Crecimiento, gasto social y demagogia
L as políticas de mercado, y más específicamente el neoliberalismo, nacieron para impedir todo tipo de control y gasto social de la riqueza. Pero, han producido riquezas a niveles inimaginables, que se acumula en cada vez menos manos. Esto nos lleva a pensar que el crecimiento económico del país debe ser utilizado o no en el gasto social, entendiendo como el realizado por el Estado en beneficio de las mayorías, que no son precisamente los económicamente poderosos.
Hoy en América Latina es una realidad la desigualdad socioeconómica y Panamá ocupa un deshonroso lugar en ese renglón. El 20% más rico de la población recibe ingresos 45 veces más que el 20% más pobre. No se trata de brindar regalías ni de asumir actitudes populistas al calor de cualquier campaña electoral ofreciendo el cielo y la tierra. Se trata de asumir como políticas de Estado el gasto social, la planificación en un grado aceptable (aplicar los acuerdos de la concertación para el desarrollo); la persecución real de la corrupción y sobre todo, la defensa de los trabajadores y los consumidores ante el capital nacional y, sobre todo, el trasnacional.
El Estado de Bienestar por suerte, no pudo ser del todo desmontado pero los beneficios principales de la acumulación hasta ahora han sido negados a los trabajadores. Se les olvida a los neoliberales que la riqueza la produjo la conjunción de capital y trabajo, tanto en el sector privado como en el Estado. Por ello no es aceptable ni justificable que mientras se hable de superávit y de crecimiento económico con cifras impresionantes, por otro lado se regatee las posibilidad de aumento general de salarios o se siga pensando que medidas como el congelamiento temporal de los precios de algunos productos (defensa del consumidor y del pequeño productor) son imposibles; que caiga en oído sordos la demanda de una ley general de sueldos para los servidores públicos; se les nieguen el pago de derechos adquiridos (pasivos laborales) a grupos de ex trabajadores del Estado y finalmente, se anuncien medidas gubernamentales para ser aplicadas a favor de la clase media, como la rebaja de impuestos para dentro de un año (como si el superávit y el crecimiento no fueran actuales). No es posible anunciar amplios logros macroeconómicos, pero no cambia el dibujo social (40% de pobreza; nuevos empleos prearios y 17% de extrema pobreza).
Los gobiernos (y los candidatos) han esgrimido la consigna neoliberal que las políticas de libre mercado a nivel internacional que encarecen la canasta básica familiar son insuperables, olvidándose que en campaña prometieron cambiar la faz del país y olvidándose que quien los elige es el pueblo y que el mandato y el compromiso es con el pueblo y no con el orden económico internacional; que el pueblo panameño somos todos, los amigos y parientes y todas las razas, etnias y culturas que habitan el istmo, y que existirán después de cada mandato presidencial, pero que merecen una mejor calidad de vida. Por eso, ojo con los demagogos que ofrecen el cielo y la tierra, que toda su vida han sido explotadores del pueblo y se disfrazan de ovejas para engatusar nuevamente a la cándida población y obtener su beneficio electoral para luego gobernar para ellos y para el orden económico internacional y, sobre todo, en detrimento del alegre, generoso y sacrificado pueblo panameño.