Corrupción y Apocalipsis de Estado
La temática que relaciona la lucha frontal contra la corrupción, constituye un punto central y prioritario en la agenda universal por lo que es una preocupación vitalista de los Estados nacionales y sus gobiernos lo mismo que de los organismos internacionales y no gubernamentales que tienen un radio de acción ascendente sobre la mayoría de los países. Así, bien pudiéramos señalar que todo lo relacionado con el tema de la corrupción forma parte de la agenda de la globalización. ¿Por qué razón o razones?
En la evolución que nos presenta la historia universal, el mal endémico de la corrupción y toda la pandemia que involucra: virus, bacterias, etc., son de vieja data, de allí que no es de extrañar que también lo sea la normativa jurídica que establecía algunos tipos penales relacionados con temas de corrupción y que han quedado a la zaga frente al inmenso poder de acción que tienen los autores de la corrupción. Radio de acción que se extiende en la política, en el ejercicio del poder político, en los estratos sociales más encumbrados, dominan los sectores de población humildes que son victimizados cada día más por estos calebsianos; del mismo modo, advertimos que se mueven en casi todas las esferas del mundo interactuante: en el deporte, la cultura, las relaciones sociales, en la vida económica; y llegan a determinar, en no pocas ocasiones, las decisiones importantes para la vida nacional y la existencia del Estado.
El Derecho romano, precedente al Derecho medieval, los actos propios de la corrupción se conocieron como el nombre de crimen repetundarum (exacciones abusivas de los Magistrados que regían las provincias) al igual que el crimen peculatus (desfalco de la caja del Estado).
Ello da cuentas claras y que la corrupción, como actuación, ética y jurídicamente reprochable, ha sido una enfermedad que ha estado siempre presente en nuestras históricas formaciones societarias. ¿Por qué éste síndrome y flagelo denominado "corrupción" y la lucha para reducirlo al máximo posible son temas de políticas por parte del Estado y la sociedad en general y que llegan a ocupar los grandes titulares de los medios de prensa?
A manera de hipótesis, nos atrevemos a sostener que la corrupción, en las tres últimas décadas, y sobre todo, en los últimos años, se ha visto jalonada por el carácter globalizado y neoliberal de las relaciones económicas capitalistas. Los procesos de privatización en las economías nacionales y el fenómeno de la especulación bursátil trajeron consigo relaciones sociales donde la contumacia, la coima, el soborno, la compra de favores, la chicana, la exacciones, peculados, etc., devinieron en factores concurrentes que generaron las condiciones para el afincamiento o el establecimiento del modelo económico citado y, en consecuencia, la acumulación fácil y salvaje de cuantiosas fortunas en detrimento de los pueblos oprimidos del mundo. Esta realidad perversa de conducir las relaciones sociales de la manera presentada, se ha venido configurando como un peligro real para la propia sobre vivencia del Estado.
El flagelo de la corrupción, cuando no encuentra vallas o límites en su iter criminis, pone en peligro el funcionamiento de la democracia y del propio estado constitucional y democrático de Derecho, y tal como acontece con el comején, la corrupción termina haciendo de nuestras instituciones, por acumulación, un cerro inconmensurable de polillas. Y es que la democracia latinoamericana, tras la aparición tardía del capitalismo en el subcontinente, no puede obrar con esa lógica a menos que se asista de verdaderos instrumentos de control y persecución de la misma. De allí que el proceso penal juega un papel preponderante en la lucha contra la corrupción y que tras el cumplimiento del debido proceso, la impunidad rampante no siga siendo la gran puerta por donde salen o escapan los delincuentes -ladrones- de saco y corbata que han ocupado altos y jerarquizados cargos en la Administración Pública.
Cuando estos últimos no funcionan y la lógica de la acumulación, en el sector público y en el privado, se centra o tiene como eje la corrupción, es claro que los corruptores que dilapidan las arcas del Estado y empobrecen a nuestros pueblos, terminan por afectar y hacer una miasma de la propia estructura económica de nuestras débiles economía. También deben pagar y ser juzgados poderosos empresarios, nacionales o extranjeros, que matrimoniados con la corrupción, son trogloditas nunca satisfechos que dilapidan los dineros de los pueblos en provecho o beneficios propios.
En América Latina se advierte un prebendalismo, perverso y mediático, que se presenta a sí mismo como un instrumento de control sobre el poder político al igual que de la misma sociedad. El flagelo de la corrupción se pasea por todos nuestros países y la reciente historia política de algunos gobiernos y Estados en el continente da cuentas claras de cómo ha erosionado la democracia, la economía y todo el sistema institucional.
La lucha contra la corrupción hace parte de esa lucha central y estratégica por preservar nuestra democracia, nuestras instituciones y la sobre vivencia del propio sistema económico. Esa lucha también constituye la clara defensa de nuestros pueblos, golpeados por sistemas de gobiernos que han sembrado la corrupción y que han hecho de ella la forma propia y metódica de sus actuaciones, por lo que el derecho a sobrevivir y a participar en el desarrollo sostenible que presente una verdadera cara de rostro humano es un derecho innegable de los pueblos. La riqueza de los corruptos es la miseria de nuestra pobre gente pobre. Cada dólar de los corruptos representa el dolor y el trauma de nuestros millones de hombres y mujeres que buscan oportunidades decentes en la vida para llevar a sus hogares un real para la compra del mendrugo de pan.
No podemos permitir que los instrumentos de la criminalidad que tienen como eje la corrupción continúen desbordando el dique de la decencia y que éstos rebasen los mecanismos de los controles que el propio sistema jurídico debe proveerse para combatirlos decididamente. Martín Torrijos, tiene el gran reto prometido a la nación: ¡cero corrupción!
En la evolución que nos presenta la historia universal, el mal endémico de la corrupción y toda la pandemia que involucra: virus, bacterias, etc., son de vieja data, de allí que no es de extrañar que también lo sea la normativa jurídica que establecía algunos tipos penales relacionados con temas de corrupción y que han quedado a la zaga frente al inmenso poder de acción que tienen los autores de la corrupción. Radio de acción que se extiende en la política, en el ejercicio del poder político, en los estratos sociales más encumbrados, dominan los sectores de población humildes que son victimizados cada día más por estos calebsianos; del mismo modo, advertimos que se mueven en casi todas las esferas del mundo interactuante: en el deporte, la cultura, las relaciones sociales, en la vida económica; y llegan a determinar, en no pocas ocasiones, las decisiones importantes para la vida nacional y la existencia del Estado.
El Derecho romano, precedente al Derecho medieval, los actos propios de la corrupción se conocieron como el nombre de crimen repetundarum (exacciones abusivas de los Magistrados que regían las provincias) al igual que el crimen peculatus (desfalco de la caja del Estado).
Ello da cuentas claras y que la corrupción, como actuación, ética y jurídicamente reprochable, ha sido una enfermedad que ha estado siempre presente en nuestras históricas formaciones societarias. ¿Por qué éste síndrome y flagelo denominado "corrupción" y la lucha para reducirlo al máximo posible son temas de políticas por parte del Estado y la sociedad en general y que llegan a ocupar los grandes titulares de los medios de prensa?
A manera de hipótesis, nos atrevemos a sostener que la corrupción, en las tres últimas décadas, y sobre todo, en los últimos años, se ha visto jalonada por el carácter globalizado y neoliberal de las relaciones económicas capitalistas. Los procesos de privatización en las economías nacionales y el fenómeno de la especulación bursátil trajeron consigo relaciones sociales donde la contumacia, la coima, el soborno, la compra de favores, la chicana, la exacciones, peculados, etc., devinieron en factores concurrentes que generaron las condiciones para el afincamiento o el establecimiento del modelo económico citado y, en consecuencia, la acumulación fácil y salvaje de cuantiosas fortunas en detrimento de los pueblos oprimidos del mundo. Esta realidad perversa de conducir las relaciones sociales de la manera presentada, se ha venido configurando como un peligro real para la propia sobre vivencia del Estado.
El flagelo de la corrupción, cuando no encuentra vallas o límites en su iter criminis, pone en peligro el funcionamiento de la democracia y del propio estado constitucional y democrático de Derecho, y tal como acontece con el comején, la corrupción termina haciendo de nuestras instituciones, por acumulación, un cerro inconmensurable de polillas. Y es que la democracia latinoamericana, tras la aparición tardía del capitalismo en el subcontinente, no puede obrar con esa lógica a menos que se asista de verdaderos instrumentos de control y persecución de la misma. De allí que el proceso penal juega un papel preponderante en la lucha contra la corrupción y que tras el cumplimiento del debido proceso, la impunidad rampante no siga siendo la gran puerta por donde salen o escapan los delincuentes -ladrones- de saco y corbata que han ocupado altos y jerarquizados cargos en la Administración Pública.
Cuando estos últimos no funcionan y la lógica de la acumulación, en el sector público y en el privado, se centra o tiene como eje la corrupción, es claro que los corruptores que dilapidan las arcas del Estado y empobrecen a nuestros pueblos, terminan por afectar y hacer una miasma de la propia estructura económica de nuestras débiles economía. También deben pagar y ser juzgados poderosos empresarios, nacionales o extranjeros, que matrimoniados con la corrupción, son trogloditas nunca satisfechos que dilapidan los dineros de los pueblos en provecho o beneficios propios.
En América Latina se advierte un prebendalismo, perverso y mediático, que se presenta a sí mismo como un instrumento de control sobre el poder político al igual que de la misma sociedad. El flagelo de la corrupción se pasea por todos nuestros países y la reciente historia política de algunos gobiernos y Estados en el continente da cuentas claras de cómo ha erosionado la democracia, la economía y todo el sistema institucional.
La lucha contra la corrupción hace parte de esa lucha central y estratégica por preservar nuestra democracia, nuestras instituciones y la sobre vivencia del propio sistema económico. Esa lucha también constituye la clara defensa de nuestros pueblos, golpeados por sistemas de gobiernos que han sembrado la corrupción y que han hecho de ella la forma propia y metódica de sus actuaciones, por lo que el derecho a sobrevivir y a participar en el desarrollo sostenible que presente una verdadera cara de rostro humano es un derecho innegable de los pueblos. La riqueza de los corruptos es la miseria de nuestra pobre gente pobre. Cada dólar de los corruptos representa el dolor y el trauma de nuestros millones de hombres y mujeres que buscan oportunidades decentes en la vida para llevar a sus hogares un real para la compra del mendrugo de pan.
No podemos permitir que los instrumentos de la criminalidad que tienen como eje la corrupción continúen desbordando el dique de la decencia y que éstos rebasen los mecanismos de los controles que el propio sistema jurídico debe proveerse para combatirlos decididamente. Martín Torrijos, tiene el gran reto prometido a la nación: ¡cero corrupción!