Créditos de producción (I)
Es nuestro interés de hacer docencia y contribuir con ciertas ideas y principios, por lo que hoy trataremos, de forma sencilla, sobre los créditos en el sector agropecuario, llamados "créditos de producción".
No es ningún secreto (aunque algunos aún a estas alturas no lo comprenden) que el extender créditos a los productores es un elemento importante para lograr el desarrollo agropecuario, aumentar la producción, mejorar la tecnología y lograr competitividad. Entonces, para producir más hay que gastar más. Estos gastos deben ser financiados y sólo hay dos formas de lograrlo: una, los ahorros propios (no es nuestro caso y sería largo explicar por qué); y la otra, pidiendo prestado. No nos equivocamos en aseverar que en nuestro medio es la única forma de financiar la producción.
Sin embargo, aunque existiese la facilidad crediticia, muchos productores no la utilizan debido a que: a) El productor no está convencido que lo que compre financiado para producir más, en realidad vaya a ser efectivo técnicamente. b) No está seguro que el aumento en la producción con nuevos costos y más mano de obra van a recompensar el esfuerzo y el riesgo; y c) No cree que la ganancia esperada sea suficiente para arriesgarse utilizando nuevos métodos y tecnología que le proporcionaría el crédito.
En consecuencia, nuestro programa de crédito debe resolver problemas. Hasta el presente siempre es el productor el que acude a las agencias de crédito a solicitar dinero, pero ya es tiempo que las agencias lleguen a los productores con propuestas de nuevas tecnologías, precios, mercado, etc., de manera que el productor sienta confianza en lo que se propone hacer junto con la agencia de crédito.
Normalmente, uno de los aspectos que escuchamos a diario de parte de los productores es el hecho de que los intereses son muy "altos". Por supuesto que parecen altos si los comparamos con los que pagan otros tipos de créditos, pero eso tiene su razón de ser. Una es la poca disponibilidad de dinero que hay para prestar. Otro factor es que los márgenes de recuperación son relativamente bajos, los costos administrativos son altos; los riesgos climáticos están siempre presentes y las garantías o colaterales son débiles o inexistentes. Entonces, estos costos deben ser pagados de alguna forma: una, aplicando intereses altos; la otra, subsidiando los mismos, como en nuestro caso parcialmente (F.E.C.I.) sobre tasa que paga todo sujeto de crédito.
No obstante, eso de que las tasas de intereses son "altas" va a depender mucho de lo que se logre con el crédito de producción. Por ejemplo, si un productor gasta B/.50.00 en fertilizantes y a los seis meses esa inversión incrementa su cosecha en B/.150.00, teóricamente este producto podría pagar hasta 100% de interés por ese período (B/25.00 en seis meses), porque ganaría B/.75.00 en la transacción. Por otro lado, si sólo mejora su valor de la cosecha en, digamos, sólo B/.65.00, entonces una tasa de interés de 12% se podría considerar alta.
En pocas palabras, lo razonable de una tasa de interés va a depender de muchos factores, tales como el valor económico de la producción, el costo de efectuar un préstamo, también de la frecuencia del pago y porcentaje de recuperación de los mismos, así como los costos administrativos. Los créditos de producción a tasas de interés "razonables" son, sin duda, una ayuda; pero no son sustitutos de nuevas tecnologías que aumenten la productividad sustancialmente, y para ello necesitamos productores progresistas, planes de mercadeo, precios eficientes y confiables, así como agencias de crédito de vanguardia.
Aprendiendo a usar el crédito de producción: Normalmente los productores no conocen la diferencia entre los créditos de consumo, que es cuando un crédito no aumenta la producción futura y pedir prestado para producir lo que aumenta los ingresos para pagar el préstamo. Si el otorgar préstamos de consumo en el sector rural se convierte en una práctica común, entonces llegará el momento en que la gente tendrá miedo a pedir prestado, las tasas de interés serán altas, pues es un sujeto de crédito riesgoso y, por último, ese productor se va olvidando de lo que es un crédito de producción. Es por ello que las instituciones deben hacer énfasis en enfocar los créditos agropecuarios en aumentar la producción y productividad, haciendo los créditos más fáciles y enseñándoles como usarlos. La idea no es perpetuar el "status quo" del productor que cada año pide lo mismo. Cuando hay un buen año no ahorra, cuando hay un mal año exige que se le condonen deudas, se le refinancie, se le otorguen préstamos blandos etc., además de los conocidos subsidios.
Una forma de romper este esquema es el de lograr contratos de futura cosecha con compradores, ya sean individuales o empresas; así el productor podría saber cuánto va a recibir por su producto (granos, hortalizas, carne, leche etc.) y, basado en ello, puede planificar su crédito y su repago. En este punto, el cooperativismo y las asociaciones de productores son claves para establecer la comunicación entre vendedores y compradores y el IMA sería un facilitador.
No es ningún secreto (aunque algunos aún a estas alturas no lo comprenden) que el extender créditos a los productores es un elemento importante para lograr el desarrollo agropecuario, aumentar la producción, mejorar la tecnología y lograr competitividad. Entonces, para producir más hay que gastar más. Estos gastos deben ser financiados y sólo hay dos formas de lograrlo: una, los ahorros propios (no es nuestro caso y sería largo explicar por qué); y la otra, pidiendo prestado. No nos equivocamos en aseverar que en nuestro medio es la única forma de financiar la producción.
Sin embargo, aunque existiese la facilidad crediticia, muchos productores no la utilizan debido a que: a) El productor no está convencido que lo que compre financiado para producir más, en realidad vaya a ser efectivo técnicamente. b) No está seguro que el aumento en la producción con nuevos costos y más mano de obra van a recompensar el esfuerzo y el riesgo; y c) No cree que la ganancia esperada sea suficiente para arriesgarse utilizando nuevos métodos y tecnología que le proporcionaría el crédito.
En consecuencia, nuestro programa de crédito debe resolver problemas. Hasta el presente siempre es el productor el que acude a las agencias de crédito a solicitar dinero, pero ya es tiempo que las agencias lleguen a los productores con propuestas de nuevas tecnologías, precios, mercado, etc., de manera que el productor sienta confianza en lo que se propone hacer junto con la agencia de crédito.
Normalmente, uno de los aspectos que escuchamos a diario de parte de los productores es el hecho de que los intereses son muy "altos". Por supuesto que parecen altos si los comparamos con los que pagan otros tipos de créditos, pero eso tiene su razón de ser. Una es la poca disponibilidad de dinero que hay para prestar. Otro factor es que los márgenes de recuperación son relativamente bajos, los costos administrativos son altos; los riesgos climáticos están siempre presentes y las garantías o colaterales son débiles o inexistentes. Entonces, estos costos deben ser pagados de alguna forma: una, aplicando intereses altos; la otra, subsidiando los mismos, como en nuestro caso parcialmente (F.E.C.I.) sobre tasa que paga todo sujeto de crédito.
No obstante, eso de que las tasas de intereses son "altas" va a depender mucho de lo que se logre con el crédito de producción. Por ejemplo, si un productor gasta B/.50.00 en fertilizantes y a los seis meses esa inversión incrementa su cosecha en B/.150.00, teóricamente este producto podría pagar hasta 100% de interés por ese período (B/25.00 en seis meses), porque ganaría B/.75.00 en la transacción. Por otro lado, si sólo mejora su valor de la cosecha en, digamos, sólo B/.65.00, entonces una tasa de interés de 12% se podría considerar alta.
En pocas palabras, lo razonable de una tasa de interés va a depender de muchos factores, tales como el valor económico de la producción, el costo de efectuar un préstamo, también de la frecuencia del pago y porcentaje de recuperación de los mismos, así como los costos administrativos. Los créditos de producción a tasas de interés "razonables" son, sin duda, una ayuda; pero no son sustitutos de nuevas tecnologías que aumenten la productividad sustancialmente, y para ello necesitamos productores progresistas, planes de mercadeo, precios eficientes y confiables, así como agencias de crédito de vanguardia.
Aprendiendo a usar el crédito de producción: Normalmente los productores no conocen la diferencia entre los créditos de consumo, que es cuando un crédito no aumenta la producción futura y pedir prestado para producir lo que aumenta los ingresos para pagar el préstamo. Si el otorgar préstamos de consumo en el sector rural se convierte en una práctica común, entonces llegará el momento en que la gente tendrá miedo a pedir prestado, las tasas de interés serán altas, pues es un sujeto de crédito riesgoso y, por último, ese productor se va olvidando de lo que es un crédito de producción. Es por ello que las instituciones deben hacer énfasis en enfocar los créditos agropecuarios en aumentar la producción y productividad, haciendo los créditos más fáciles y enseñándoles como usarlos. La idea no es perpetuar el "status quo" del productor que cada año pide lo mismo. Cuando hay un buen año no ahorra, cuando hay un mal año exige que se le condonen deudas, se le refinancie, se le otorguen préstamos blandos etc., además de los conocidos subsidios.
Una forma de romper este esquema es el de lograr contratos de futura cosecha con compradores, ya sean individuales o empresas; así el productor podría saber cuánto va a recibir por su producto (granos, hortalizas, carne, leche etc.) y, basado en ello, puede planificar su crédito y su repago. En este punto, el cooperativismo y las asociaciones de productores son claves para establecer la comunicación entre vendedores y compradores y el IMA sería un facilitador.