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Credibilidad y participación popular


Se ha generalizado el clamor por las soluciones integrales sostenibles para satisfacer las necesidades del hombre marginado con el objeto de hacerlo más productivo en los esfuerzos de desarrollo nacional. La íntima relación que existe entre los insumos indispensables para cumplir ese objetivo -salud, educación, vivienda, trabajo, protección al ambiente, entre otros - tienen que conformar programas bien concebidos, en el tiempo y el espacio, y ser administrados con eficiencia, para erradicar la pobreza que hoy día constituye uno de los mayores enemigos del progreso nacional.
Aquella es una situación compleja y costosa, demanda austeridad en la aplicación cierta de los recursos y el concurso de los distintos sectores de la población, así como la activa participación de los afectados y sus comunidades, estimulada y orientada por políticas nacionales sensibles, ejecutadas y supervisadas sin prejuicios, con un elevado sentido de responsabilidad social. Demanda suplantar las improvisaciones y la demagogia por la investigación científica, eficientes arreglos institucionales y un comportamiento ético y mística en el trabajo como conductas indispensables de los participantes a todos los niveles. Sobre todo demanda credibilidad para ganar la confianza, a objeto de estimular una amplia participación de la población civil.
Dicho lo anterior, es un deber moral de las autoridades superiores mantener los compromisos adquiridos en el sentido de invertir los esfuerzos que sean necesarios para erradicar la pobreza, la ignorancia y el descuido a los menos favorecidos.
Si se dispone de los elementos que puedan contribuir a concretar respuestas apropiadas a aquellas condiciones sociales, de por sí complejas, las improvisaciones no tienen cabida. Conducen a errores imperdonables por ser costosos e irracionales. Generan despilfarros y corrupción y proyectan imágenes que afectan la credibilidad. En estos tiempos los avances de la ciencia y la tecnología están a disposición para encontrar respuestas razonadas. Cuando se le asigna espacio a la investigación científica aumenta el valor de las virtudes intelectuales, reafirma la preocupación por saber la verdad y confirma la disposición a la imparcialidad.
El doble discurso para engañar, mentir y crear falsas expectativas muchas veces requiere de aclaraciones que irrespetan la inteligencia del pueblo. Es conducta reiterada por la ausencia de fórmulas y decisión para condenarla. Es conducta reiterada por la ausencia de fórmulas y decisión para condenarla. Es responsable por la apatía, la desconfianza y la indiferencia, y hace difícil y remotas las posibilidades de comprometer la participación firme en la solución de los apremiantes problemas nacionales.
La falta de credibilidad es un problema ético, es inmoral y disociadora, es una forma de corrupción que desalienta la participación en la cruzada para construir una sociedad más digna y orgullosa. La corrupción impune es tónico que estimula más y mayores actos de corrupción. Hace desaparecer incalculables magnitudes de recursos requeridos para el desarrollo. Así lo reconocen múltiples fuentes de nuestro hemisferio y del globo. Juntas -la falta de credibilidad y la corrupción- constituyen hoy por hoy los mayores retos a ser superados por estar entre los más grandes enemigos de la pobreza y el desarrollo.
Mensajes de exposiciones de penosos antecedentes públicos, a nombre de cualquier gremio o grupo, por interesantes que fueran, proyectan percepciones dudosas a la población receptora. Intensifican la incredulidad y son avances moralmente ofensivos cuando se perciben claros conflictos entre esos mensajes con hechos y comportamientos conocidos. Surge automáticamente justificada suspicacia sobre lo que verdaderamente piensan o sienten. Aleja y dificulta la participación popular.
En torno a la credibilidad, es oportuna la frase célebre de Abraham Lincoln que dice. "You can fool some of the people all of the time and all of the people some of the time, but you cannot fool all of the people all of the time". La traducción literal es: Se puede engañar a parte del pueblo todo el tiempo y a todo el pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo".

101 años de Panamá América

 
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