Contribuciones
Ni en broma debe hablarse de la presencia de dinero del narcotráfico en las elecciones panameñas. En la década del 90 Ernesto Samper, presidente de Colombia, debió enfrentar un cerco internacional y mediático, luego que Estados Unidos indicara que su candidatura había contado con fondos provenientes del Cartel de Cali, generados a partir del tráfico ilícito de drogas. Se sabe lo negativo que fue para Colombia ese episodio.
Dada la posición estratégica en el comercio mundial, la vitalidad económica del Canal y las propias perspectivas económicas del país, Panamá no puede permitir que, como otros países, el narcotráfico logre aquí cuotas de poder, por muy mínimas que sean. Quienes posean información en ese sentido con respecto al torneo electoral panameño tienen el deber buscar formas y mecanismos para que la opinión pública, las autoridades y los propios interesados se enteren, si es que la intervención del narcotráfico se registra a través de terceros. Lo que no puede suceder es que irresponsablemente se hable del tema sin tener evidencia a mano, porque, mañana, haya sido así o no, es el país el que queda en entredicho.
Hay marcadas diferencias entre la organización paralela que haya podido instalar el narcotráfico en Panamá, y un eventual enquistamiento en sus estructuras electorales. Ojalá no sea tarde para el señalamiento. Las autoridades del Tribunal Electoral podrían también ir pensando contar con una especie de "Oficial de Cumplimiento" en cada campaña, como mecanismo para evitar la introducción de dineros calientes en el torneo.