Contaminación en el área canalera
Hasta el momento todos los esfuerzos y recursos diplomáticos del país han sido distraídos en el hasta ahora frustrado intento de alcanzar un convenio para el establecimiento de un Centro Multinacional Antidrogas (CMA).
El hecho es que el CMA ha desviado nuestra atención de un problema inmediato y potencialmente más grave para el futuro del país y las generaciones venideras: la contaminación de artefactos bélicos en los polígonos de tiro de las áreas revertidas.
Los tratados canaleros no son claros sobre la obligación norteamericana de limpiar esas áreas que alcanzan las 6,000 acres, de las que según el Washington Post, apenas se han saneado 90, eliminando 250 explosivos y 80 toneladas de material de desecho (Seye F. Kovaleski, El Panamá América, 5IV98, p.A2).
Lo anterior significa que del total de las áreas contaminadas, sólo se ha podido limpiar el 1.5%, faltando menos de dos años para su reversión a Panamá.
Los expertos señalan que no existe tecnología que permita la total limpieza de las áreas, por lo que se sugiere cercarlas y destinarlas para reserva forestal. El mismo terreno es boscoso y quebrado, lo que hace difícil dicha labor.
Pero ese no es el caso. Lo principal a nuestro juicio es encaminar esfuerzos diplomáticos que conlleven a la aceptación del gobierno norteamericano de su obligación permanente de descontaminar esas áreas al ritmo que lo permita la tecnología, incluso después de la reversión, no importa las dificultades y su costo.
Si por casi 90 años se han ocupado de sembrarlas de explosivos, bien harían en ocuparse otro tanto en limpiarlas. Seguramente el esfuerzo será mucho menos costoso que los billones de dólares que dilapidan cada año en perfeccionar sus armas contra un enemigo hipotético.
Los tratados canaleros son ambiguos, porque de un lado prevén el compromiso norteamericano de eliminar los peligros ambientales, pero del otro advierten que tal se hará "en la medida que sea viable", con el agravante de que la redacción no deja claro que dicha obligación continúa después de la reversión.
Según el citado diario estadounidense, citando a un vocero de la Felowship of Reconciliation, una organización pacifista de ese país, el Pentágono quiere gastar lo menos posible en el proceso y procura no comprometerse a un esfuerzo futuro de limpieza para no crear precedente.
Siendo así, parece recomendable que Panamá dirija sus esfuerzos diplomáticos en el sentido de comprometer de hecho y derecho a Estados Unidos en la continuación de su compromiso para descontaminar el área canalera, incluso más allá de su reversión. Y, lo que es más importante, evitar que gobierno nacional alguno ceda a la tentación de aceptar compensaciones económicas en sustitución de tal compromiso.
El hecho es que el CMA ha desviado nuestra atención de un problema inmediato y potencialmente más grave para el futuro del país y las generaciones venideras: la contaminación de artefactos bélicos en los polígonos de tiro de las áreas revertidas.
Los tratados canaleros no son claros sobre la obligación norteamericana de limpiar esas áreas que alcanzan las 6,000 acres, de las que según el Washington Post, apenas se han saneado 90, eliminando 250 explosivos y 80 toneladas de material de desecho (Seye F. Kovaleski, El Panamá América, 5IV98, p.A2).
Lo anterior significa que del total de las áreas contaminadas, sólo se ha podido limpiar el 1.5%, faltando menos de dos años para su reversión a Panamá.
Los expertos señalan que no existe tecnología que permita la total limpieza de las áreas, por lo que se sugiere cercarlas y destinarlas para reserva forestal. El mismo terreno es boscoso y quebrado, lo que hace difícil dicha labor.
Pero ese no es el caso. Lo principal a nuestro juicio es encaminar esfuerzos diplomáticos que conlleven a la aceptación del gobierno norteamericano de su obligación permanente de descontaminar esas áreas al ritmo que lo permita la tecnología, incluso después de la reversión, no importa las dificultades y su costo.
Si por casi 90 años se han ocupado de sembrarlas de explosivos, bien harían en ocuparse otro tanto en limpiarlas. Seguramente el esfuerzo será mucho menos costoso que los billones de dólares que dilapidan cada año en perfeccionar sus armas contra un enemigo hipotético.
Los tratados canaleros son ambiguos, porque de un lado prevén el compromiso norteamericano de eliminar los peligros ambientales, pero del otro advierten que tal se hará "en la medida que sea viable", con el agravante de que la redacción no deja claro que dicha obligación continúa después de la reversión.
Según el citado diario estadounidense, citando a un vocero de la Felowship of Reconciliation, una organización pacifista de ese país, el Pentágono quiere gastar lo menos posible en el proceso y procura no comprometerse a un esfuerzo futuro de limpieza para no crear precedente.
Siendo así, parece recomendable que Panamá dirija sus esfuerzos diplomáticos en el sentido de comprometer de hecho y derecho a Estados Unidos en la continuación de su compromiso para descontaminar el área canalera, incluso más allá de su reversión. Y, lo que es más importante, evitar que gobierno nacional alguno ceda a la tentación de aceptar compensaciones económicas en sustitución de tal compromiso.