¿Crisis de la política o de la democracia?
Hoy lo político pierde centralidad en todos los países. Los estudios señalan que los políticos y los gobiernos, más acentuadamente los parlamentos, son los más desacreditados. Generalmente se suele confundir democracia con partidos políticos, pero no debe ser así. La democracia es una forma de organización del sistema político que expresa valores como el pluralismo, la tolerancia, el sistema de garantías, participación, representación, y por ello es una dimensión distinta a la de actores como los partidos políticos. La democracia no está en crisis todavía, los que están así son los partidos y la política, pero a la larga la misma democracia será afectada. Muchas veces se reduce la democracia al proceso electoral y el derecho al voto cuando significa la puesta en práctica de un conjunto de principios sin los cuales es muy difícil que los hombres y mujeres puedan vivir juntos siendo distintos, y resolver sus problemas y diferencias sin acudir a la violencia. La democracia está inmersa en una realidad socioeconómica y política adversa.
La realidad de injusticia y pobreza no es compatible con la democracia. Sin embargo, no es la democracia la que las genera sino el sistema económico, que no es inherente al sistema político. Es decir, la democracia puede existir con modelos socioeconómicos distintos. Para muchas personas la democracia se mide por resultados, por la capacidad de rendimiento, de resolver las demandas sociales. En la actualidad, ella está inserta en una realidad socioeconómica desfavorable y en una realidad política y cultural expresada en el comportamiento de actores políticos que no siempre son democráticos, pues muchos de ellos son portadores de una herencia autoritaria que transmiten a las nuevas generaciones.
Existe, pues, una crisis de la política, en cuanto a sus fines y eficacia: La política es la actividad humana que busca construir, conseguir o ejercitar el poder en función de mantener, reformar o cambiar radicalmente un determinado orden de convivencia. Está claro que la política no la hacen sólo los partidos o los políticos, sino que el hacer política está diseminado en las diversas esferas de la sociedad. Sólo en la medida en que exista una lógica de acumulación, organización y articulación de la capacidad colectiva e individual, la política asume perfil y relevancia en los diversos espacios sociales. Pero, para la mayoría de la población, la política sólo corresponde a los políticos, y hoy esa población tiene una imagen negativa de la política y la rechaza; y cuando participa, lo hace mayormente en la única perspectiva que conoce: el clientelismo.
Hay una crisis de los fines de la política según, es decir lo que la justificaba, ser camino hacia un futuro mejor, es puro presente que se repite a sí mismo. La difuminación de las ideologías y doctrinas que antes producían mapas de orientación, son reemplazadas por discursos muy similares a través de partidos y líderes muy parecidos entre sí.
Existe una crisis de la eficacia de la política, pues se esperaba que la misma contribuyera a las decisiones hacia el bienestar social, y hoy con la reducción de la acción del Estado, la política pierde esa capacidad de realización limitada por los procesos de privatización desprotegiendo a grandes conglomerados, lo que conduce a que la gente sea incrédula, la abandone o se sume a las redes clientelistas como forma de sobrevivencia o modo de vida. (Jorge Lazarte)
La crisis de la política se relaciona con la baja capacidad de los políticos y gobiernos de satisfacer las demandas sociales y con la poca capacidad de las naciones de ejercer su autodeterminación en mundo globalizado neoliberalmente. Muchas veces los políticos siguen funcionando como si nada hubiera ocurrido y como si la política lo pudiera todo, especialmente en los momentos electorales, y parte de la población también lo percibe así. Se estrecha la capacidad de la política como espacio de decisiones colectivas con relación a las demandas de los ciudadanos. El Estado se debate entre los desafíos globalizadores y las presiones de las demandas locales y regionales. La inseguridad azota al ciudadano que vive vulnerable en espacios abiertos o protegidos en las burbujas de la seguridad privada. El resultado es una política pragmática banal que juega en el mercado electoral, vacía de ética y huérfana de fines que la justifiquen.
El gobierno deja de ser esa especie de ser supremo, ubicuo y todopoderoso, sino que ha sido expuesto a todos los ojos y oídos. Según Durkheim: "La democracia es la forma política de una sociedad que se gobierna a sí misma. Un pueblo es tanto más democrático en cuanto la deliberación, la reflexión, el espíritu crítico desempeñan un papel más considerable en la marcha de los asuntos públicos. Es tanto menos democrático cuanto el inconsciente, los hábitos no conocidos, los sentimientos oscuros, los prejuicios en una palabra, sustraídos al examen, son más preponderantes."
(raulleisr@hotmail.com)
La realidad de injusticia y pobreza no es compatible con la democracia. Sin embargo, no es la democracia la que las genera sino el sistema económico, que no es inherente al sistema político. Es decir, la democracia puede existir con modelos socioeconómicos distintos. Para muchas personas la democracia se mide por resultados, por la capacidad de rendimiento, de resolver las demandas sociales. En la actualidad, ella está inserta en una realidad socioeconómica desfavorable y en una realidad política y cultural expresada en el comportamiento de actores políticos que no siempre son democráticos, pues muchos de ellos son portadores de una herencia autoritaria que transmiten a las nuevas generaciones.
Existe, pues, una crisis de la política, en cuanto a sus fines y eficacia: La política es la actividad humana que busca construir, conseguir o ejercitar el poder en función de mantener, reformar o cambiar radicalmente un determinado orden de convivencia. Está claro que la política no la hacen sólo los partidos o los políticos, sino que el hacer política está diseminado en las diversas esferas de la sociedad. Sólo en la medida en que exista una lógica de acumulación, organización y articulación de la capacidad colectiva e individual, la política asume perfil y relevancia en los diversos espacios sociales. Pero, para la mayoría de la población, la política sólo corresponde a los políticos, y hoy esa población tiene una imagen negativa de la política y la rechaza; y cuando participa, lo hace mayormente en la única perspectiva que conoce: el clientelismo.
Hay una crisis de los fines de la política según, es decir lo que la justificaba, ser camino hacia un futuro mejor, es puro presente que se repite a sí mismo. La difuminación de las ideologías y doctrinas que antes producían mapas de orientación, son reemplazadas por discursos muy similares a través de partidos y líderes muy parecidos entre sí.
Existe una crisis de la eficacia de la política, pues se esperaba que la misma contribuyera a las decisiones hacia el bienestar social, y hoy con la reducción de la acción del Estado, la política pierde esa capacidad de realización limitada por los procesos de privatización desprotegiendo a grandes conglomerados, lo que conduce a que la gente sea incrédula, la abandone o se sume a las redes clientelistas como forma de sobrevivencia o modo de vida. (Jorge Lazarte)
La crisis de la política se relaciona con la baja capacidad de los políticos y gobiernos de satisfacer las demandas sociales y con la poca capacidad de las naciones de ejercer su autodeterminación en mundo globalizado neoliberalmente. Muchas veces los políticos siguen funcionando como si nada hubiera ocurrido y como si la política lo pudiera todo, especialmente en los momentos electorales, y parte de la población también lo percibe así. Se estrecha la capacidad de la política como espacio de decisiones colectivas con relación a las demandas de los ciudadanos. El Estado se debate entre los desafíos globalizadores y las presiones de las demandas locales y regionales. La inseguridad azota al ciudadano que vive vulnerable en espacios abiertos o protegidos en las burbujas de la seguridad privada. El resultado es una política pragmática banal que juega en el mercado electoral, vacía de ética y huérfana de fines que la justifiquen.
El gobierno deja de ser esa especie de ser supremo, ubicuo y todopoderoso, sino que ha sido expuesto a todos los ojos y oídos. Según Durkheim: "La democracia es la forma política de una sociedad que se gobierna a sí misma. Un pueblo es tanto más democrático en cuanto la deliberación, la reflexión, el espíritu crítico desempeñan un papel más considerable en la marcha de los asuntos públicos. Es tanto menos democrático cuanto el inconsciente, los hábitos no conocidos, los sentimientos oscuros, los prejuicios en una palabra, sustraídos al examen, son más preponderantes."
(raulleisr@hotmail.com)