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Constituyente contra intereses creados


El pueblo panameño ha evidenciado en las consultas del 30 de agosto de 1998 y del 2 de mayo de 1999, que la hora del cambio ha llegado.
Por encima de minorías plutocráticas que desean mantener privilegios e impedir la participación ciudadana, la campaña de recolección de firmas para exigir un referéndum donde el pueblo ejerza su derecho a decidir si quiere que se convoque o no a una Asamblea Constituyente sigue adelante en busca de la meta de 500,000 firmas que le serán presentadas a la ciudadana presidente de la República, Mireya Moscoso. La sociedad está consciente que deben producirse cambios profundos en el Estado y sus instituciones, para acabar con tanta injusticia y acaparamiento de riqueza y de privilegios en manos de una minoría.
Los maestros de la manipulación y del juega vivo han salido para repetir como loros lo que el Estado Mayor de la Guardia Nacional manifestó en 1981 "La Constituyente es un golpe de Estado" y las distintas cúpulas del PRD no cesan de amenazar que ellos van a la calle para defender a esos sectores que manejan partidas circuitales millonarias sin control, que se traen carros lujos sin pagar impuestos y que cobran por presidir Comisiones y asistir a reuniones, además de otras canonjías e inmunidades.
Hoy cuando el pueblo reclama atención al Hospital Santo Tomás y otros centros de salud; que se exige investigar sin contemplaciones y de ser necesario detener, a esos saqueadores de los bienes públicos que almuerzan y se pavonean en lujos restaurantes, mientras que no hay dinero para generar más puestos de trabajo, hay quienes tratan de apuntalar un andamiaje de corrupción que es la génesis de todos esos males.
La Asamblea Constituyente busca construir las bases de un genuino sistema democrático, basado precisamente en la participación del pueblo, quien es en este proceso, su principal protagonista. Quienes desean que la desigualdad social y la marginación de las mayorías se mantengan, son los primeros en decir que los panameños somos más brutos y menos democráticos que los pueblos de Colombia, Paraguay, Ecuador, Venezuela o Sudáfrica, que se dieron procesos constituyentes frente a modelos desfasados y anquilosados que no atendían las necesidades reales de las mayorías.
Los adalides de los intereses creados, quieren cerrarle el paso a la participación popular y a la modernización progresista del sistema democrático. No nos dejamos confundir, la movilización nacional para recuperar las banderas históricas de la dignidad se ha iniciado y los maestros de la transacción y el "muñequeo" poco podrán hacer para poder detener a un pueblo que ya decidió, quienes se van para el tinaco de la historia.

101 años de Panamá América

 
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