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Contaminaciones: Bases y Bahía


Hasta la fecha, la diplomacia panameña, cuando regresa de Norteamérica, muestra una faz muy sonriente y ha acostumbrado a declarar que las relaciones con ese país son un mar de leche y que todo será logrado. Estados Unidos (EU) se ha negado a descontaminar las bases militares que utilizaron durante la II Guerra Mundial con pruebas de armas químicas, y sólo han dejado en tales sitios de alto peligro un simple letrero para que los transeúntes no ingresen a tales trampas de la muerte. Pero, sobre todo, con Norteamérica vivimos en el mejor de los mundos, y la propaganda que montan aquí nuestros gobiernos es una especie de reiteración de algunos versos del Himno, en donde "es preciso cubrir con un velo, la cruz del pasado calvario".
Panamá cedió todo en el Tratado con que nos madrugó Bunau-Varilla, el 18 de noviembre de 1903, y algunos tratados posteriores contienen obligaciones de descontaminación, pero con el estilo "doy y quito", en que es ducha la diplomacia norteamericana, con sus frases "hasta donde sea posible" y promesas semejantes. Nos han parecido aceptables esas cláusulas de dudosa fraseología y de daño taxativo para la República. La descontaminación de bases militares ha recibido, en los últimos tiempos, un rotundo NO por parte de EU, pero nuestra diplomacia continúa con su tradicional rostro de felicidad y silencio.
Acabamos de leer que para sanear la Bahía de Panamá, las generosas y caritativas (IFI"s) entidades bancarias bien conocidas como el BID (que aportará $142 millones), del Banco Japonés de Cooperación Internacional (JBIC), que aportará $150 millones), más Panamá (por $30 millones), financiarán dicho saneamiento, en el período de nueve años, con el regalo de que "se generarán siete mil empleos, lo cual ocasionará un impacto en la economía nacional", según la noticia que estamos glosando.
¿Sabemos los panameños de hoy por qué y con qué se ha contaminado la Bahía de Panamá? Conforme al Tratado del Canal que firmó Bunau (artículo VII), el país concedió a Norteamérica el derecho de dominio eminente en las bahías de Panamá y Colón, en el territorio adyacente a ellas, así como la facultad "para la construcción, saneamiento, funcionamiento y protección del Canal" y "para cualesquiera obras de saneamiento, tales como la recogida y desagüe de inmundicias y la distribución de agua en las ciudades terminales canaleras". Norteamérica necesitaba un acueducto para la Zona del Canal, y que las ciudades de Panamá y Colón fueran saneadas contra el paludismo y la fiebre amarilla, por lo cual construirían acueductos y albañales de las dos urbes terminales del Canal.
Nada de ello iba a ser gratis, porque en el mismo Art. VII, Norteamérica se reservó el derecho de "cobrar las contribuciones de agua y de albañales que sean suficientes para proveer al pago de los intereses y a las amortizaciones del capital invertido en esas obras, en un período de cincuenta años". En virtud de ello, panameños y colonenses estuvimos pagando la amortización del costo de acueductos y albañales por 50 años, a cuyo fin tales obras pasaron a propiedad de nuestro país, bastante usadas y depreciadas. Incluso, pagábamos la recolección norteamericana de la basura panameña y colonense.
Para "ahorro" de las ciudades terminales, los norteamericanos concibieron la genial idea de que para "la recogida y desagüe de inmundicias", las cloacas finales lanzaran sus "productos" en la inmediata Bahía de Panamá. Y los panameños, en forma "alegre y confiada", nos bañábamos en las playas de El Chorrillo, Santo Domingo, Bella Vista y San Francisco, hasta cuando ya "las inmundicias" de la Bahía no lo permitieron.
La genialidad constructora norteamericana fue la responsable de la mayúscula contaminación de la Bahía de Panamá, porque ellos decidieron todo lo relativo al acueducto y los albañales, incluyendo las "inmundicias".
Norteamérica fue la solitaria causante de la contaminación de la Bahía y entre nosotros, a ningún gobernante genial se le ocurrió siquiera plantear una indemnización que nos debe EU por tal hazaña. Contrariamente, continuaremos apretándonos el cinturón de nuestra miseria, porque la esplendidez de las IFI"s nos prestará el costo de $322 millones "para sanear la Bahía", que otros contaminaron al ahorrarse llevar los detritus mucho más allá y tratar esas aguas negras de otro modo.
La genialidad de nustros gobernantes ha salvado siempre nuestro porvenir y también la pasividad carnestoléndica (legítimo "panameñismo) de nuestro pueblo, la mayor parte de las veces.

101 años de Panamá América

 
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