Convencionales muy visitados
Cuando usted tiene poder, hasta el más encopetado lo visita. Así tiene que estar sucediendo con los convencionales del Partido Arnulfista. ¿Cuántas veces habrán solicitado una cita o audiencia con ministros, alcaldes, legisladores, vicepresidentes y funcionarios de alta jerarquía, sin éxito alguno?
De pronto, con la eliminación de las primarias para la escogencia del candidato a la Presidencia de la República, no han faltado en sus humildes residencias el abrazo envuelto en sonrisas del ex ministro o del legislador o de sus lugartenientes, que llevan un mensaje cargado de amistad, solidaridad y de instrucciones de la “jefa” sobre el aspirante.
El voto del convencional es tan importante, que los aspirantes no escatiman esfuerzos para llegar al más recóndito lugar, primero para conocer en persona al Convencional, de quien se auto-titula amigo. Los ofrecimientos son de lo más variados. Pero lo más petulante es el pregón sobre su lealtad, tradición y militancia en el Partido Arnulfista. Eso realmente no contará a la hora de votar, sino la simpatía que despierte cada cual y la convicción, en algunos casos, de las virtudes y ventajas de nominarlo para liderar la alianza. Los arnulfistas confían en la libertad de que gozarán los convencionales, pero más aún, en que los demás partidos responderán afirmativamente para avalar la candidatura que ofrezca el partido.
Sé que a lo largo y ancho del país se han movilizado los aspirantes y sus administradores de la campaña, algunos de los cuales llevan un mitin porta-vianda, al que concurren los mismos personajes en cada lugar. Es necesario que le permitan a los afiliados del partido en cada rincón, expresar sus inquietudes, exponer sus aspiraciones y discutir con el candidato el plan de acción que pretenden ofrecer al electorado. No está ocurriendo así. Estoy seguro de que quienes no resulten favorecidos, sembrarán de inmediato las relaciones con los convencionales, y dejarán al candidato escogido, la tarea de regresar a cada villorrio para asegurar el voto en la campaña electoral.
De algo estamos seguros. Todos los aspirantes se cuidan mucho de mencionar en sus promociones, la necesidad de continuar la obra de la Sra. Presidenta. Es evidente que no tienen personalidad propia, que aspiran a que su éxito electoral dependa de su vínculo con la mandataria.
Hace algún tiempo escribí un artículo en el que dije que la labor gubernamental no reflejaba el carácter o la personalidad de los ministros y que la Sra. Presidenta debía intervenir en soluciones que correspondían a ellos, porque carecían de autoridad y capacidad para responder a las exigencias de los gobernados. Al menos cuando se exige la presencia de la mandataria, es porque se desconfía de otro funcionario de menor jerarquía, lo cual resulta nocivo para el equipo de gobierno, y también para el propio partido. Los profesionales arnulfistas están ansiosos por examinar a cada uno de los tres aspirantes, en asuntos de Estado, para ver cuál es el enfoque que darán a la problemática que deben enfrentar de llegar a la presidencia.
Saludable es que internamente se elabore un plan ejecutable y que se discuta y defienda por conveniente. Asuntos como la pobreza, el desempleo, la corrupción, la seguridad, la reforma constitucional, los tratados de libre comercio, la defensa del productor agropecuario e industrial, el problema fronterizo, el problema de la educación y la falta de viviendas en todos sus niveles, la salud pública, los asuntos del contrabando y de la migración; en fin, todos estos aspectos deben ser adecuadamente analizados por los convencionales al momento de emitir su voto, porque en otros partidos también hay gente pensante, que viven en este país y que analizarán la candidatura arnulfista para respaldarla o rechazarla o condicionar el apoyo.
Los convencionales están muy visitados últimamente y será la última vez que lo hagan los precandidatos, con ese entusiasmo y cariño que les expresan. Ustedes tienen una grave responsabilidad frente al partido y a la patria. No actúen bajo emociones o impulsos eufóricos, frutos de un discurso de barricada. Tengan presente que al delegar en cada uno de ustedes la escogencia del candidato, ponen en sus manos cinco años de gobierno, que beneficiará o frustrará a sus propias comunidades.
Hagan honor a la distinción y facultad de que se les ha revestido y no voten sólo porque han sido muy visitados.
De pronto, con la eliminación de las primarias para la escogencia del candidato a la Presidencia de la República, no han faltado en sus humildes residencias el abrazo envuelto en sonrisas del ex ministro o del legislador o de sus lugartenientes, que llevan un mensaje cargado de amistad, solidaridad y de instrucciones de la “jefa” sobre el aspirante.
El voto del convencional es tan importante, que los aspirantes no escatiman esfuerzos para llegar al más recóndito lugar, primero para conocer en persona al Convencional, de quien se auto-titula amigo. Los ofrecimientos son de lo más variados. Pero lo más petulante es el pregón sobre su lealtad, tradición y militancia en el Partido Arnulfista. Eso realmente no contará a la hora de votar, sino la simpatía que despierte cada cual y la convicción, en algunos casos, de las virtudes y ventajas de nominarlo para liderar la alianza. Los arnulfistas confían en la libertad de que gozarán los convencionales, pero más aún, en que los demás partidos responderán afirmativamente para avalar la candidatura que ofrezca el partido.
Sé que a lo largo y ancho del país se han movilizado los aspirantes y sus administradores de la campaña, algunos de los cuales llevan un mitin porta-vianda, al que concurren los mismos personajes en cada lugar. Es necesario que le permitan a los afiliados del partido en cada rincón, expresar sus inquietudes, exponer sus aspiraciones y discutir con el candidato el plan de acción que pretenden ofrecer al electorado. No está ocurriendo así. Estoy seguro de que quienes no resulten favorecidos, sembrarán de inmediato las relaciones con los convencionales, y dejarán al candidato escogido, la tarea de regresar a cada villorrio para asegurar el voto en la campaña electoral.
De algo estamos seguros. Todos los aspirantes se cuidan mucho de mencionar en sus promociones, la necesidad de continuar la obra de la Sra. Presidenta. Es evidente que no tienen personalidad propia, que aspiran a que su éxito electoral dependa de su vínculo con la mandataria.
Hace algún tiempo escribí un artículo en el que dije que la labor gubernamental no reflejaba el carácter o la personalidad de los ministros y que la Sra. Presidenta debía intervenir en soluciones que correspondían a ellos, porque carecían de autoridad y capacidad para responder a las exigencias de los gobernados. Al menos cuando se exige la presencia de la mandataria, es porque se desconfía de otro funcionario de menor jerarquía, lo cual resulta nocivo para el equipo de gobierno, y también para el propio partido. Los profesionales arnulfistas están ansiosos por examinar a cada uno de los tres aspirantes, en asuntos de Estado, para ver cuál es el enfoque que darán a la problemática que deben enfrentar de llegar a la presidencia.
Saludable es que internamente se elabore un plan ejecutable y que se discuta y defienda por conveniente. Asuntos como la pobreza, el desempleo, la corrupción, la seguridad, la reforma constitucional, los tratados de libre comercio, la defensa del productor agropecuario e industrial, el problema fronterizo, el problema de la educación y la falta de viviendas en todos sus niveles, la salud pública, los asuntos del contrabando y de la migración; en fin, todos estos aspectos deben ser adecuadamente analizados por los convencionales al momento de emitir su voto, porque en otros partidos también hay gente pensante, que viven en este país y que analizarán la candidatura arnulfista para respaldarla o rechazarla o condicionar el apoyo.
Los convencionales están muy visitados últimamente y será la última vez que lo hagan los precandidatos, con ese entusiasmo y cariño que les expresan. Ustedes tienen una grave responsabilidad frente al partido y a la patria. No actúen bajo emociones o impulsos eufóricos, frutos de un discurso de barricada. Tengan presente que al delegar en cada uno de ustedes la escogencia del candidato, ponen en sus manos cinco años de gobierno, que beneficiará o frustrará a sus propias comunidades.
Hagan honor a la distinción y facultad de que se les ha revestido y no voten sólo porque han sido muy visitados.