default

Cortesía vial


Empeñados como estamos en frenética carrera para establecer un nuevo récord nacional de muertos y heridos por accidentes de tránsito, no sería extraño que para fin de año hayamos acumulado quinientas víctimas fatales por ese concepto.
De esos centenares de víctimas cuyas vidas han sido troncadas estúpidamente, nos preguntamos cuántas se habrían evitado con un mínimo de consideración hacia los demás y puesta en práctica de una elemental cortesía vial.
Si en una carretera de dos vías un conductor intenta pasar a otro, por lo general quien se ve rebasado siempre acelera para evitarlo, cual si defendiera una "pole position" de un "grand prix" de fórmula uno; pese a que todos los reglamentos ordenan disminuir la velocidad y permitir que el conductor que rebasa lo haga en la forma más rápida y segura.
También hay conductores que, con infracción de la Ley, pasan hileras de vehículos, así como en cuestas, puentes, cauces de vías y en plena curva. Quien así procede, pone en riesgo la vida del pobre que se encuentre con ellos de frente. Pero por otra parte, no nos corresponde a los demás agravar su temeridad acelerando y bloqueándole el paso.
Hay otros que abusan del derecho de vía, sin permitir acceso a los vehículos que suplican por una oportunidad de ingreso a la interminable caravana de automóviles que satura casi todas las calles de la urbe capitalina. Muchos accidentes, muertos y heridos tienen lugar cuando algún impaciente se aventura a irrumpir en la vía principal, confiado en que los que vienen por ella se detendrán para evitar la colisión inevitable. La apuesta con frecuencia falla, lo que se evitaría cediendo cortésmente el paso a dos o tres autos, confiando que otros que vienen hagan también lo mismo.
Otra práctica insensata es la de conductores que no permiten el paso a los peatones, ni siquiera en las líneas de seguridad. Todo el mundo ignora que ellas marcan el único espacio en que los peatones tienen preferencia y que los vehículos deben detenerse ante su mera presencia a la orilla de la vía.
Por otra parte, también tenemos la contaminación por ruido, de la que las bocinas de los carros tienen cuota importante. En otros países, incluso hispanoamericanos, nadie toca el pito de un automóvil, porque se expone a ser multado. Aquí hay gente que por no apearse del vehículo prefiere tocar a bocinazos a la puerta de la casa de algún pariente o amigo, no importa que perturbe la paz o el sueño de los demás, o que toda la vecindad tenga que asomarse a la ventana, puerta o balcón a ver si de ella se trata.
Igual de culpable es quien pretende mover a bocinazos un lento vehículo que entorpece el tránsito fluido, quien se detiene en media vía o en las bocacalles bloqueando el paso de los demás. En fin, estamos convencidos que el practicar un mínimo de cortesía puede ahorrar vidas y amargos sinsabores. Bien valdría la pena introducir este principio en el reglamento de tránsito, aunque a fin de cuentas su efectividad dependa del buen juicio de las autoridades.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América