Creación de imagen
Algunos adultos que no meditan, ni analizan la forma de actuar de los políticos, se están dejando engañar y están creyendo en falsos profetas. Por eso hay que tener mucho cuidado, especialmente los jóvenes, que no conocen el juego político. No debemos escoger a los candidatos por su apariencia, ni por su forma de hablar, sino por lo que puedan hacer por el país.
No debemos creer en personas que tienen un gran poder adquisitivo, que caminan con zapatos ajenos, regalan becas y hacen obras de interés social; en dirigentes gremiales que protestan convocando paros de clases, obras de construcciones, o de transporte, que hacen hasta juegos de manos para que sus seguidores crean que son beligerantes en sus reclamaciones; en profesionales de la salud que cambian su trato hostil por el de amable y servicial cuando les conviene; en funcionarios de alta jerarquía que se han arrastrado en manifestaciones pasadas, en presentadores de programas televisivos que hacen obras de caridad y que hasta lloran al momento de visitar a los necesitados.
Hay personas muy hábiles que tratan de crearse una imagen de gente buena ante los demás, para luego postularse a puestos de elección popular. Tenemos que tener en cuenta que nadie ofrece nada a cambio de nada, siempre hay un interés oculto.
Siempre cometemos el error de pensar que toda persona que dirige un grupo o una actividad es apto para ser postulado a un puesto de elección popular y esto no es así. Está comprobado que la mayoría de los candidatos a quienes les damos el voto y ganan nos defraudan porque prevalece el interés personal y no el colectivo.
Hay dirigentes sindicales que pelean por sus agremiados y por los problemas nacionales, dirigentes magisteriales que luchan por una enseñanza de calidad, dirigentes médicos que protestan porque se oponen a la privatización de la Caja de Seguro Social; todo esto está muy bien, pero dejémoslos que sigan peleando allí, en sus trincheras; no los convirtamos en políticos porque el mejor candidato político es el que nunca ha pensado en serlo, que siempre ha vivido de su sueldo, que goza de integridad, es espontáneo en el buen trato que le proporciona a los demás y sincero en sus actuaciones. Hay personas que predican con el ejemplo y hacen el bien pero su credibilidad se basa en el tiempo en que se mantienen así.
Señores podemos decir que una persona es honesta en sus actuaciones hasta el día en que se postule a un puesto de elección popular.