Costo de vida cardiaco
En Panamá, la insoportable escalada de precios está arrastrando a la población a situaciones cardíacas y de estrés. Entre diciembre 2003 y diciembre 2008, la Canasta Básica de Alimentos incrementó 44.2%, de B/ 189.89 (2003) a B/ 273.85 (2008). Además, el Índice de Precio Nacional Urbano incrementó 21.8%, aumentándose el renglón alimentos 44.2%.
A pesar de que el Gobierno Nacional implementó selectivamente diversas acciones para contrarrestar la inflación, no ha devuelto mucho del poder adquisitivo perdido por las personas, situación que empeora diariamente porque los precios siguen aumentando inconteniblemente, especialmente los de la comida, redistribuyendo regresivamente los ingresos en el país.
Estos aumentos, improbablemente podrán ser compensados por millones de personas, especialmente por los menos de 1.5 millones de pobres y la gente de bajos ingresos. El sueldo medio mensual en la República incrementó 13.5% entre 2003 (B/ 508.39) y 2007 (B/ 576.98); el salario mínimo entre 2003-2008 incrementó 22.8% (B/ 264.16 en 2003 y B/ 324.48 en 2008); las pensiones mínimas (CSS) se mantuvieron en B/ 175.00 (2003-2008). Es imprescindible que el Gobierno Nacional ejecute nuevas medidas de carácter general, que compensen las pérdidas de bienestar y mejoren la atención de los problemas sociales genéricos que experimenta la población, evitando que muten a situaciones delictuosas y degeneren en violencia mas organizada.
Según estudios, el gasto social público, en Panamá, a pesar que es elevado, es poco efectivo en disminuir la inequidad social; por eso persisten graves problemas socioeconómicos y la inseguridad sigue aumentando. Propician la ineficacia del gasto público la carencia de políticas para reducir la desigualdad socioeconómica, la falta de planes plurianuales de inversión pública respaldando objetivos sociales; la carestía de estudios de preinversión, los excesivos costos administrativos-operativos, la corrupción, la complacencia de los fiscalizadores del gasto, la desarticulación del presupuesto social público, disperso en numerosas instituciones, programas y proyectos, muchos sin seguimiento, con ejecución insatisfactoria o númerosos enlatados recetados por organismos internacionales indistintamente a países, con diversidades socioeconómicas.
Devolvamos más bienestar a la población y disminuyamos las tensiones que afectan cardíacamente a las personas, aumentan el estrés y la inseguridad pública.