Conversando con el Prof. Jované
Yo no soy economista, pero Ud. es uno de los mejores del país, y por lo tanto, me siento atrevida al describir la economía, como mi mente en ebullición la reconoce, en términos generales y de una manera simple. Economía es para mí la virtud que consiste en evitar los gastos inútiles. Debo hablarle bajo el nombre, según mi cédula Otilia Amaya de Jaén, y no como Lucy de Jaén, el nombre usual que aparece en mis columnas en las páginas de opinión de El Panamá América. Este tema es complejo y no vale la pena apartarme de lo intrínseco del asunto a tratar.
El 7 de septiembre pasado empezó mi calvario en relación a una operación de catarata en mi ojo derecho, efectuada por el Dr. Rolando Chanis. No por la operación en sí, pues ésta es magnífica, sino por la solicitud a al CSS del reconocimiento de parte de mis gastos. Primeramente fui a la agencia de mi área (El Dorado). Ellos me mandaron a Calle 17 y éstos al famoso "Bolivín". Se me explicó qué documentos debía llevar acompañados de una carta personal detallando el por qué de la solicitud. Cuando llegué a "Bolivin" se me indicó que para entregar los documentos tenía que pedir cita con el Dr. Altafulla. Con tres secretarias enjauladas en la planta baja, cada una con los brazos cruzados, me pareció insólito tener que hacer otra cita. Siempre tengo un ángel conmigo, de otra manera mi vida sería estéril con la cruz tan pesada que el Señor me ha permitido. De pronto se presentó el Dr. Altafulla, yo no tuve reparo para entregarle mi paquete y él, como buena gente, tampoco lo tuvo para recibirlo.
Tres días después me llamaron para solicitarme una certificación del Dr. Chanis en relación con la operación. En menos de 24 horas cumplí con este requisito. El 3 de octubre del 2000 me llamaron de la Especializada, sexto piso, consultorio 657. Esa tarde me examinaron una optometrista y un oftalmólogo, médico residente. Aquel salón parecía una jaula de cotorras gritando de un lado a otro y así se lo manifesté al doctor, porque casi no oía sus preguntas.
Esa tarde se me informó que la evaluación real me la harían al día siguiente a las 8:30 de la mañana. Puntual como soy, llegue unos minutos antes. Donde me indicaron esperar, ya había otro grupo citado para antes de las 8. Algunos con casos iguales al mío, otros peores. Había, por ejemplo, una señora que manifestó haber perdido un ojo por operación defectuosa en la CSS y con préstamos de amigos, haberse hecho dos operaciones privadas en el otro ojo. Estuvimos largo rato sin atención alguna. Regresé a la oficina del consultorio y así se me informó que los médicos estaban en una reunión, pero que dentro de unos minutos nos llamarían.
Finalmente, llegó el trío. Una me pareció optometrista, los otros dos doctores. Los tres revisaron el ojo operado en menos de cinco minutos. En el consultorio 657 se me indicó que el 13 de octubre, me darían el resultado final en el "Bolivín". El 11 de octubre llamé por teléfono para ver si tenía que hacer cita con el Dr. Pedro Navarro. Un de las tres secretarias, planta superior, me informó que ellos todavía no habían recibido mi expediente de la Especializada. Agregaron que siguiera llamando porque después del Dr. Navarro los documentos y sus etcétera pasarían a la trabajadora social y más adelante a consultoría legal.
Esta procesión, pensé, está peor que la de Portobelo. Mis reflexiones fueron las que siguen: (A) Yo no llegué a la CSS para que me examinaran el ojo derecho y comprobar que fue bien hecha. (B) Jamás se me hizo una pregunta sobre mi capacidad económica y por qué de mi reclamo. (C) No se me indagó por qué opté por un especialista privado para confirmar lo que manifesté en mi solicitud.
Lo lógico hubiera sido que la trabajadora social me hubiera entrevistado primero, un doctor de la Clínica de Betania donde me hago casi todos mis exámenes y por último un abogado, si el caso llamaba la atención por lo complicado para el SS, pues para mí era simple. Todo este trayecto tiene que haber sido costoso para la CSS. Un gasto inútil donde la economía no ha sido aplicada. Un magnífico ejemplo de prontitud y eficiencia lo representa el Grupo de la Tercera Edad en Betania. Ya nos repartieron el programa del año 2001 dirigido a los familiares y custodios de pacientes encamados, como lo es Chito, mi esposo.
El 7 de septiembre pasado empezó mi calvario en relación a una operación de catarata en mi ojo derecho, efectuada por el Dr. Rolando Chanis. No por la operación en sí, pues ésta es magnífica, sino por la solicitud a al CSS del reconocimiento de parte de mis gastos. Primeramente fui a la agencia de mi área (El Dorado). Ellos me mandaron a Calle 17 y éstos al famoso "Bolivín". Se me explicó qué documentos debía llevar acompañados de una carta personal detallando el por qué de la solicitud. Cuando llegué a "Bolivin" se me indicó que para entregar los documentos tenía que pedir cita con el Dr. Altafulla. Con tres secretarias enjauladas en la planta baja, cada una con los brazos cruzados, me pareció insólito tener que hacer otra cita. Siempre tengo un ángel conmigo, de otra manera mi vida sería estéril con la cruz tan pesada que el Señor me ha permitido. De pronto se presentó el Dr. Altafulla, yo no tuve reparo para entregarle mi paquete y él, como buena gente, tampoco lo tuvo para recibirlo.
Tres días después me llamaron para solicitarme una certificación del Dr. Chanis en relación con la operación. En menos de 24 horas cumplí con este requisito. El 3 de octubre del 2000 me llamaron de la Especializada, sexto piso, consultorio 657. Esa tarde me examinaron una optometrista y un oftalmólogo, médico residente. Aquel salón parecía una jaula de cotorras gritando de un lado a otro y así se lo manifesté al doctor, porque casi no oía sus preguntas.
Esa tarde se me informó que la evaluación real me la harían al día siguiente a las 8:30 de la mañana. Puntual como soy, llegue unos minutos antes. Donde me indicaron esperar, ya había otro grupo citado para antes de las 8. Algunos con casos iguales al mío, otros peores. Había, por ejemplo, una señora que manifestó haber perdido un ojo por operación defectuosa en la CSS y con préstamos de amigos, haberse hecho dos operaciones privadas en el otro ojo. Estuvimos largo rato sin atención alguna. Regresé a la oficina del consultorio y así se me informó que los médicos estaban en una reunión, pero que dentro de unos minutos nos llamarían.
Finalmente, llegó el trío. Una me pareció optometrista, los otros dos doctores. Los tres revisaron el ojo operado en menos de cinco minutos. En el consultorio 657 se me indicó que el 13 de octubre, me darían el resultado final en el "Bolivín". El 11 de octubre llamé por teléfono para ver si tenía que hacer cita con el Dr. Pedro Navarro. Un de las tres secretarias, planta superior, me informó que ellos todavía no habían recibido mi expediente de la Especializada. Agregaron que siguiera llamando porque después del Dr. Navarro los documentos y sus etcétera pasarían a la trabajadora social y más adelante a consultoría legal.
Esta procesión, pensé, está peor que la de Portobelo. Mis reflexiones fueron las que siguen: (A) Yo no llegué a la CSS para que me examinaran el ojo derecho y comprobar que fue bien hecha. (B) Jamás se me hizo una pregunta sobre mi capacidad económica y por qué de mi reclamo. (C) No se me indagó por qué opté por un especialista privado para confirmar lo que manifesté en mi solicitud.
Lo lógico hubiera sido que la trabajadora social me hubiera entrevistado primero, un doctor de la Clínica de Betania donde me hago casi todos mis exámenes y por último un abogado, si el caso llamaba la atención por lo complicado para el SS, pues para mí era simple. Todo este trayecto tiene que haber sido costoso para la CSS. Un gasto inútil donde la economía no ha sido aplicada. Un magnífico ejemplo de prontitud y eficiencia lo representa el Grupo de la Tercera Edad en Betania. Ya nos repartieron el programa del año 2001 dirigido a los familiares y custodios de pacientes encamados, como lo es Chito, mi esposo.