Contenidos rojos de un discurso
Razón tenía Simón Bolívar cuando advertía que a la sombra de la ignorancia, avanzaba el crimen. Poderosa organización es la FARC. Bajo el auspicio de un gobierno cómplice, y que no es el suyo, ha logrado desatar rumores de guerras entre Colombia, Ecuador y Venezuela.
El disenso que siembra la sonada de la metralla en medio de las confrontaciones entre guerrillas y fuerzas policivas de Colombia, y la muerte de quien, según el prontuario policivo, debía muchas vidas acompañadas de la ejecución de otros delitos, llega a los extremos de que entre naciones hermanas se han roto las relaciones diplomáticas con el consiguiente retiro del personal de las embajadas respectivas.
Panamá no escapa del enturbio de las relaciones con nuestros países vecinos, tan así que miembros confesos de la aludida organización guerrillera, están detenidos en nuestro suelo y dicen reclamar su inmediata liberación tras la puesta en duda de un comunicado que, apologéticamente, encierra una amenaza clara a nuestra soberanía y estabilidad social. Insistimos, en medio de esta situación, que para muchos creíamos olvidada y relegada en los archivos del pasado más remoto, nos parece espeluznante todo lo que viene aconteciéndose con nuestra política en la región. Presidentes que se ofenden unos a otros, a los extremos de parecer brabucones de callejuelas, con un discurso que recoge amenazas de demandas, procesos que se inician exigiendo responsabilidades internacionales, tambores que suenan en las selvas colombianas augurando reivindicar la muerte de un ex jefe de las FARC, dan muestras de que, como dijera el poeta chorrerarno, Moisés Castillo Ocaña, "soplan vientos fuetes, fuertes y es que vienen rezumbando los caballos de la muerte".
A la sombra de la complicidad inmediata de gobernantes, el crimen organizado, con muecas de movimientos guerrilleros, avanza, se desarrolla, levanta estandartes que recogen a miles y hasta millones de almas incautas y que dicen llamarse "revolucionarias", pero que, en puridad de verdades, están empobrecidas de espíritu y sin mayores metas que ver correr la sangre de inocentes vidas y cuando no la destrucción de líderes secuestrados por haber cometido el pecado de proclamar una reivindicación social pero muy al margen de los contenidos rojos del discurso de l a violencia. Las FARC tienen el derecho a protestar, nadie se lo quita, pero no hay justificación que legitime la muerte lenta de vidas y menos cuando ésta se ejecuta con intenciones de alevosía, placer, o como medio o instrumentos para acceder a otros fines.
Panamá, sin ser beligerante, debe hacer o formular llamados a la cordura, a la mesura, a diálogos fecundos y bien intencionados de paz, con lo cual aquilataría su posición de ser siempre un país neutral.
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