe de Estado que produce un estado de facto, una revolución o un caos institucional que imposibilita la operatividad o funcionalidad de las instituciones existentes. Queda abierta la discusión.
(stekrakri@hotmail.com)
Ayer, cuando se puso en el banquillo de la palestra pública la transparencia en el manejo de la Administración Pública; la inmunidad parlamentaria como creadora de impunidad; lo amaniatado del Tribunal Electoral contradicho por una Corte Suprema de justicia que invalida, vía constitucional, sus decisiones; cuando tanto se ha criticado a los municipios como factores que inciden en la nula reconversión social; cuando ha sido censurada la Dirección de Responsabilidad Patrimonial, auténtica agencia de policía de la Contraloría; cuando tanto se discutió sobre el denominado control previo; y nos opusimos a la designación de dos magistrados de la Corte; cuando la comunidad discutió respecto a la necesidad de ir depurando la democracia y en ese sentido permitir libres postulaciones; cuando mucho ha sido criticada la cláusula de reforma constitucional por hacer nula la auto convocatoria ciudadana para proyectar reformas a la Constitución o redactar una nueva; en fin, estos y otros temas de claro y profundo clamor popular fueron, sencillamente, considerados en su real sentido y alcance por el Presidente electo y es así como proyectó ante el país las propuestas de reformas constitucionales.
Ahora han salido los defenestradores y arlequines de estas reformas y han criticado que son "buenas", pero que no están de acuerdo con el "método" elegido; es decir, que sea a través de la aprobación, previa discusión, en dos legislaturas, cada una de ellas perteneciente a dos Asambleas distintas. De allí que las reformas sugeridas tengan que ser aprobadas por la actual Asamblea y por la siguiente. Sostienen los defensores del "método" que el único bueno es el de la Asamblea Nacional Constituyente Originaria. Otro argumento empleando es que "es demasiado corto el tiempo para discutir, ampliamente, las reformas presentadas".
Al parecer, toda la contra argumentación ha girado en torno al método y al tiempo. Pero, ello no hace otra cosa que dar fe de que los detractores y acérrimos críticos, escasos por cierto, del programa de propuestas constitucionales, carecen de argumentos sólidos, objetivos y científicos. Es entonces cuando los interlocutores de la Constituyente originaria se asisten de la diatriba, del argumento personal o ad hominem; y terminan proyectando una especie de defensa social cuyo contenido de los discursos evidencia la irracionalidad de sus planteamientos. Las ponderaciones por ellos formuladas no resisten eso que Robert Nozic denomina la "naturaleza de la racionalidad" y que Hessen califica como la racionalidad de la realidad.
Las propuestas martianas se perfilan a un adecentamiento y transparencia en el manejo de la cosa pública; a hacer que la inmunidad parlamentaria deje de ser un mecanismo de impunidad. Por ello, ahora, los legisladores pueden ser sujetos de detención preventiva y tocará a la Corte ordenarlo; pueden ser perseguidos sus bienes en lo civil, familiar, derecho minoril, etc. Se acabó esa perversidad de que la Asamblea autoriza el enjuiciamiento de los legisladores, eso de que para ser legislador había que pertenecer a un partido político, ahora se permitirá la libre postulación; ya no habrá más magistrados que salgan de los gobiernos ni suplentes de magistrados que son nombrados por encima de los funcionarios judiciales; se acabó esa especie de Gestapo -DRP- existente en la Contraloría. Tenemos que decirle adiós a esos ministros y altos funcionarios que ordenaban detenciones sin proceso fundamentándose en el actual Art. 33 de la Constitución, ninguno de ellos podrá ordenar detenciones más allá de las 24 horas reloj, arbitrariedad que había que eliminar de la Carta Magna. Para que los que creemos en el Poder Constituyente, sepamos que sí se ha tomado en cuenta el concepto de que el poder público sólo emana del pueblo, conforme se prevé en el Art. 2 constitucional, se ha propuesto la fórmula de la Asamblea Constituyente -paralela- bastando para ello reunir aproximadamente a un cuarto de la población electoral para que se haga viable la convocatoria, pudiendo hacerlo así el Ejecutivo o el Legislativo. Si éstos, entre otros temas, no constituyen avances en la cuestión jurídica constitucional, entonces cómo denominarlos?
Los criterios que han emitido los pocos detractores de esos avances constitucionales, se han quedado en los siguientes epítetos: "Que son reformas nefastas", "las reformas son caramelos", "las reformas son cosméticas", "superficiales", "no son íntegras", "son un parche a la Constitución", etc. Obsérvese, que no son criterios válidos para contra argumentar las propuestas serias que se han planteado. El pedido, en estricta lógica jurídica, para la viabilidad de un debate serio, importa o empieza por hacer lectura del desarrollo y evolución del constitucionalismo panameño y un claro dominio de la teoría constitucional contemporánea -recomendamos a Jurgen Haberlas-. Quienes defenestran las propuestas, se han adelantado a hacer oposición, y lo hacen de un modo muy desmejorado: una derrota democrática, auspiciada por el electorado; una legitimidad grandiosa del Presidente Electo; un escenario para hacer viable la gobernabilidad y el sistema de las libertades ciudadana empezando a funcionar.
Ya el Presidente electo Martín lo ha dicho: es el inicio, un paso agigantado -señalamos por nuestra parte-, hacia la consolidación del Estado de Derecho. La discusión no se agota en las propuestas. Se trata de un debate permanente. Pero quede claro, según lo expresan encumbrados constitucionalistas, las sociedades no se plantean tareas para las cuales no se han creado las condiciones políticas, sociales, ideológicas ni de otra naturaleza y que no puedan realizar. Una Constituyente originaria es viable frente a un golpe de Estado que produce un estado de facto, una revolución o un caos institucional que imposibilita la operatividad o funcionalidad de las instituciones existentes. Queda abierta la discusión.
(stekrakri@hotmail.com)