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"Crisis en el gobierno mireyista"


Para los efectos prácticos, resulta muy extraño que los 12 ministros que dispusieron sus cargos a la voluntad de la Señora Presidenta, no hayan mencionado siquiera el término "renuncia irrevocable". Tal cual lo destacó el excanciller Jorge E. Ritter, la verdad es que no hay cambios de Gabinete, ni mucho menos se pretende reestructurar la deteriorada imagen de la administración mireyista (por no decir Arnulfista).
Varios programas populares, tanto en la radio como en la televisión, hicieron encuestas en vivo con los ciudadanos para saber la opinión del pueblo frente a la pseudo renuncia de los Ministros. Mientras en los radio noticieros se pedían las cabezas de los ministros de Trabajo, de Educación, de la Juventud, Gobierno y Relaciones Exteriores, otro grupo de personas cuestionaban el desastre económico en que está sumido casi la mayoría de los panameños, por culpa de la recesión e inseguridad gubernamental ante los retos diarios.
"Renunciar". Parece que esa palabra no existe en el vocabulario o diccionarios personales de los señores ministros del gobierno de turno. Son tan grande los privilegios y el poder financiero manejado por esas flamantes personalidades, que resulta casi imposible abandonar una cartela ministerial. Se sabe que la alianza política actual mantiene una precaria unión de fuerzas políticas divergentes, tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, por lo cual muchos ministros del gabinete mireyista son fichas representativas de los partidos políticos afines al Arnulfismo o a los clanes empresariales de la tradicional oclocracia istmeña.
Se ha cumplido un año del gobierno de la señora Mireya Moscoso. Apenas recordamos que hace tan sólo unos doce meses tomaba posesión de su cargo en el Estadio Nacional de Cerro Patacón, ante las multitudes panameñistas. Felicidad era lo que reinaba y confianza se desprendía del halo femenino de la Mandataria. Hasta yo mismo confié en dar un breve aval de acción para que la "doña" hiciera algo por el país. Desgraciadamente, las conspiraciones, las ambiciones, las presiones y la desorganización han sobrecogido a este primer año de gobierno.
Nos espera cuatro años más de incertidumbre y crisis social, que puede generar hacia una violencia desmedida, si no nos ponemos los pantalones. Bueno, allí la cosa es difícil. Un gobierno populista, en cuyas filas tiene entremezclado a dirigentes políticos de la clase humilde con los encapotados multimillonarios del poder comercial istmeño, tiene tremendas presiones que imposibilitan una coherencia firme hacia el rumbo deseado para el barco del Estado Nación. Mientras se afirma abandonar las tesis neoliberales, se continúan las privatizaciones. Se dice rescatar los derechos de los trabajadores, pero no se aumenta a quinientos balboas el salario mínimo y se reprimen a los sindicatos obreros. Se dice que Panamá es soberana, pero se negocian acuerdos secretos para que tropas foráneas usen el istmo para atacar una guerrilla en Colombia.
Que coincidencia que ese mismo día (miércoles 16 de agosto), cuando ocurrió la maniobra del gabinete presidencial de disponer sus puestos, se jugaba un partido de balompié en el Caribe. Como todos saben, el equipo nacional perdió aparatosamente por goleada y el director técnico, por decencia, escribió en un simple papelito su carta de renuncia. La responsabilidad y el reconocimiento ante la ineficiencia, el fracaso o la incapacidad por no generar buenas expectativas, nos demostraron que hasta un simple coordinador deportivo tiene más dignidad que 12 talentosos ministros de Estado, los cuales han reprobado en sus gestiones gubernamentales.
Esperemos que el previsto cambio en las caras del Gabinete pueda generar una mayor capacidad de trabajo y funcionamiento de los ministerios del Estado, si es que se colocar a personas capaces. O quizás el problema no sean los ministros, sino la misma presidenta???
Esa es otra historia.

101 años de Panamá América

 
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