Creyendo en Dios
A las personas que por devoción o tradición acudimos todos los años al pueblo de Atalaya, sigamos haciéndolo por nuestra convicción de creyentes, a pesar del drama protagonizado hace días con miembros de nuestra iglesia católica.
El hecho de que muchos de sus habitantes hayan demostrado ante la ciudadanía un comportamiento contrario a la de un verdadero creyente, nos debe poner en alerta para que tengamos mucho cuidado de no proferir ningún comentario o gesto que, según el criterio de los anfitriones devotos del milagroso santo Jesús nazareno de la Atalaya, sean interpretados como negativos u ofensivos a su patrono, porque ni los más altos representantes de la Iglesia católica, que merecen respeto, aunque sus actuaciones aparenten ser negativas, ya que son nuestros guías espirituales, se salvaron de la censura de los creyentes del patio.
Es inaudito que residentes de un pueblo, que suponemos son "creyentes", hayan protagonizado la escena sacrílega de secuestrar a un obispo, luego de que aceptara que la imagen de Cristo que reposa en la basílica menor Jesús Nazareno, era una réplica y que la original se había mandado a restaurar. Con esa actuación ha quedado evidenciado que no creemos ni confiamos en nuestros líderes católicos ni en nada, porque no bastó con la palabra del obispo de que repondría la imagen, sino que fue secuestrado y obligado a comprometerse en que, en fecha determinada, la imagen del Nazareno volvería a Atalaya. Es imperdonable que poco faltó para agredir al obispo y a los otros miembros de la iglesia católica, por lo cual hubo que llamar a un contingente policial para protegerlo, como si fuera un delincuente que acababa de cometer un crimen; pero, aparentemente, lo que más molesto a los "creyentes" fue que, en un cruce de palabras, el obispo les aconsejó que creyeran más en Dios que en las imágenes.
El obispo está en lo cierto, la Biblia dice que la idolatría es una ofensa a Dios. Cuando una persona asigna a una escultura, una imagen, un cuadro o cualquier cosa características (poderes, confianza, o devoción) que sólo pertenecen a Dios, está cometiendo idolatría.
Meditemos; si hacemos un favor y se lo agradecen a otro, nos sentiríamos mal lógicamente; así se siente el Creador cuando ve grandes colas de personas en la parte exterior de la iglesias, esperando su turno para agradecerle al santo por los favores recibidos. ¿Para qué tanto sacrificio y pérdida de tiempo si podemos agradecerle directamente a Dios en cualquier lugar que nos encontremos? El es el único que tiene el poder de hacer milagros. Si somos verdaderos creyentes, debemos entenderlo.