Contra el tráfico y posesión de armas
El delito nunca es un hecho aislado. Los hechos dicen que la mayoría de los homicidios y los robos se cometen con armas de fuego. El aumento de los dígitos del crimen, en lo que a estos dos graves delitos se refiere, tiene que ver entonces con una mayor disponibilidad y la posesión ilícita de armas de fuego de todo tipo. El tráfico de armas, así como la repartición de armas lícitas para su uso ilegal, es el resultado de redes criminales asociadas al narcotráfico y al crimen organizado en general. El hecho de que estas redes criminales operen en nuestros barrios y lo hagan a través de una población muy joven y bajo las narices de las instituciones de seguridad, nos lleva a la conclusión de que el Estado panameño está perdiendo su capacidad de perseguir el delito y que la otra cara de ese fenómeno es lo que hoy llamamos aumento de la criminalidad.
La solución es entonces mejorar los niveles de profesionalismo e integridad en las fuerzas de policía, seguridad y justicia, y no sólo aumentar el calibre de las armas que usarán los agentes de la Fuerza Pública. Un mayor presupuesto en armamento sin el debido entrenamiento y sin la necesaria depuración ética de los organismos de seguridad, no nos traerá la solución y, más bien, podría agravar el problema. Porque para combatir el delito no sólo hay que equipar a los agentes del orden, también hay que poner orden en las restantes instituciones del sistema de seguridad y en el de justicia. La aspiración más alta de un pueblo no consiste en que la policía se bata a tiros con éxito, sino en que se haga justicia. La prevención daría un gran avance si se enfocara en la erradicación del tráfico y posesión ilícita de armas de fuego.
La solución es entonces mejorar los niveles de profesionalismo e integridad en las fuerzas de policía, seguridad y justicia, y no sólo aumentar el calibre de las armas que usarán los agentes de la Fuerza Pública. Un mayor presupuesto en armamento sin el debido entrenamiento y sin la necesaria depuración ética de los organismos de seguridad, no nos traerá la solución y, más bien, podría agravar el problema. Porque para combatir el delito no sólo hay que equipar a los agentes del orden, también hay que poner orden en las restantes instituciones del sistema de seguridad y en el de justicia. La aspiración más alta de un pueblo no consiste en que la policía se bata a tiros con éxito, sino en que se haga justicia. La prevención daría un gran avance si se enfocara en la erradicación del tráfico y posesión ilícita de armas de fuego.