Criminalidad y transporte público
Las muertes de panameños, ya sea en manos de la criminalidad o la falta de controles al transporte público; están ya a niveles insólitos. Y es que, vemos con dolor cómo pierden la vida niños inocentes, utilizando embarcaciones que de a malas podemos llamar botes o piraguas. Y por otro lado, tiroteos en instituciones públicas, dignos del lejano oeste. Nuestro tierra sigue manchándose con la sangre de inocentes todos los días.
¿Qué tienen que ver el mal estado de las embarcaciones y los "diablos rojos" (transporte público) con la criminalidad creciente? Sencillo, estos dos elementos representan la causa de muerte No. 1 en Panamá. Por ello, no sólo debe ser un tema de gobierno sino de Estado.
Desde la tragedia del fatídico octubre del 2006, en donde se incendió un bus colectivo, la falta de solución ya es digna de un estudio en ciencias políticas. A pesar de las imágenes funestas que recorrieron el mundo, las cuales no tienen precedente en la historia del transporte, las anomalías continúan para el panameño de las clases más necesitadas. Y para los que podrían resaltar las bondades del transmóvil como solución absoluta a la situación, permítanos informarle que sus mismos padres han señalado que es un paliativo, que ni siquiera los candidatos de gobierno han querido adoptar, por si sale mal el niño.
Por otra parte, en cuanto al transporte público acuático, la cosa está peor, pues allí no se ha hecho nada. Nuestra gente sigue arriesgando su vida en manos de lancheros inescrupulosos y autoridades que no ven o se hacen las ciegas. Cuántos niños tienen que ahogarse para que se acabe este relajo tan peligroso. Este pueblo noble merece mucho más que un parche en el tema del transporte, pues ha pagado a un alto precio.
Así como muchas causas vitorean sus mártires, el transporte público también tiene los suyos que no deben olvidarse tan fácilmente.
En cuanto a la criminalidad, parece que nuestros ladronzuelos, en estos cinco años, han obtenido maestrías, postgrados, diplomados y hasta doctorados en el crimen organizado. A pesar que las autoridades han realizado cambios en la jefatura de los organismos de seguridad, han promulgado decretos de seguridad y han realizado viajes para estudiar cómo atacar el problema de la inseguridad, es claro que nada de eso ha funcionado. Pero, lejos de renunciar o postergar este preocupante flagelo, este asunto debe ser prioridad del Estado. Vale la pena intentar.
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