Construyendo confianza y seguridad
En mi artículo de hoy quiero ocuparme de dos hechos de singular importancia que tuvieron lugar en Panamá, el pasado 29 de noviembre, y en la República de Chile, los días 29 y 30, también de noviembre, ambos inscritos dentro del necesario proceso de construir confianza y seguridad entre los estados del continente americano, para asegurar la paz y estabilidad de la región.
El primero de esos acontecimientos tuvo lugar en la comunidad de Boquete y fueron sus protagonistas principales la presidenta, doña Mireya Moscoso y el presidente de Costa Rica, Miguel Angel Rodríguez. En él se conmemoró la firma del tratado Arias-Calderón Guardia que hace 60 años demarcó la frontera entre nuestros dos países.
En un continente en el que todavía subsisten problemas limítrofes que con frecuencia han dado lugar a confrontaciones graves, es significativo destacar que desde hace sesenta años Costa Rica y Panamá, gracias a la visión de los presidentes Arnulfo Arias Madrid y Rafael Angel Calderón Guardia llegaron a un acuerdo para fijar la frontera común, superando de manera armónica los diferendos que dieron lugar a la llamada Guerra de Coto. Desde entonces se sentaron las bases para una relación basada en el respeto mutuo y en la confianza que felizmente subsiste y se fortalece como quedó demostrado en el encuentro de los presidentes Moscoso y Rodríguez.
La conmemoración de ese hecho histórico, aunque de por sí importante, gracias a la decisión de nuestros jefes de Estado ha cobrado una proyección excepcional por cuanto fue aprovechada para proponer que los países del Istmo Centroamericano promuevan la reducción de los gastos militares en la América Latina, para dedicar los ahorros que se obtengan a atender necesidades más urgentes de nuestros pueblos.
Los pasados días 29 y 30 de noviembre estuve en Santiago de Chile para participar, en representación de la Organización de los Estados Americanos, por mi condición de presidente de la Comisión de Seguridad Hemisférica, en la "Presentación y Reunión Gubernamental sobre metodología estandarizada para comparar Gastos de Defensa y su aplicación en Argentina y Chile".
El tema de la seguridad hemisférica viene siendo revisado desde hace varios años, en vista de la convicción cada vez más generalizada de que se necesita un nuevo esquema que reemplace la concepción imperante después de la terminación de la Segunda Guerra Mundial, cuyo manifestación más concreta es el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, el TIAR, suscrito en 1947 y también conocido como el Tratado de Río.
Cómo y cuándo llegar a concretar un nuevo marco jurídico-político que contemple las nuevas realidades y los nuevos enfoques de la seguridad hemisférica son acciones actualmente en curso en diferentes foros regionales y, especialmente, en la OEA. Esta tiene prevista la celebración de la Conferencia Especial de Seguridad ordenada por los jefes de Estado y de Gobierno en la Tercera Cumbre de las Américas para, a más tardar, el año 2004, pero cuyas tareas preparatorias los ministros de Relaciones Exteriores ordenaron acelerar en sus reuniones del pasado 21 de septiembre, convocadas para tomar acciones como resultado de los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre pasado, para celebrarla lo antes posible.
El encuentro de Santiago tuvo el significado especial de destacar como Argentina y Chile están dando pasos concretos para fortalecer la confianza entre los dos países mediante la adopción de una metodología estándar para medir el gasto de defensa. Si este ejemplo fuera imitado por todos los países del continente, podría ser el germen de acciones posteriormente concertadas para iniciar la reducción gradual del gasto militar en beneficio del gasto social, como se propuso en la reciente Cumbre del Grupo de Río.
Esa medida, al igual que la oportunamente tomada por los presidentes Rodríguez y Moscoso son pasos concretos que, en su intención última, contribuyen a un mismo propósito que ojalá podamos concretar a corto plazo, de reducir sustancialmente el gasto militar como una manera de aliviar el peso fiscal de su exagerado monto y para liberar recursos para los que, como destacó nuestra presidenta en su discurso, "existen en nuestras naciones muchos mejores usos".
El primero de esos acontecimientos tuvo lugar en la comunidad de Boquete y fueron sus protagonistas principales la presidenta, doña Mireya Moscoso y el presidente de Costa Rica, Miguel Angel Rodríguez. En él se conmemoró la firma del tratado Arias-Calderón Guardia que hace 60 años demarcó la frontera entre nuestros dos países.
En un continente en el que todavía subsisten problemas limítrofes que con frecuencia han dado lugar a confrontaciones graves, es significativo destacar que desde hace sesenta años Costa Rica y Panamá, gracias a la visión de los presidentes Arnulfo Arias Madrid y Rafael Angel Calderón Guardia llegaron a un acuerdo para fijar la frontera común, superando de manera armónica los diferendos que dieron lugar a la llamada Guerra de Coto. Desde entonces se sentaron las bases para una relación basada en el respeto mutuo y en la confianza que felizmente subsiste y se fortalece como quedó demostrado en el encuentro de los presidentes Moscoso y Rodríguez.
La conmemoración de ese hecho histórico, aunque de por sí importante, gracias a la decisión de nuestros jefes de Estado ha cobrado una proyección excepcional por cuanto fue aprovechada para proponer que los países del Istmo Centroamericano promuevan la reducción de los gastos militares en la América Latina, para dedicar los ahorros que se obtengan a atender necesidades más urgentes de nuestros pueblos.
Los pasados días 29 y 30 de noviembre estuve en Santiago de Chile para participar, en representación de la Organización de los Estados Americanos, por mi condición de presidente de la Comisión de Seguridad Hemisférica, en la "Presentación y Reunión Gubernamental sobre metodología estandarizada para comparar Gastos de Defensa y su aplicación en Argentina y Chile".
El tema de la seguridad hemisférica viene siendo revisado desde hace varios años, en vista de la convicción cada vez más generalizada de que se necesita un nuevo esquema que reemplace la concepción imperante después de la terminación de la Segunda Guerra Mundial, cuyo manifestación más concreta es el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, el TIAR, suscrito en 1947 y también conocido como el Tratado de Río.
Cómo y cuándo llegar a concretar un nuevo marco jurídico-político que contemple las nuevas realidades y los nuevos enfoques de la seguridad hemisférica son acciones actualmente en curso en diferentes foros regionales y, especialmente, en la OEA. Esta tiene prevista la celebración de la Conferencia Especial de Seguridad ordenada por los jefes de Estado y de Gobierno en la Tercera Cumbre de las Américas para, a más tardar, el año 2004, pero cuyas tareas preparatorias los ministros de Relaciones Exteriores ordenaron acelerar en sus reuniones del pasado 21 de septiembre, convocadas para tomar acciones como resultado de los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre pasado, para celebrarla lo antes posible.
El encuentro de Santiago tuvo el significado especial de destacar como Argentina y Chile están dando pasos concretos para fortalecer la confianza entre los dos países mediante la adopción de una metodología estándar para medir el gasto de defensa. Si este ejemplo fuera imitado por todos los países del continente, podría ser el germen de acciones posteriormente concertadas para iniciar la reducción gradual del gasto militar en beneficio del gasto social, como se propuso en la reciente Cumbre del Grupo de Río.
Esa medida, al igual que la oportunamente tomada por los presidentes Rodríguez y Moscoso son pasos concretos que, en su intención última, contribuyen a un mismo propósito que ojalá podamos concretar a corto plazo, de reducir sustancialmente el gasto militar como una manera de aliviar el peso fiscal de su exagerado monto y para liberar recursos para los que, como destacó nuestra presidenta en su discurso, "existen en nuestras naciones muchos mejores usos".