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Corrupción y privatizaciones


La corrupción es un fenómeno sempiterno que azota a las sociedades desde el amanecer de las primeras civilizaciones. La corrupción, como el pecado, es una posibilidad latente en el ser humano, bajo cualquier sistema ideológico y político. Por consiguiente, como lo revela la historia, la corrupción no puede erradicarse por decreto o consigna, pero sí puede detectarse, denunciarse y sancionarse dentro de las pautas de la normatividad legal, dentro de una sociedad abierta que garantice el derecho a denunciar hechos ilícitos a través de tribunas públicas o medios de comunicación.
Aunque el liberalismo surgió históricamente para erradicar los excesos de las sociedades cerradas monárquicas del siglo XVII, las corrientes neoliberales contemporáneas están favoreciendo la presencia continua y preocupante de la corrupción económica de jefes de Estado, legisladores, políticos en general y empresarios inescrupulosos, embozada en las licitaciones y convenios de privatización de corporaciones estatales.
En esa perspectiva, la prensa brasileña da cuenta de la supuesta existencia de cuentas bancarias abiertas en las islas Caimán con cifras millonarias de depósitos que favorecerían a figuras fundamentales del Organo Ejecutivo de ese país. Ante la gravedad de las denuncias que comprometerían al presidente Fernando Henrique Cardoso y dos ministros de su confianza, un senador brasileño ha planteado el nombramiento de una comisión investigadora de las supuestas cuentas bancarias. Sería una decisión saludable para despejar sombras y murmuraciones alrededor de los políticos brasileños y no se repitan los embarazosos episodios de las irregularidades financieras, coimas, extorsiones, favoritismo gubernamental etc., que salpicaron al gobierno de Collor de Melo.
En México, Argentina, Perú y en otros países regidos por la economía neoliberal, desdichadamente, la venta de empresas públicas se desenvuelve en un halo de sospechas o, en casos específicos, de corrupción probada y no castigada. En Japón, Corea del Sur, Tailandia, Indonesia, la corrupción adquiere expresiones multifacéticas que mezclan turbiamente empresas privadas y funcionarios de alto nivel.
La mafia rusa ha sido denunciada reiteradamente por Boris Yeltsin por sus manejos análogos a un capitalismo salvaje tipo Far West o Chicago de los veinte. Por estos antecedentes próximos y remotos, los panameños debemos tener los ojos muy abiertos para escrutar privatizaciones, licitaciones, convenios e impedir que se trafique ignominiosamente con el patrimonio nacional, a través de las redes del favoritismo remunerado.

101 años de Panamá América

 
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