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Corrupción institucionalizada


Las leyes y reglamentos que permiten el nombramiento de dos suplentes por cada legislador y que cada suplente, además de su salario de 2,500 balboas, tenga derecho a importar vehículos sin pago de impuestos (los legisladores pueden importar tres vehículos libres de gravámenes fiscales) es un típico caso de abuso de poder político que fomenta la corrupción. Muchos de los legisladores y suplentes venden sus derechos aduaneros a empresas y ciudadanos, reforzando la burla de la ley. Las partidas circuitales, asimismo, con el manejo directo de dinero y la posibilidad de que los legisladores contraten la ejecución de obras, constituyen otra de las formas aberrantes de una corrupción prohijada por los miembros de la Asamblea en su beneficio.
El nepotismo, vale decir el nombramiento de hermanos, sobrinos, tíos y demás parentela, en embajadas, ministerios, poder judicial y otros encumbrados puestos gubernamentales, es otra expresión de la corrupción practicada por los gobiernos desde los tiempos fundacionales de la República. El nepotismo se ha infiltrado y continúa presente en muchas otras modalidades, desde la solicitud de préstamos en fuentes financieras estatales, adjudicación de contratos, entregas de vivienda hipotecaria, etc. Renovadas y virulentas críticas siguen fomentando las licitaciones públicas por la existencia de reglamentos que fomentan el engaño, la componenda, los enjuagues por encima de los intereses nacionales.
La comisión nombrada por el gobierno tendría que empezar por revisar las leyes que auspician la corrupción y proponer reformas inclusive constitucionales, en ciertos casos, para erradicar intrínsecamente este insoportable flagelo que paradójicamente estimulan el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, con una legislación hecha a la medida del desgreño de las arcas públicas. Lo que ahora se debate no es ni siquiera la punta del iceberg. Concretemos las reformas sustanciales antes que los agitadores extremistas, los diablos predicadores, y los inmorales que fungen de moralistas, sigan desparramando cinismo y resentimiento. Es imposible recopilar la casuística de la corrupción en el lapso de 30 días. Lo atinado es formular propuestas de cambio que entren a las entrañas del Estado para extirpar las raíces de un cáncer ya en etapa de metástasis.


101 años de Panamá América

 
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