Contrabando de armas
El contrabando de armas es una vieja dolencia geopolítica en Panamá, como el narcotráfico y la emigración ilegal. Resulta una intermediación territorial inevitable para redistribuir la mercancía ilegal hacia Centroamérica o Sudamérica. En la época de las guerrillas centroamericanas de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, las armas llegaban por vía marítima a Panamá desde Europa - Checoslovaquia o Alemania Oriental - para apoyar a los "contras" y a los grupos que combatían la subversión.
El Panamá de Noriega fue usado, previo pago al dictador y sus sicarios, como puente de remisión de armas financiadas por las agencias de inteligencia norteamericanas bajo cuerda, para burlar las prohibiciones. Muestra flagrante del trasiego de armas fue el descubrimiento del barco Pía Vesta en 1987 que pasó por el canal supuestamente rumbo al Perú, pero en el camino se desvió el cargamento hacia El Salvador. Noriega incautó el Pía Vesta y su cargamento, fingiendo que desconocía el tráfico de armas que impulsó con pilotos panameños mercenarios.
Durante el gobierno de Endara, un traficante austríaco falsificó documentos de exportación en el Consulado de Panamá en Barcelona para contrabandear armas de guerra. El documento original solicitó permiso para enviar a Panamá equipos industriales de refrigeración; luego se alteró la orden de exportación y se usó para el despacho de armas checoslovacas a la zona de guerra de la ex Yugoslavia. Tiempo después, la fábrica de armas del estado argentino durante el gobierno de Carlos Menem usó en forma inicua el nombre de Panamá para transportarlas a Ecuador en guerra con el Perú.
Pero el más activo contrabando usa el corredor marítimo panameño para abastecer a los bandos de la guerra subversiva de Colombia. Las armas proceden de saldos escondidos de las guerrillas de Nicaragua y El Salvador que mercadean traficantes de origen israelita. Conociendo estos antecedentes, Panamá debe mantenerse en alerta, ya para no ser utilizada como lugar de tránsito, ya como escenario de agresión fronteriza, ya contra el tráfico interno de armas empleados por delincuentes comunes.
En el asalto reciente a la camioneta blindada de una agencia de seguridad, los delincuentes dispararon metralletas AK- 47. El contrabando de armas se ha convertido en parte de la problemática de la inseguridad panameña. El problema convive con nosotros. Hagámosle frente con inteligencia y perseverancia.
Me duele al máximo admitirlo, pero de no ser por los crímenes que extranjeros cometen en nuestra frontera con Colombia yo, y creo que muchos panameños, no habríamos aprendido, quizá por desidia en mi caso, los nombres de Nazaret, La Miel, La Bonga, Paya, Púcuro y Boca de Cupe (aunque Monseñor Emiliani hizo una buena labor en este sentido).
En fin, las cuatro personas asesinadas eran panameños que merecían un mejor servicio no sólo de los gobiernos de turno, sino de toda la ciudadanía. No debemos olvidar que Darién, Bocas del Toro y las comarcas indígenas han sido olvidados siempre por tirios y troyanos.
¿Los recordaremos hoy y siempre o esperaremos hasta una nueva tragedia? Lamento decir que es una forma nuestra de discriminar contra compatriotas que en su mayoría son negros e indígenas.
De todo lo expuesto debemos llegar a los mejores análisis y acciones. Lástima que estemos enfrascados en el inicio tempranísimo de una campaña electoral y de lo que, en mi opinión, debe ser una lucha titánica por erradicar el reparto del gobierno entre los dos grupos políticos dominantes que, en su momento, han actuado como meros espectadores de la tragedia que aflige a Panamá.
El Panamá de Noriega fue usado, previo pago al dictador y sus sicarios, como puente de remisión de armas financiadas por las agencias de inteligencia norteamericanas bajo cuerda, para burlar las prohibiciones. Muestra flagrante del trasiego de armas fue el descubrimiento del barco Pía Vesta en 1987 que pasó por el canal supuestamente rumbo al Perú, pero en el camino se desvió el cargamento hacia El Salvador. Noriega incautó el Pía Vesta y su cargamento, fingiendo que desconocía el tráfico de armas que impulsó con pilotos panameños mercenarios.
Durante el gobierno de Endara, un traficante austríaco falsificó documentos de exportación en el Consulado de Panamá en Barcelona para contrabandear armas de guerra. El documento original solicitó permiso para enviar a Panamá equipos industriales de refrigeración; luego se alteró la orden de exportación y se usó para el despacho de armas checoslovacas a la zona de guerra de la ex Yugoslavia. Tiempo después, la fábrica de armas del estado argentino durante el gobierno de Carlos Menem usó en forma inicua el nombre de Panamá para transportarlas a Ecuador en guerra con el Perú.
Pero el más activo contrabando usa el corredor marítimo panameño para abastecer a los bandos de la guerra subversiva de Colombia. Las armas proceden de saldos escondidos de las guerrillas de Nicaragua y El Salvador que mercadean traficantes de origen israelita. Conociendo estos antecedentes, Panamá debe mantenerse en alerta, ya para no ser utilizada como lugar de tránsito, ya como escenario de agresión fronteriza, ya contra el tráfico interno de armas empleados por delincuentes comunes.
En el asalto reciente a la camioneta blindada de una agencia de seguridad, los delincuentes dispararon metralletas AK- 47. El contrabando de armas se ha convertido en parte de la problemática de la inseguridad panameña. El problema convive con nosotros. Hagámosle frente con inteligencia y perseverancia.
Me duele al máximo admitirlo, pero de no ser por los crímenes que extranjeros cometen en nuestra frontera con Colombia yo, y creo que muchos panameños, no habríamos aprendido, quizá por desidia en mi caso, los nombres de Nazaret, La Miel, La Bonga, Paya, Púcuro y Boca de Cupe (aunque Monseñor Emiliani hizo una buena labor en este sentido).
En fin, las cuatro personas asesinadas eran panameños que merecían un mejor servicio no sólo de los gobiernos de turno, sino de toda la ciudadanía. No debemos olvidar que Darién, Bocas del Toro y las comarcas indígenas han sido olvidados siempre por tirios y troyanos.
¿Los recordaremos hoy y siempre o esperaremos hasta una nueva tragedia? Lamento decir que es una forma nuestra de discriminar contra compatriotas que en su mayoría son negros e indígenas.
De todo lo expuesto debemos llegar a los mejores análisis y acciones. Lástima que estemos enfrascados en el inicio tempranísimo de una campaña electoral y de lo que, en mi opinión, debe ser una lucha titánica por erradicar el reparto del gobierno entre los dos grupos políticos dominantes que, en su momento, han actuado como meros espectadores de la tragedia que aflige a Panamá.