Contribución para Martín y el pueblo
Para nadie es un secreto que las finazas del Estado no andan lo bien que se desea. Las contenciones del gasto público están a la orden del día este año, y cuidado que los "neopatriotas" tendrán que abocarse a otra nueva contención antes de que termine el año.
Diez millones de balboas quiero darle al nuevo presidente. No de mi pecunio, que no los tengo; sino de todos los ciudadanos, y así todos estaremos muy satisfechos.
Se dice que hay que predicar con el ejemplo para tener autoridad moral para aplicar medidas que afecten al pueblo. Es evidente que "la reforma saca plata", como la llamaba cuando era candidato, será profundizada. De esta manera lo ha adelantado el economista Chapman, allegado al grupo gobernante, cuando advierte que los panameños somos los que menos impuestos pagamos en el área y que hay que buscar mayor recaudación. Ah, pero eso sí, reduciendo impuesto sobre la renta, impuesto de dividendo e impuesto complementario de las sociedades anónimas.
Por otro lado, la Caja de Seguro Social requiere atención urgente y las medidas serán de poco agrado para los sectores populares.
Por lo anterior, hay que predicar con el ejemplo, porque los sectores populares y medios, que cargarán con los costos arriba enunciados, se resignarían un poco si ven que los nuevos jerarcas se aprietan el cinturón como se lo van a apretar a los ciudadanos comunes.
Diez millones de balboas no son suficientes para balancear los requerimientos fiscales del Estado, pero dan autoridad moral.
Sencillo, es insólito e inmoral que en el Estado panameño algunos funcionarios tengan emolumentos de diez mil balboas y hasta más; otros, no pocos, tienen salarios de doscientos, siendo esta situación una proporción de 50 a 1.
Noruega, si mal no recuerdo, es el país cuyo índice de percepción de corrupción es el menor de todos, según Transparencia Internacional, y la proporción de emolumentos entre el que más gana y el que menos gana como servidor público es 10 a 1; es decir, no se dan las desigualdades de acá.
¿Cómo obtendrá el nuevo presidente de Panamá esos diez millones de la moralidad? Insisto, sencillo. Que en este Estado devenguen cinco mil balboas los doce ministros, los nueve magistrados supremos y los tres electorales, así como los setenta y ocho legisladores; que devenguen cuatro mil quinientos los catorce viceministros, los equiparados fiscales superiores y menos de cuatro mil quinientos los sepa Dios cuántos asesores (sin gastos de representación ni otros subterfugios para obtener ingresos disfrazados). Nadie por arriba de cinco mil balboas, y de ahí para abajo los subalternos según la jerarquía y responsabilidad.
Los presidentes de los tres Órganos del Estado con seis mil balboas de emolumentos es suficiente. Suplentes, cuando hagan dicha función, que cobren lo descontado aquellos que representan (los suplidos).
Para los que esgrimen la excusa baladí de que en el sector privado ganaban más, pues que se vayan para donde vinieron (sería bueno confrontar sus declaraciones de rentas por lo de la transparencia y cero corrupción).
Si por un club social o por un gremio los directivos se rompen el cuero y trabajan ad honorem, ¿por qué por la Patria (y nueva, sobre todo) no se puede trabajar por cinco mil balboas?
Si quiere un poco más de diez millones y más autoridad moral para pedir que nos apretemos el cinturón para la nueva reforma "sacaplata", y para pasarle la factura del seguro al pueblo, sería bueno que redujeran gastos en los autos de lujo y no lujo, los cuales solamente se deben usar para diligencias oficiales.
El traslado de la casa al trabajo y del trabajo a la casa de un funcionario no es diligencia oficial, y peor si usan conductor.
Ni un carro exonerado más, ni para legisladores, ni suplentes, ni magistrados supremos ni electorales.
Cuidado y pasamos de B/. 30 millones al año con estas medidas de austeridad y moral en lugar de los diez millones que le quería aportar.
Ojalá los "neopatriotas" me sorprendan, por el bien de Panamá. Pero no apostaría ni un real a que lo harán. No es bueno apostar, pero no lo harán.
Diez millones de balboas quiero darle al nuevo presidente. No de mi pecunio, que no los tengo; sino de todos los ciudadanos, y así todos estaremos muy satisfechos.
Se dice que hay que predicar con el ejemplo para tener autoridad moral para aplicar medidas que afecten al pueblo. Es evidente que "la reforma saca plata", como la llamaba cuando era candidato, será profundizada. De esta manera lo ha adelantado el economista Chapman, allegado al grupo gobernante, cuando advierte que los panameños somos los que menos impuestos pagamos en el área y que hay que buscar mayor recaudación. Ah, pero eso sí, reduciendo impuesto sobre la renta, impuesto de dividendo e impuesto complementario de las sociedades anónimas.
Por otro lado, la Caja de Seguro Social requiere atención urgente y las medidas serán de poco agrado para los sectores populares.
Por lo anterior, hay que predicar con el ejemplo, porque los sectores populares y medios, que cargarán con los costos arriba enunciados, se resignarían un poco si ven que los nuevos jerarcas se aprietan el cinturón como se lo van a apretar a los ciudadanos comunes.
Diez millones de balboas no son suficientes para balancear los requerimientos fiscales del Estado, pero dan autoridad moral.
Sencillo, es insólito e inmoral que en el Estado panameño algunos funcionarios tengan emolumentos de diez mil balboas y hasta más; otros, no pocos, tienen salarios de doscientos, siendo esta situación una proporción de 50 a 1.
Noruega, si mal no recuerdo, es el país cuyo índice de percepción de corrupción es el menor de todos, según Transparencia Internacional, y la proporción de emolumentos entre el que más gana y el que menos gana como servidor público es 10 a 1; es decir, no se dan las desigualdades de acá.
¿Cómo obtendrá el nuevo presidente de Panamá esos diez millones de la moralidad? Insisto, sencillo. Que en este Estado devenguen cinco mil balboas los doce ministros, los nueve magistrados supremos y los tres electorales, así como los setenta y ocho legisladores; que devenguen cuatro mil quinientos los catorce viceministros, los equiparados fiscales superiores y menos de cuatro mil quinientos los sepa Dios cuántos asesores (sin gastos de representación ni otros subterfugios para obtener ingresos disfrazados). Nadie por arriba de cinco mil balboas, y de ahí para abajo los subalternos según la jerarquía y responsabilidad.
Los presidentes de los tres Órganos del Estado con seis mil balboas de emolumentos es suficiente. Suplentes, cuando hagan dicha función, que cobren lo descontado aquellos que representan (los suplidos).
Para los que esgrimen la excusa baladí de que en el sector privado ganaban más, pues que se vayan para donde vinieron (sería bueno confrontar sus declaraciones de rentas por lo de la transparencia y cero corrupción).
Si por un club social o por un gremio los directivos se rompen el cuero y trabajan ad honorem, ¿por qué por la Patria (y nueva, sobre todo) no se puede trabajar por cinco mil balboas?
Si quiere un poco más de diez millones y más autoridad moral para pedir que nos apretemos el cinturón para la nueva reforma "sacaplata", y para pasarle la factura del seguro al pueblo, sería bueno que redujeran gastos en los autos de lujo y no lujo, los cuales solamente se deben usar para diligencias oficiales.
El traslado de la casa al trabajo y del trabajo a la casa de un funcionario no es diligencia oficial, y peor si usan conductor.
Ni un carro exonerado más, ni para legisladores, ni suplentes, ni magistrados supremos ni electorales.
Cuidado y pasamos de B/. 30 millones al año con estas medidas de austeridad y moral en lugar de los diez millones que le quería aportar.
Ojalá los "neopatriotas" me sorprendan, por el bien de Panamá. Pero no apostaría ni un real a que lo harán. No es bueno apostar, pero no lo harán.