default

Creo en el Espíritu Santo


Durante toda esta cincuentena pascual, sólo el gozo de Cristo Resucitado nos ha estado animando y sosteniendo en medio del plomo de las publicaciones de los escándalos en la Iglesia Católica que, en un momento dado, como otra de las persecuciones a las que tendremos que estar expuestos en la historia, amenazaba con el naufragio de la nave de Pedro. Gracias a Dios, hoy es el Día del Espíritu Santo y ese Espíritu es la fuerza que, pese a los enemigos de dentro o de fuera, mantendrá a la Iglesia de Cristo cada día más purificada y fortalecida.
Dominicalmente los que con coherencia con sus creencias participan en el culto litúrgico públicamente profesando su fe en voz alta conjuntamente con el que preside la ceremonia expresan su credo diciendo: "Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, que procede del Padre y el Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe la misma adoración y gloria y que habló con los profetas".
El Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles el día de Pentecostés, confirmándolos en su fe y llenándonos con la plenitud de todos los dones para que puedan predicar el evangelio y extender la Iglesia a través del mundo. El nos santifica con sus gracias y virtudes que nos infunde, nos ilumina y nos mueve de tal manera que nosotros cooperamos con la gracia, podemos obtener la vida eterna.
El Espíritu Santo continuamente nos da la vida y el apoyo y consuelo a la Iglesia con su constante presencia, y por los dones guía infaliblemente en el camino de la verdad y santidad.
Este es uno de los artículos del Símbolo Niceno Constatinoplano. Es decir, una condensación de las verdades fundamentales que los Padres conciliares tanto del Concilio Niceno (325) y el Primer Concilio Constatinoplano (381), ambos ecuménicos, incorporada en la liturgia dominical como un refrescamiento que el feligrés actualiza semanalmente de las verdades de su fe.
La Ley antigua se entregó a Moisés en el Sinaí entre manifestaciones prodigiosas de truenos, viento huracanado y fuego. En este momento capital de la historia de la iglesia que es Pentecostés, también hay fuego y ruido festivos, como en todas las celebraciones populares. Está naciendo un pueblo nuevo con una Ley nueva: el Pueblo de Dios. Vemos también en esta primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles este fenómeno especial de comunicación transparente y perfecta (todo lo contrario a lo sucedido en la torre de Babel): todas las naciones y razas entretienen lo que el pueblo cristiano tiene que decir, su testimonio del Señor Jesús y del Mandato Nuevo. La Segunda lectura de la carta primera a los Corintios; capítulo 13, verso 3 al 13, también se aprecia estos dones de la armonía y la unidad: como el cuerpo es uno, aunque tengo muchos y muy distintos miembros, así también por el bautismo todos somos miembros enriquecidos con muchos dones para el servicio y el bien común: "En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. El mismo día de la resurrección regala ya el resucitado el Espíritu Santo y a su iglesia en el Evangelio de Juan 20, 19 al 23. Pentecostés es la gran fiesta.
Los obispos congregados en Roma en el año 382 hicieron varios pronunciamientos y entre ellos al referirse al Espíritu Santo: Ante todo hay que tratar del Espíritu septiforme que descansa en Cristo. Espíritu de Sabiduría "Cristo virtud de Dios y Sabiduría de Dios (1Cor 1,24) Espíritu de entendimiento "Te daré entendimiento y te instruiré en el camino por donde andarás "(Salmo 31,8). Espíritu de Consejo: "Y se llamará nombre ángel de gran consejo, Isaías 9,6. Espíritu de Fortaleza. "Virtud o fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor. 1,24). Espíritu de Ciencia: "Por la eminencia de la ciencia de Cristo Jesús, (Efesios 3,19), Espíritu de Verdad: "Yo el camino, la vida y la verdad, (Juan 14,6). Espíritu de Temor (de Dios): El temor del Señor es principio de la Sabiduría (Salmo 110,10). Porque el Espíritu Santo no es sólo Espíritu del Padre o sólo Espíritu del Hijo sino del Padre y del Hijo. Porque está escrito: Si alguno amare al mundo, no está en el Espíritu del Padre (1 de Juan 2,15; Romanos 8,9). Igualmente está escrito: El que no tiene el Espíritu de Cristo, ese no es suyo. Rom. 8,9) Nombrado así el Padre y el Hijo, se entiende el Espíritu Santo, de quien el mismo Hijo dice en el Evangelio Santo procede de lo mío recibirá y os lo anunciará a vosotros. (Juan 16, 14). Ven Espíritu Santo y endereza lo que está torcido. "Flecte quod est devium".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América