Corrupción, castigo y prevención
El tema de la corrupción en el FECE compromete al Estado a impulsar la investigación objetiva y el castigo ejemplar a los que desviaron hacia sus bolsillos fondos destinados a la educación pública.
Si el castigo es necesario e imprescindible resulta, sin embargo, insuficiente, pues bajo este enfoque, políticas, programas y proyectos acaban reduciéndose prácticamente al campo jurídico y a las acciones represivas o de fiscalización y control. El resultado final es que la población en general asume entonces que se trata de un gran problema, pero que deja de ser tema de interés y ocupación de sus esfuerzos y preocupaciones personales.
El tema corrupción pasa entonces a ser exclusivo de la esfera de los "especialistas", políticos, policías y funcionarios del campo jurídico y judicial. Sin negar la gran importancia del enfoque punitivo, es necesario complementarlo y enriquecerlo con una visión de carácter preventivo, que logre educar y comprometer a toda la ciudadanía en la lucha contra la corrupción, estableciendo con claridad la naturaleza ética, moral, social, cultural, económica y política de fenómeno. Un enfoque así implica la comprensión analítico /crítica de la corrupción por parte de todos y todas en la vida social. Sólo de esta manera será posible establecer la corresponsabilidad que se tiene ante la misma, así como la necesaria participación en torno a la construcción de una verdadera democracia; es decir, una democracia profunda, sustantiva y participativa. En esta perspectiva hay dos sentidos esenciales en la democracia que son comparables a un globo aerostático, que se luce cuando asciende y se desluce cuando desciende.
El discurso descendente, unidireccional que baja desde el gobierno hacia la gente, autoritario o manipulador, limitando la expresión ciudadana y la libertad, cortando los caminos de la participación o jugando a la seudo participación. Este discurso corrompe la democracia por dentro, la agota y la lleva por el camino de la crisis rompiendo el contrato social.
La propuesta ascendente, por el contrario, ejerce el control democrático de abajo hacia arriba, no sólo en el momento de votar sino en la vida cotidiana ciudadana. Lo esencial del sistema democrático ascendente es ejercer el derecho a la exigencia, a la auditoría social, la rendición de cuentas, desde abajo hacia arriba como una práctica habitual, favorecida por el poder (no sólo tolerada), garantizada por las instituciones, ejercida de forma abierta, clara y continua por los ciudadanos.
Cualquier sistema que no sea sosteniblemente fundamentado en un modelo participativo y transparente, se convierte en un esquema autoritario o sociedad de dominación que pervierte los objetivos enunciados por muy bellamente expresados que estén.
Sólo en la medida en que el ciudadano se considere parte del ciclo de políticas públicas tendrá la iniciativa de ser actor y fiscalizador.
raulleisr@hotmail.com