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Crisis financiera, pandemia y libre comercio


Entre las primeras declaraciones del presidente electo de Panamá, así como de las de su vicepresidente, se destaca aquella que asegura que la firma del Tratado de Promoción del Comercio con Estados Unidos (TPC) constituye una prioridad del próximo gobierno. Se trata de una acción cuyos resultados deben ser meditados a la luz de la actual crisis que atraviesa la economía internacional, cuyos efectos locales ya resultan visibles.

Para este fin, en primer lugar, conviene advertir que la situación de crisis a nivel internacional no puede considerarse como un hecho pasajero y de rápida reversión, con consecuencias de apenas corto plazo. Es así que Paul Krugman ha vuelto a destacar la real posibilidad de una situación de deflación, la que podría complicar la situación por aproximadamente diez años.

También se debe tener en cuenta que de acuerdo a Noriel Roubini la crisis ha generado una pérdida de riqueza de aproximadamente 3.6 billones de dólares, por lo que la recuperación no se puede pensar como fácil y expedita.

A todo esto se suma el posible impacto económico internacional de la actual pandemia del virus H1N1. El costo de este tipo de eventos se puede ejemplificar teniendo en cuenta que el costo de la llamada Influenza Asiática de 1957 llevó a una pérdida económica equivalente al 2% del PIB mundial. En este contexto, la idea del presidente electo en el sentido de que la recuperación se daría en forma expedita hacia el fin de este año y que “Panamá tiene la capacidad de montarse en esa recuperación”, resulta ilusoria.

En la actual situación, que ha llevado a una caída de las exportaciones de la República Popular de China en 22%, pensar que la firma del TPC con Estados Unidos representa una salida fácil a la crisis vía la expansión de las exportaciones resulta un claro error de política económica. A esto, lógicamente, se debe agregar los importantes costos que este tratado tendrá en términos de elementos, tales como el impacto negativo sobre el sector agropecuario, el cual ya se encuentra seriamente golpeado en su rama de exportación de frutas; y en el encarecimiento de los medicamentos debido al manejo que impone sobre los derechos vinculados a las patentes.

A partir de la política trazada por el presidente Obama en torno a los paraísos fiscales y las declaraciones de varios importantes parlamentarios norteamericanos, resulta claro que los Estados Unidos intente imponer como condición para la firma del TPC la negociación con Panamá de un acuerdo de intercambio de información tributaria.

En esas circunstancias, teniendo en cuenta el importante papel que juegan las expectativas en la economía, la simple declaración del presidente electo en el sentido de que el TPC es una de sus prioridades fundamentales, genera el peligro de un movimiento de capitales hacia fuera del centro bancario internacional de Panamá.

Resulta evidente que de concretarse este aparecería, actuando por la vía del crédito, un nuevo impacto negativo sobre la actividad económica y el empleo en nuestro país.

El TPC puede entenderse como un negocio lucrativo para los sectores vinculados al comercio de importación, así como para aquellos que buscan una entrada fácil al mercado norteamericano, como es el caso de la exportación de licores. Su firma, sin embargo, no es una medida que ayuda a superar la actual crisis económica.

101 años de Panamá América

 
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