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Contratiempos de un ministro


La cruzada del ministro del Interior argentino, Carlos Corach, en Washington la semana pasada en la que sonó la alarma sobre el terrorismo islámico, el contrabando y el narcotráfico en la frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, tuvo puntos en común con el mundo al revés de Lewis Carrol, el de Alicia en el País de las Maravillas.
Esta es una opinión bastante generalizada entre observadores, diplomáticos y ámbitos oficiales entrevistados tras el despliegue verbal del ministro que se proyectó como abanderado de la lucha contra el terrorismo y la corrupción, cuando en realidad su gobierno ha sido objeto de duras críticas por sus dilatadas reacciones ante estos fenómenos.
"Hemos transmitido (al gobierno de Estados Unidos)", declaró en una rueda de prensa al concluir su visita, "de que la seguridad en las áreas críticas de frontera como la triple frontera "es el problema más grave" que enfrentan Argentina, Brasil y Paraguay.
"Tuvimos que recordarle de que fue el presidente (Bill) Clinton quien colocó el problema de la triple frontera en el tapete durante su visita a Buenos Aires el año pasado", dijo un alto funcionario que pidió quedar anónimo a este corresponsal.
En un caso, dijo, casi se quebró la etiqueta y cordura diplomática que normalmente rigen en estas visitas bilaterales, cuando Corach sugirió que considerara que el apoyo de Estados Unidos a los esfuerzos de su gobierno por contener al terrorismo eran insuficientes.
"El representante de un gobierno que aún no ha logrado esclarecer actos de terrorismo antisemita que costaron la vida de veintenas de personas en su propia capital, no es exactamente la persona más indicada para dar cátedra de como debemos encarar el problema", declaró un embajador que habló a condición de no se revele su nombre.
Una de las pocas aseveraciones de Corach que no fueron rebatidas fue el interés que expresó en nombre de su gobierno por participar en el proyecto Centro Multilateral Antidrogas en Panamá. No obstante, un alto funcionario del departamento de Estado indicó que el tema no fue abordado en las conversaciones bilaterales, contrario a lo que Corach había indicado.
Preguntado si el reciente interés desplegado por el gobierno argentino por la seguridad fronteriza y la supuesta presencia de células de fundamentalistas islámicos no se debía a la preocupación que el presidente Clinton había expresado durante su visita a Argentina en octubre de año pasado, Corach respondió:
"No, no no, absolutamente. El tema fue empezado a focalizar a raíz de las investigaciones sobre los atentados de la AMIA y la embajada (de Israel) en 92 y 94 y en 1995 empezamos a trabajar en la concientización del problema grave de seguridad de la frontera y en 1996 alcanzamos el primer acuerdo de coordinación de seguridad de Brasil y Paraguay... eso fue muy anterior al Presidente Clinton, pero nosotros celebramos la preocupación que los tres países han señalado en numerosas oportunidades, haya finalmente a sido receptada por las autoridades de Estados Unidos".
En su autoevaluación durante un encuentro con la prensa tras sus reuniones oficiales, el ministro dijo:
"¿Qué evaluación estoy haciendo de esta visita? Nosotros hemos entrevistado, hecho entrevistas en el departamento de Estado, no hemos entrevistado con Kim McKuen también con el señor Peter Romero, en ambos casos hemos escuchado con atención y hemos obtenido el compromiso de colocar con equipamiento y entrenamiento para incrementar la seguridad en las áreas fronterizas.
Llamó la atención de que en su presentación Corach en ningún momento hizo referencia a una misión similar que efectuara el director de la Secretaría de Inteligencia del Estado, Hugo Anzoreguy, en diciembre y que resultó en el envió de dos misiones de la CIA y del departamento de Estado que visitaron Brasil, Paraguay y Argentina antes de fin de año. Tampoco mencionó la labor en ese sentido del exembajador argentino en Washington, Raul Granillo Ocampo, que actualmente tiene el cargo de ministro de justicia.
Sólo cuando los periodistas preguntaron si la nueva misión era parte de un proceso que ya se había iniciado anteriormente, el mismo asintió que así era, a la vez que hizo hincapié en el hecho que él y su equipo habían negociado el préstamo para fortalecer los cuerpos policíacos y la aduana.
Fue una coincidencia desafortunada para Corach de que el día siguiente de su regreso a Buenos Aires, el departamento de Estado hizo público su informe anual al Congreso sobre el narcotráfico y otras actividades ilícitas en el mundo durante 1997.
"La corrupción es un gran problema en la Argentina," sostuvo el informe. "Tanto la policía provincial de Buenos Aires como el Servicio Nacional de Aduanas han sido seriamente afectados por alegatos de una corrupción generalizada".
Pero la estela de contratiempos que acompañaron la visita de cuatro días del ministro no se limitó a las relaciones bilaterales.
También logró crear malestar en círculos allegados al Banco Interamericano de Desarrollo por insinuar en una rueda de prensa que estaba a punto de obtener un crédito de $450 millones cuando apenas la Argentina había iniciado las gestiones de rigor.
"Estamos trabajando y a punto de obtener y de concluir la gestión ante el Banco Interamericano de Desarrollo," pronunció, "de dos programas con soporte financiero de esta entidad multilateral que es el programa de seguridad y protección civil en el territorio nacional y el programa de saneamiento financiero y reforma de los municipios y comunas de la Argentina. Son dos préstamos del orden el primero de 200 millones de dólares y el segundo de 250 millones de dólares."
Lo lamentable de su presentación, que según un miembro del directorio del BID, fue "patentemente exagerada", opacó un importante anuncio del banco: su primer préstamo en el campo llamado "seguridad ciudadana", un crédito de 57 millones de dólares a Colombia en apoyo de los esfuerzos que realiza el gobierno de Ernesto Samper por combatir al crimen urbano.
Como Corach se había adjudicado el mérito de haber gestionado casi cuatro veces esa suma para la policía argentina, pocos periódicos fuera de Colombia le dieron el despliegue que seguramente merecía el primer paso del BID en la lucha contra el crimen.

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