Crisis de vocación docente
Una sociedad moderna, desarrollada, se caracteriza fundamentalmente por el rendimiento de las unidades e instituciones que la integran --políticas, educativas, económicas, científicas, etc.--, y de los hombres y mujeres que realizan las actividades que ellas implican. No obstante, ese rendimiento está condicionado en buena medida por los educadores, dada la responsabilidad que éstos asumen en la preparación de los futuros profesionales y ciudadanos. ¡He ahí la importancia del maestro en la sociedad, hoy como ayer!
Empero, una de las más tristes y desalentadoras consecuencias del modo de vivir actual es la crisis de las vocaciones, sobre todo de la vocación docente. Lamentablemente, lo que priva en la motivación profesional de los jóvenes en las grandes ciudades no es la satisfacción que se pueda obtener del trabajo, ni siquiera el servicio que con él sea factible prestar a la sociedad, sino --apenas-- el logro económico y el prestigio social que su rendimiento proporcione. De cualquier manera se desea ser rico y poderoso, tener éxito y llevar cuanto antes una vida fácil, de placeres y diversiones. ¡Y el educador de hoy no escapa a esa tentación!
Ninguna otra fecha más oportuna que ésta para hacer algunas reflexiones de carácter docente. Quien escribe estas líneas trabaja 50 años ininterrumpidos en la docencia. La ha ejercido en los distintos niveles de enseñanza: primaria o básica, secundaria o media, superior o universitaria. Al contemplar este largo camino alegremente recorrido, da gracias a Dios por haberle otorgado el don inestimable de una profesión que le ha permitido sentirse plenamente realizado. Esta profesión ha desbordado las clásicas cuatro paredes del aula para proyectarse a toda la geografía nacional y allende sus fronteras.
El ejercicio del periodismo docente, iniciado hace más de cuatro décadas en revistas, y diarios nacionales y extranjeros, en cuyas páginas de opinión hemos comentado incontables temas educativos, políticos y sociales, con el único anhelo de proponer ideas, sugerir iniciativas o criticar constructivamente realidades en esos campos, a nuestro juicio erradas, cuando no negativas. Esta ha sido y sigue siendo parte de nuestra modesta contribución a la causa de la educación, que constituye, si no la más importante, una de las actividades decisivas destinadas a hacer de Panamá un país de hermanos, y una patria grande y respetada.