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COPA Y TACA hermanadas en el irrespeto a sus clientes


Existe una diferencia muy grande entre lo que permiten leyes, normas o acuerdos que benefician al gobierno de turno o a la empresa privada en detrimento de ciudadanos mayoritarios a los que nadie pidió opinión, y lo que es éticamente correcto y, además, debería ser de una lógica irrefutable o simplemente materia de elemental sentido común.
Desgraciadamente, en países como el nuestro sólo se combate lo injusto y arbitrario con actos de ostensible y forzada presión. Con iniciativas que, aunque impliquen sacrificios y hasta riesgos personales o de grupo, llamen la atención poderosamente hacia la causa de las quejas, de tal manera que el tema planteado sea motivo de cobertura periodística; es decir, de mala prensa para los explotadores e, incluso, de pérdidas económicas para los mismos.
Porque hay hechos y situaciones que, por más protección que tengan sus promotores en la letra de regulaciones nacionales o internacionales viciadas de inmoralidad, deben ser no sólo cuestionadas una y otra vez, sino denunciadas ante la faz del país para hacer conciencia e impedir que se sigan sucediendo en perjuicio de quienes nos sentimos desamparados frente a esa arbitraria legalidad. En todo caso, si las leyes, normas y regulaciones las hacen los hombres, éstas también pueden ser destronadas por la abrumadora fuerza moral de otros hombres. Exactamente igual que cuando se derrocan, de forma pacífica o violenta, las dictaduras que sólo benefician a una prepotente pero poderosa minoría que ha creado sus propios códigos de opresión. La Historia está llena de ejemplos.
Ignoro si ocurre en todas las líneas aéreas internacionales, pero lo cierto es que COPA y TACA son ejemplos de irresponsabilidad e irrespeto reiterado hacia sus clientes, ya que al sobrevender sus vuelos amparados en la legalidad otorgada por las regulaciones internacionales de la IATA, como ellos mismos lo han declarado ante los reclamos airados de personas que se han quedado en tierra, ponen de manifiesto una y otra vez un cinismo que raya en lo repugnante.
¿Cómo es posible que si uno compra y paga con la debida anticipación el boleto para un vuelo internacional, reconfirma ese vuelo de manera satisfactoria, llega al aeropuerto dos horas antes de la salida y se incorpora a la fila (que puede ser larguísima, normal o corta), le digan a uno (poniendo cara de palo o con gestos de auténtica pena y angustia): "lo siento, ya no hay cupo en este avión"? Uno se asusta, siente crecer la adrenalina ante las excusas absolutamente estúpidas del empleado y de sus jefes a quienes uno ha exigido ver, amenaza o les mienta la madre, según el caso... Pero ellos siguen como si vieran llover.
A veces la amenaza de hacerles mala prensa, cuando uno es periodista, escritor o persona más o menos conocida, los asusta un poco y los hace recapacitar. Entonces puede que concedan, de mala gana, el cupo por el que se había pagado. Lo cual prueba que mentían por alguna razón al no querer conceder dicho cupo, o que tendrán que fregar a otro cliente que llegue más tarde. Pero la gente suele ser tímida, apocada, cobarde, conformista o cualquiera de las características que por lo general permiten que a los seres humanos se les explote y humille con impunidad; razón por la que, en buena medida, el mundo está como está. O, por el contrario, ciertas personas pierden el control y actúan de manera violenta, que también es -paradójicamente- otra razón por la que el mundo está como está.
Esto, según parece, pasa casi todos los días. Argumentan estas líneas aéreas que el procedimiento es legal; pero no deja de ser inmoral, ofensivo y altamente perjudicial para quienes tienen la mala suerte caer víctimas de este atropello. Que le hagan a uno otras conexiones de vuelo, siempre a deshonra y entrevesadas, no es una solución satisfactoria. Uno tiene sus planes hechos, y a menudo no se pueden cambiar. Lo ocurrido no se debe a un error de computadora o a una causa imprevista; es algo fríamente calculado, irrefutable para los dueños de la verdad amañada que es el reglamento que rige tales normas. ¡Cómo pueden jugar así con el tiempo y las ocupaciones de la gente? Por dinero, por supuesto. El vil metal.
Supongo que al sobrevender todos los vuelos, las líneas aéreas se protegen de no perder dinero cuando la gente cancela antes de pagar; o simplemente nunca se reportan y el cupo permanece reservado, restándole así la oportunidad a otros clientes de tomar el mismo vuelo. No se me ocurre otra cosa, pero no es una justificación válida para una empresa seria. No me extrañaría que hubiera alguna otra razón de fondo, que deba permanecer ajena al conocimiento de los clientes.
Sé que esto ocurre con frecuencia en COPA y en TACA, y me gustaría saber si también en otras líneas aéreas internacionales. Una opinión pública crítica, contestataria y exigente, sin duda pondrá en la picota la verdad de lo que sucede. Veremos cómo se defienden las empresas aludidas.
Invito a todas las personas que han tenido esta frustrante experiencia para que se manifiesten en los diversos medios de opinión panameños (prensa, radio y televisión); para que expliquen los detalles de sus casos; para que propongan medidas de presión cuando hay justicia en los planteamientos y el sistema no ofrece los instrumentos del cambio.
Podría pensarse, por ejemplo, en un boicot a estas líneas aéreas (dejar de viajar en sus aviones, por lo menos desde Panamá) Y hasta en la creación de una "Asociación de Ex clientes de COPA y TACA", empresas que si bien son rivales entre sí, están hermanadas en la injusticia y el irrespeto hacia sus clientes.

101 años de Panamá América

 
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