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Contra los anexionistas


Resulta poco menos que sorprendente la vitalidad de la nación panameña para sobrevivir a la dominación imperialista en el plano político y económico, como en las consecuencias psicológicas de ello. Es que de verdad existe una psicología del oprimido, una manera de ser de los colonizados que la recién obtenida libertad no cambia o altera. Es que de verdad existen en los recién libertos "un miedo a la libertad".
Jean Paul Sartre recordaba, en aquel memorable prólogo al libro de Franz Fanon que, cuando en la metrópoli hablaban de libertad o de igualdad, en la colonia una pequeña elite repetía como un eco lejano, dad...dad. Y se creían modernos, civilizados, cultos. Ya antes, un siglo antes, el chileno Alberto Blest Gana había llamado a los colonizados de su tiempo, trasplantados.
Por ello no debiera extrañarme que, de manera recurrente, en Panamá se levanten voces clamando para que retornen los soldados de Estados Unidos. Es que la libertad adquirida es de reciente data y es incompleta aún, lo que no ha podido erradicar la mentalidad de colonizados de muchos.
¿Qué es lo que añoran? De seguro que ni la cultura o la ciencia o la tecnología acumulada por el pueblo norteamericano. No, lo que añoran es la presencia de la soldadesca y lo que la acompaña. De verdad que no me extraña esa actitud y lo que me sorprende positivamente es la vitalidad de nuestro pueblo para conservar, dramáticamente y en retazos, su identidad de pueblo latinoamericano. En ello no nos quedamos a la saga de otros pueblos caribeños con quienes formamos una sola entidad cultural. Haití (invadido por Estados Unidos innumerable veces), República Dominicana, Puerto Rico (aún hoy ocupado) y Cuba (hoy libre, pero bloqueada criminalmente por el imperialismo durante 40 años) han sido testigos y partes de una común historia de infamias. ¿Y Panamá? Desde 1850 podemos contabilizar cerca de 15 intervenciones del ejército de Estados Unidos, sin contar su permanente presencia durante, por lo menos, un siglo. Y todavía nuestros anexionistas piden a gritos la vuelta de la soldadesca norteamericana y bases militares extranjeras en nuestro territorio.
222Parece claro que los que nos definimos por una patria plena, soberana y democrática no nos queda más remedio que seguir el combate por el que han caído los mejores hijos del país.
Parece claro que los que nos definimos por una patria plena, soberana y democrática no nos queda más remedio que seguir el combate por el que han caído los mejores hijos del país. Aclaro que se puede ser anexionista consciente o inconscientemente. Los primeros (periodistas, profesionales y empresarios) saben perfectamente lo que dicen, y quieren y no ocultan su regocijo cuando piden un plebiscito democrático para poner un dogal en el cuello del país. Es una lumpenburguesía que no se ruboriza de sus actos de fariseos. Los otros, los miserables, los pobres que no son capaces de reflexionar sobre la causa de su pobreza, los infelices que sueñan con un mundo mejor obtenido sin esfuerzo, esos piden la vuelta de las bases militares como supuesta tabla de salvación de su situación precaria. Como no puede identificar las causas profundas de la miseria en que vive y a los causantes del rápido proceso de pauperización a que está sometido, lo atribuye a segmentos de la población más débiles: los emigrantes asiáticos, dominicanos y colombianos. Mera psicología del oprimido. Como no me atrevo combatir a los verdaderos explotadores, combato contra los que están más abajo que nosotros en la sociedad colonial. Y como complemento, pido a gritos que vuelvan los "fuertes y ricos dominadores".
Sólo digo que no se equivoquen. Los que no queremos la anexión, herederos de Justo Arosemena, de Mateo Iturralde, de Diógenes de la Rosa, de Rodrigo Miró y de Ricaurte Soler y que hemos bebido en ellos el amor a la Patria, daremos una dura batalla por mantener nuestra independencia.
La crisis beliceña ha sido uno de los problemas más conflictivos de la región, que, incluso, temer una invasión guatemalteca en los años ochenta.
Según el Dr. Denis MacShane, Jefe de Asunto Latinoamericanos del Ministerio Británico del Exterior, "Londres cree que las propuestas emitidas por la OEA, terminarán la disputa territorial de manera honorable y mutuamente aceptable".
"Se ha logrado un significativo progreso por Belice y Guatemala. Animamos a los dos países a continuar sus esfuerzos por resolver su disputa territorial de una vez por todas. Una resolución a este problema de larga duración daría un excelente ejemplo al resto de la región.", afirmó MacShane.
"La ratificación de la propuesta por las poblaciones de ambos países les proveería con nuevas oportunidades de cooperación y ayudaría a sus mutuas aspiraciones de prosperidad duradera", agregó el diplomático británico.
Esperemos que el fin de las tensiones entre Belice y Guatemala permita la integración centroamericana, un paso grande para el desarrollo conjunto de la región.
Pero el avance diplomático que han gestionado tanto el gobierno británico como la OEA sólo fue el complemento a un proceso de acercamiento mutuo entre los pueblos beliceño y guatemalteco, quienes como ya comprobamos, se respetan como naciones soberanas y conviven en paz.

101 años de Panamá América

 
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