Crisis agropecuaria
El sector agropecuario latinoamericano vive tiempos difíciles y algunos países, dramáticos y de consecuencias impredecibles para una parte importante de su población. Es, literalmente hablando, el más desesperanzado, huérfano estímulo, envuelto en una encrucijada tecnológica y virtualmente desamparado del Estado, ante los desafíos feroces de la globalización.
La crisis agropecuaria no es una mera frase, y con honrosas excepciones, se profundiza, agrava y su horizonte oscuro se escribe con la palabra incertidumbre, porque ya se están viendo los primeros escenarios dramáticos de hambruna, desempleo, migración masiva del campo a la ciudad y de desplazados, en los casos más patéticos.
El campo vive sus tiempos menos gloriosos, de verdadera depresión, abandono, ausencia de políticas nacionales, programáticas, coherentes de estímulo al productor.
Hoy, los frutos de la tierra viven un severo deterioro, desestímulo para el hombre del campo, agravado por las reglas del juego impuestas en los llamados mercados globales. Un claro ejemplo es la actividad bananera, cuyo impacto en la economía ha demostrado la vulnerabilidad económica de las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro.
América Latina no atraviesa por su mejor momento y sus economías bailan al son de las crisis, desde el llamado efecto tequila (México) pasando por la samba (Brasil) al tango, muy de moda por el "schock" que está ocurriendo en la Argentina, y que ha agregado un nuevo ingrediente a la convulsionada, deprimida, estancada economía del subcontinente.
Colombia baila su propia cumbia desde hace 50 años con efectos desastrosos no sólo para su empobrecida y deteriorada economía, sino para la vida humana. En Nicaragua y Honduras, el factor climático, los precios internacionales del café, han creado situaciones de gran tensión social y de dramatismo económico en las zonas rurales.
La patria de Sandino, agobiada por luchas intestinas durante décadas, atraviesa momentos difíciles, de verdadera angustia, ejemplificada por el despido masivo de más de 50 mil campesinos, luego que unas 30 empresas agropecuarias quebraran.
El factor clima es una variable vital a la hora de analizar y proyectar la agricultura en nuestros países. La llamada corriente del Niño, cuyos daños para la economía agropecuaria son devastadores, como las continuas agresiones al medio ambiente: deforestación, principalmente, hoy se hacen presente poniendo en jaque cultivos esenciales como el arroz, maíz, frijoles y otros.
Los precios del café y del banano no están ayudando tampoco a nuestros productores, además del factor climático, que ha incidido severamente en la productividad de las fincas en el Pacífico panameño. Las fincas chiricanas, con los mejores suelos del mundo -reconocimientos de los expertos- para el cultivo del banano, produce en el pasado reciente 3 mil o más cajas por hectáreas anuales, y hoy no se llega a las dos mil cajas, con las consiguientes pérdidas para el productor que no recibe una remuneración requerida para hacer rentable el negocio y enfrentar con responsabilidad la planilla laboral.
El cuadro global está plagado de incertidumbre, zozobra, desencanto, depresión, falsos ruidos en el mercado de las bolsas, pero es cuando para actuar con un plan nacional y políticas que prioricen, rescaten, oxigenen, proyecten, hagan rentable el sector agropecuario.
La imaginación, creatividad, innovación, el constante debate de ideas propuestas, son la mejor receta en estos casos. Ante el abandono: acción, y que la sociedad civil agropecuaria actúe organizada y coherentemente y con un plan que le permita salir del estancamiento con orden y progreso para sus gentes. Hay que buscar nuevas alternativas con productos innovadores, como mercados promisorios para sacar al agro adelante, y consolidar productos exitosos como el café y el banano, tan apetecidos en los mercados internacionales, con un prestigio y mercados ya ganados por largas décadas de dedicación. Es hora de buscar nuevas alternativas, diversificar, conquistar mercados, nuevos socios, promover inversiones en el campo, ir hacia la agroindustria, con tecnología, capacidad técnica hacia el futuro.
Existen ejemplos en América Latina, como la venta de carne de Búfalo hacia los mercados internacionales por parte de empresarios colombianos, rubro inexistente hasta ahora en esa nación sudamericana. Ecuador no se ha quedado atrás con sus flamantes exportaciones de caracoles, aptos para ser criados en clima tropical. Chile, ha probado con éxito la cría y comercialización del avestruz, cuya carne es rica en proteínas.
La vecina Costa Rica, agroexportadora por tradición, acaba de hacer una encuesta en su sector agrario y los resultados son preocupantes. Cuarenta y seis de cada cien agricultores viven peor ahora que hace tres meses y el mensaje es que el sector agropecuario es el más desesperanzado del país, mientras se prioriza el financiero y los servicios.
La crisis agropecuaria no es una mera frase, y con honrosas excepciones, se profundiza, agrava y su horizonte oscuro se escribe con la palabra incertidumbre, porque ya se están viendo los primeros escenarios dramáticos de hambruna, desempleo, migración masiva del campo a la ciudad y de desplazados, en los casos más patéticos.
El campo vive sus tiempos menos gloriosos, de verdadera depresión, abandono, ausencia de políticas nacionales, programáticas, coherentes de estímulo al productor.
Hoy, los frutos de la tierra viven un severo deterioro, desestímulo para el hombre del campo, agravado por las reglas del juego impuestas en los llamados mercados globales. Un claro ejemplo es la actividad bananera, cuyo impacto en la economía ha demostrado la vulnerabilidad económica de las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro.
América Latina no atraviesa por su mejor momento y sus economías bailan al son de las crisis, desde el llamado efecto tequila (México) pasando por la samba (Brasil) al tango, muy de moda por el "schock" que está ocurriendo en la Argentina, y que ha agregado un nuevo ingrediente a la convulsionada, deprimida, estancada economía del subcontinente.
Colombia baila su propia cumbia desde hace 50 años con efectos desastrosos no sólo para su empobrecida y deteriorada economía, sino para la vida humana. En Nicaragua y Honduras, el factor climático, los precios internacionales del café, han creado situaciones de gran tensión social y de dramatismo económico en las zonas rurales.
La patria de Sandino, agobiada por luchas intestinas durante décadas, atraviesa momentos difíciles, de verdadera angustia, ejemplificada por el despido masivo de más de 50 mil campesinos, luego que unas 30 empresas agropecuarias quebraran.
El factor clima es una variable vital a la hora de analizar y proyectar la agricultura en nuestros países. La llamada corriente del Niño, cuyos daños para la economía agropecuaria son devastadores, como las continuas agresiones al medio ambiente: deforestación, principalmente, hoy se hacen presente poniendo en jaque cultivos esenciales como el arroz, maíz, frijoles y otros.
Los precios del café y del banano no están ayudando tampoco a nuestros productores, además del factor climático, que ha incidido severamente en la productividad de las fincas en el Pacífico panameño. Las fincas chiricanas, con los mejores suelos del mundo -reconocimientos de los expertos- para el cultivo del banano, produce en el pasado reciente 3 mil o más cajas por hectáreas anuales, y hoy no se llega a las dos mil cajas, con las consiguientes pérdidas para el productor que no recibe una remuneración requerida para hacer rentable el negocio y enfrentar con responsabilidad la planilla laboral.
El cuadro global está plagado de incertidumbre, zozobra, desencanto, depresión, falsos ruidos en el mercado de las bolsas, pero es cuando para actuar con un plan nacional y políticas que prioricen, rescaten, oxigenen, proyecten, hagan rentable el sector agropecuario.
La imaginación, creatividad, innovación, el constante debate de ideas propuestas, son la mejor receta en estos casos. Ante el abandono: acción, y que la sociedad civil agropecuaria actúe organizada y coherentemente y con un plan que le permita salir del estancamiento con orden y progreso para sus gentes. Hay que buscar nuevas alternativas con productos innovadores, como mercados promisorios para sacar al agro adelante, y consolidar productos exitosos como el café y el banano, tan apetecidos en los mercados internacionales, con un prestigio y mercados ya ganados por largas décadas de dedicación. Es hora de buscar nuevas alternativas, diversificar, conquistar mercados, nuevos socios, promover inversiones en el campo, ir hacia la agroindustria, con tecnología, capacidad técnica hacia el futuro.
Existen ejemplos en América Latina, como la venta de carne de Búfalo hacia los mercados internacionales por parte de empresarios colombianos, rubro inexistente hasta ahora en esa nación sudamericana. Ecuador no se ha quedado atrás con sus flamantes exportaciones de caracoles, aptos para ser criados en clima tropical. Chile, ha probado con éxito la cría y comercialización del avestruz, cuya carne es rica en proteínas.
La vecina Costa Rica, agroexportadora por tradición, acaba de hacer una encuesta en su sector agrario y los resultados son preocupantes. Cuarenta y seis de cada cien agricultores viven peor ahora que hace tres meses y el mensaje es que el sector agropecuario es el más desesperanzado del país, mientras se prioriza el financiero y los servicios.